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El Chapapote Interno
El Chapapote Interno
Autor: Beatriz F. del Castillo
Area: Autotransformación » Artículos

Acompáñenme a hacer una lectura diferente de la catástrofe del “Prestige”, una interpretación simbólica con moraleja, como en los cuentos. Es como interpretar un sueño pero en vigilia, aprovechando la vida diaria para guiarnos a través de los mensajes que nos envía el universo. Haremos una comparación entre lo que acontece en la llamada vida real como metáfora de lo que ocurre en el interior de los seres humanos en general y del pueblo español en particular; una visión de lo que nos pasa dentro, interpretando lo que pasa fuera. Una llamada a la reflexión interior.

Un patrón de comportamiento muy extendido es la manera en que enfrentamos las mareas negras emocionales, es decir los sufrimientos y problemas. Llega a nosotros un barco, que simbólicamente representa nuestro cuerpo emocional, la forma en que nuestros sentimientos se ven afectados por los acontecimientos, uno bien lleno de algo que en principio es bueno para nosotros porque nos va a dar energía, el oro negro, pero se rompe. Es como cuando perseguimos algo que teóricamente nos va a dar el combustible para el éxito, el poder, el “prestigio”, pero que luego descubrimos que no nos gusta, que nos hemos equivocado, nos culpamos del error y de pronto se convierte en material tóxico, es decir, sentimientos de miedo a lo desconocido y de dolor que envenenan nuestra tranquilidad. ¿Les suena eso de “no es oro todo lo que reluce”?. 

Y surge la marea negra, y salen a la luz los miedos, bloqueos, la falta de recursos al enfrentarnos a un problema no esperado, tratamos de alejarlo de nosotros en un intento de que no nos afecte demasiado algo de lo que ni siquiera somos conscientes y mandarlo a alta mar es la solución que sin lugar a dudas nos parece más acertada. Esa decisión es inconsciente y automática, pero lo que históricamente estamos acostumbrados a hacer.. Lo apartamos con la esperanza de que, al no verlo, los efectos negativos tengan menos impacto, un intento de darnos un respiro. En la distancia parece que los problemas son menos importantes de lo que son, al menos de momento. 

Luego viene el mal tiempo, que simboliza los cambios bruscos en las circunstancias de vida, las dificultades, un fuerte movimiento de ideas (viento) y de emociones (agua) que hacen tambalear la autoestima y estabilidad personal, y acaba por enviar eso que tanto temíamos al fondo del mar. El mar en simbología representa el inconsciente, el lugar desde dónde todo lo que tenemos grabado como creencias emerge más tarde en forma de actitudes, reacciones, y patrones de comportamiento. El inconsciente es como el disco duro de nuestra mente, el lugar dónde se queda todo registrado, hasta el último pensamiento que no admitimos haber tenido. 

Cuando no queremos enfrentarnos al miedo o la frustración, las consecuencias de ello, la violencia, la impaciencia con el prójimo y el rencor, nos envenenan la vida, y se manifiestan a la superficie de nuestra personalidad, en forma de actitudes negativas que ya no pueden ser ocultadas por más tiempo. El verdadero problema se encuentra en lo más profundo de nosotros (en el mar del inconsciente), pero es la forma de vida (los pescadores y su pesca), y el descanso y la tranquilidad internas (las playas) lo que se ve afectado, manifestándose en la enfermedad del cuerpo (la tierra). 

Y es cuando el dolor aflora a la superficie que buscamos ayuda desesperadamente, porque ya no hay dónde ocultar lo que es evidente: que la vida intensa que hemos venido a disfrutar se queda en nada tras un revés del mal llamado destino, puesto que somos nosotros y no una fuerza extraña, los que nos lo labramos con cada decisión. . Para más “causalidades” que no casualidades, el lugar dónde todo esto ha ocurrido es la “costa de la muerte”. Hasta los nombres son representativos.

Ya creado el conflicto interno, empezamos una campaña de “desprestigio” contra nosotros mismos, la culpa, o el “debería haber hecho esto o lo otro”. Mientras nos criticamos o lo hacemos a los demás, perdemos oportunidades de salir del atolladero. Las consecuencias para el medioambiente de nuestras costas son severos, lo mismo que la negrura interior en nuestra psique. Deberemos aunar todos nuestros recursos para superar los momentos de dificultades, comprometernos con nuestra propia evolución interna de una vez por todas y enfrentarnos con todo lo que se venga encima, ya no hay marcha atrás. 

De nuevo se testa la unión de los miembros del grupo de este país llamado España, tradicionalmente individualistas, pero a quienes los sustos de ésta índole nos inspiran un espíritu de colaboración y hermandad algo olvidado. El drama y la catástrofe nos sacan del aburguesamiento y la comodidad, y se convierten en el impulso necesario para movilizarnos por el bien común. 

Ante nuestra negrura interna promovida por el miedo, emergen los idealistas D. Quijotes que afortunadamente desean salvar a su amada tierra, los valientes, los generosos, los solidarios, los voluntariosos, los cooperantes, esa marea blanca de valores y sentimientos que se nos había quedado aparcado en algún lugar del corazón, endurecido por el olvido del día a día. De las dieciséis horas que pasamos en vigilia, en circunstancias normales ¿Cuántas de ellas ocupamos en promover este tipo de valores? O ¿son más bien los pensamientos de todo lo contrario lo que asalta permanentemente nuestra mente? Somos lo que pensamos.

Pero entonces viene la parte interesante, la mezcla del cielo de experimentar el despertar de los valores solidarios y de unión , con el infierno de enfrentarnos a la verdad de lo que creamos, el odio, la incomprensión, la crítica (no hay más que mirar la tele y ver como fomentamos los enfrentamientos, la violencia, las críticas) . La marea blanca de la solidaridad con uno mismo y con los demás, enfrentada a la negra de la impotencia, o lo que es lo mismo, del íntimo “pobre de mi” que sentimos ante las dificultades, enfrentado con el héroe que sacamos sólo en casos como éste. ¿Se imaginan cómo sería el mundo si todos viviéramos en la heroicidad continua, en ayudar al prójimo porque si, y no porque está sufriendo? Puede que entonces podríamos pasar de “la sociedad del parche” tapando los destrozos que nos hacemos a nosotros y a los demás, a la de “la prevención” bien entendida. (y subrayo lo de bien entendida, la solidaria y constructiva, porque de la otra también hay)





Al final todo esto nos está mostrando algunas ideas:

- Que necesitamos limpiar nuestras actitudes hacia los demás y hacia nosotros mismos con decisión, disciplina interna, trabajo y fuerza (los voluntarios, militares, y demás involucrados en tareas de limpieza), colaboración (los miles de personas que trabajan equipo), perseverancia (el tiempo que se va a emplear limpiar la mancha), paciencia (porque esto va para largo) y amor, mucho amor.

Y también sugiere el sumergirnos en las profundidades de nuestro inconsciente (el Nautilus...menos mal que existe, sino íbamos de cráneo) para encontrar el origen del problema (el equipo de expertos) y así aprender a gestionar nuestras emociones de nuevas y creativas maneras, además de la forma en que tratamos injustamente a nuestra tierra, y a la postre a nosotros mismos.. Dentro de nosotros están todas estas tendencias que pueden ayudar a mejorarnos, aunque si escarbamos un poco, encontraremos que el amor y el miedo son los dos polos de la misma energía, y que alimentando lo primero por todo, por el planeta, por la humanidad, por la creación, lo segundo simplemente se moriría de inanición. 

Cuando se busca el éxito, es aconsejable sumarle el amor. Los sueños se convierten en realidad, pero si además los realizamos para ser mejores, más humanos, más solidarios, el deseo de hacer felices a los demás y a nosotros mismos, ese triunfo será verdadero. Ahora sólo falta que los valores aprendidos con esta prueba, y lo que queda por venir, los sepamos mantener sin necesidad de volver a sufrir nada parecido.


Beatriz F. del Castillo
Autora de "La clave está en tus sueños",  Ed. Edaf.  2006

 







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