| A las cuatro menos diez yo abrazaba a mi niña. Me sentía feliz, asombrada, ya estaba todo, la preparación, los meses preparándome física y mentalmente para el parto, habían concluido con mi niña en mis brazos. Había sido limpio, sencillo, sin corte ni desgarro. Estábamos solamente mi pareja y la comadrona. » ver más |