Nutrición, Salud, Medicinas complementarias Libros de Salud, Nutrición y mucho más
Agroecología, Parto Natural, Lactancia Materna home | noticias | contactanos | quienes somos | registrate | 11 de Diciembre, 2016
Holistika.net HOME Nutrición Salud Parto Natural Infancia Agroecología Vida Sostenible Autoevolución Guías
HOLISTIKA » Infancia » Escuela » El niño que ha vendido un millón de libros
Infancia

Crianza Infancia Escuela Agenda Libros Interesantes Enlaces
<<-- volver [ imprimir ]

El niño que ha vendido un millón de libros
El niño que ha vendido un millón de libros
Autor: Carlos Fresneda
Area: Infancia » Escuela

Hoy por hoy el homeschooling es perfectamente legal en los 50 estados. Dos millones de niños lo practican y las primeras generaciones de estudiantes educados en casa se gradúan en la universidad, encajan sin mayores problemas en la sociedad o triunfan escribiendo precozmente libros, como Christopher Paolini

Cuando todavía no llegaba al mostrador de la biblioteca de su pueblo, devoró 4.000 libros, la mayoría sobre dragones. Y no mucho después, a los 15 años, escribió “Eragon”, el comienzo de una saga fantástica que ha vendido más de un millón de ejemplares y que la Fox convertirá en el próximo éxito cinematográfico mundial. De momento, ya se ha embolsado medio millón de dólares. El joven “mago” Christopher Paolini, 20 años y una familia nada convencional, habla en exclusiva para Magazine.


En un lugar de Montana, llamado Valle del Paraíso, vivía una vez un niño que nunca fue al colegio y que aprendió a destilar la pócima mágica del tiempo. Sólo así fue capaz de leer más de 4.000 libros, volar con sus dragones imaginarios a ratos perdidos y lanzarse a escribir con i5 años un novelón de 500 páginas que tituló Eragon.

Ahora, con 20 años, más de un millón de ejemplares vendidos y una película en ciernes, Christopher Paolini, que así se llama nuestro héroe, mira hacia atrás con infinita gratitud hacia sus padres y el convencimiento de haber sido tocado en sueños por un hada madrina: “Me considero muy afortunado. A veces, tengo la sensación de estar viviendo una de mis propias fantasías”, admite desde su casa encantada de Montana. “Pero entonces me toca limpiar los platos y fregar el suelo, y me doy cuenta de que no, que sigo siendo el mismo, con un poco más de oficio quizás, pero con la misma pasión por escribir que cuando empecé Eragon.

El viento aulló durante la noche, arrastrando un perfume que podría cambiar el mundo...

La leyenda de Eragon, el niño pobre que encuentra un huevo de dragón en uno de los tenebrosos bosques de Alagaësia, es tan fascinante casi como la propia historia de Christopher, el chaval que nunca conoció la disciplina escolar y alimentó su imaginación con las nubes y los picachos de las Montañas Diente de Oso (Beartooth Mountains), en las estribaciones de Yellowstone.

La historia real, la historia de Christopher, arranca cuando sus padres, Kenneth Paolini y Talita Hodgkinson, exploran la geografía del noroeste americano a la búsqueda de la última frontera. Les acompaña en su aventura la pequeña Angela, hermana menor en la vida real y pitonisa accidental del pequeño Eragon, que entonces comenzaba a gestarse ya en la volátil imaginación del chaval. Pero no nos adelantemos.

El caso es que Talita, formada como profesora por el método Montessori, ejerce como algo más que madre y sus hijos empiezan como quien dice a espabilarse antes de tiempo. Niños precoces, los llaman. “Mamá nos estimulaba de muchas maneras, y yo recuerdo que comencé muy pronto a leer”, confiesa Christopher. “Sí, tal vez demasiado pronto, con tres años o así”, corrige. “Casi puedo oírme diciéndole a mi madre: ‘Odio leer’. No encontraba ningún sentido a los textos que leía entonces. Me parecía que no tenía nada que ver con la realidad, con lo que veían mis ojos”.

De pronto, un día, cuando Christopher vivía con su familia en Anchorage (Alaska), visitan una biblioteca pública y cae en sus manos un libro de detectives... “Aquel momento tuvo algo de prodigioso y mágico. Todo lo que leía cobraba por fin sentido. Podía ver las imágenes y los colores, podía oler las cosas y tocarlas. Era casi como ver una película”.

Llega el momento de escolarizar a los niños, y la madre, Talita, recorre varios colegios y no le convence ninguno. Se da cuenta de que sus hijos viajan ya en alfombra voladora; no quiere que toquen tierra. De un día para otro decide seguir con la escuela en casa, el homeschooling, algo que entonces –mediados de los 80– se ve como una rareza sólo apta para familias muy religiosas o demasiado progres.

Los tiempos cambian, claro, y hoy por hoy el homeschooling es perfectamente legal en los 50 estados. Dos millones de niños lo practican y las primeras generaciones de estudiantes educados en casa se gradúan en la universidad, encajan sin mayores problemas en la sociedad o triunfan escribiendo precozmente libros, como Christopher Paolini.

“Estudiar en casa me permitió aprender a mi propio ritmo y a explorar lo que más me atraía”, reconoce el joven autor. “Pero sobre todo me dio tiempo, mucho tiempo. Tiempo para aburrirme como una ostra, o para soñar despierto mientras miraba a la ventana, que es como se me han ocurrido siempre las mejores ideas”.

No fue hasta mucho después, con i7 años, promocionando de colegio en colegio la incipiente y casera edición de Eragon, cuando Christopher conoció de cerca lo que se cuece en las escuelas: “Me pareció que los profesores hacen una gran labor, pero el fallo está en el sistema. Las escuelas son instituciones, por no decir factorías... Producen estudiantes en cadena: a todos se les mide por el mismo rasero. No respetan la individualidad y así, claro, es muy difícil que perviva la capacidad de asombro de los niños”.

La luz de la Luna proyectaba sobre él una sombra pálida justo cuando paró delante de la piedra...

La familia Paolini acabó anidando en Paradise Valley, el Valle del Paraíso, lugar lejanamente emparentado con ese país de ensueño o de pesadilla, Alagaësia, en el que viven Eragon y la dragona Saphira, que no saben aún lo que les espera.

Pero volvemos con Christopher, sus primeros años, su pasión desatada por la lectura, esos más de 4.000 libros que llegó a sacar de la biblioteca local, y la bibliotecaria Milla Cummins que lo atestigua: “Aún recuerdo aquel niño que no llegaba al mostrador, con una pila de libros en las manos que subía más arriba que su cabeza y pidiendo con aire de entendido: ‘Quiero más libros sobre dragones’”.

Tolkien, Anne McCaffrey, E. R. Eddison, Octavia Butler y tantos otros le invitaron a sobrevolar sus mundos fantásticos. Leyó mucha ciencia ficción –Dune, de Frank Herbert, sigue siendo su favorito– y también novelas de misterio, y de terror, y un puñado de clásicos como La Eneida, de Virgilio. Su madre le leía de niño a Jane Austen, y de ahí saltó a Tolstoi.

No todo el mundo, claro, tiene la varita mágica de su abuela, Sheila, profesora de literatura comparada y correctora de honor en la plantilla familiar de Eragon.

Cuando llegó el amanecer, el dragón estaba sentado a los pies de su cama, como un anciano centinela dando la bienvenida al nuevo día...

Antes de alumbrar su gran obra, desentumeció los dedos con otras historias fantásticas que morían antes de despegar. Durante meses se obsesionó con estudiarlo todo sobre el arte de la ficción, la trama, el estilo, la música de la narración, el embrujo de los personajes. Con i5 años se creyó por fin listo para dar el gran salto y urdió una saga medieval en tres entregas, La trilogía de la Herencia, que al principio visualizó más como un gran largometraje épico.

“Como en Paradise Valley no llegaba la televisión, mis padres reunieron poco a poco una videoteca con más de 4.000 títulos”, recuerda. “Durante años, sentarse a ver una película todas las noches fue algo así como un ritual familiar. He crecido no sólo leyendo muchos libros, sino viendo mucho cine, y dibujando también: Eragon vino a mí primero como una sucesión de imágenes”.

Con la mente clara. Arrancó escribiendo a mano, pero no llegó muy lejos: concretamente, a la página 60. Tuvo que tomarle la medida a un teclado, volver a empezar de cero y echarle semanas y semanas antes de sentir que aquello remontaba por primera vez el vuelo. “Escribir puede convertirse en una pasión, pero es sobre todo un oficio”, palabra de Christopher. “Aprendes sobre la marcha, vuelves sobre tus pasos, cometes incontables errores... Con el tiempo me he dado cuenta de que lo más importante es tener la mente clara y saber qué es lo que vas a contar. Puede resultar petulante, pero yo no sé lo que es el bloqueo del escritor. Si tienes clara la trama, no tienes más que seguir adelante”.

Hablemos ahora del padre, Kenneth, a quien Christopher le dedica el libro por “enseñarme el hombre detrás de la cortina”... “Mi padre siempre ha estado ahí; decidió trabajar desde casa para poder ayudar a mi madre y pasar más tiempo con nosotros. Ha sido siempre el pragmático de la familia, el bastón en el que nos hemos apoyado mi hermana y yo, y el que supo calibrar las posibilidades de mi libro”.

Para trabajar con magia, debes tener ciertos poderes innatos, lo cual es algo muy raro entre la gente hoy en día...

El padre de Christopher tuvo la osadía de crear en i997 una pequeña editorial dedicada a libros educativos –Paolini International LLC–, cuando aún no intuía la mina sobre la que estaba edificada la pequeña casa de Montana. La editorial sobrevivía a duras penas, y la familia sudaba lo suyo para llegar a fin de mes. En más de una ocasión, a la hora de la cena, el padre dejó caer la posibilidad de cambiar definitivamente de horizontes y emigrar a la ciudad.

Pero Christopher siguió con la mirada puesta en las Beartooth Mountains, y de ahí nació la idea de las afiladas Beor Mountains, que se elevaban por encima de los i.600 metros. Una visita a Nuevo México le inspiró el desierto de Hadarac, y después el bosque de Du Weldenbarden, y la Espina, y Surda, y tantos lugares enigmáticos de ese país, Alagaësia, que existe ya en el imaginario de millones de niños y no tan niños.

Componen el rompecabezas de Eragon 93 lugares mágicos, 57 animales fantásticos y un elenco de i68 personajes, donde se hablan además tres idiomas autóctonos: el antiguo, el de los enanos y el urdal. A la hora de buscar inspiración, buceó sobre todo en las mitologías nórdica, teutónica y de las Islas Británicas, aunque la riqueza que mejor explotó fue la de su propia inventiva, mano a mano con su hermana Angela.

¡Ah, Angela! Su cómplice de correrías, su medicina más natural cuando se encuentra bajo de pilas o le hace falta un empujón... “Ella también escribe. Acaba de terminar su propia novela fantástica, Isin. Nos encerramos cada uno en nuestro cuarto, y de cuando en cuando salimos a ver cómo va el otro, o a pedir consejo cuando dudamos por dónde tirar. Ella me ayudó mucho con Eragon, sobre todo con los nombres y con los idiomas. Yo le he devuelto el favor con un personaje que aparece en la novela y que tiene un punto muy satírico: Angela, la pitonisa... Me ha gustado tanto que la pienso sacar en mis dos próximas novelas”.

Los ricos me pagan para que les prepare pociones de amor; yo nunca he presumido de que funcionen, pero por alguna razón siguen viniendo...

Aquí tenemos finalmente al autor con i7 años, con dos borradores a sus espaldas y un texto más o menos definitivo que se lo enseña primero a su madre, que reacciona con asombro y se lo pasa al padre: “Ken, tienes que echar una ojeada a esto: me ha dejado perpleja... ¡Lo tenemos que publicar!”.

Madre y agente. Después de las correcciones de rigor, de la portada diseñada por el propio Christopher y del capote echado a última hora por un puñado de amigos, la familia Paolini tira la casa por la ventana y publica en 2002 la historia del niño que hereda el manto de los legendarios Jinetes de los Dragones y desafía al tirano rey Galbatorix y a las fuerzas del mal. Acto seguido, mamá Talita se convierte en singular agente literaria y contacta con cientos de escuelas y bibliotecas que abren sus puertas a Eragon y a su leal Saphira. Después llega el novelista y explica a los niños todo lo que nunca pudieron leer entre líneas y quisieron preguntar.

La familia decide recorrer medio país haciendo promoción de la obra y vendiendo uno a uno, mano a mano, hasta i0.000 ejemplares. Pero el esfuerzo no basta: la empresa se va a pique y el padre amenaza de nuevo con un precipitado y triste The End a la saga del hijo precoz.

Entonces aparece pescando por Montana, como caído de una nube, un tal Ryan Hiaasen, hijastro del novelista Carl Hiaasen. Decide leer el libro; le entusiasma. Su padre se deja contagiar y envía una copia al editor Alfred Knopf, que embarca en la aventura a Random House.

Y aquí empieza la verdadera leyenda de Eragon: más de un millón de ejemplares vendidos en Estados Unidos, mano a mano con Harry Potter, y a punto de convertirse en un fenómeno internacional. La Fox ha comprado los derechos de la película, Peter Buchman está poniendo el punto final al guión y el filme llegará a las pantallas de todo el mundo a finales del año 2005.

Dicen que Christopher ha recibido nada menos que medio millón de dólares y otro suculento anticipo por Eldest, la segunda parte, en la que trabaja con denuedo. El joven autor prefiere no hablar de dinero, “ni de religión ni de política”, como le aconseja su madre.

“Todo lo que puedo decir es que la novela puso por fin la comida en la mesa de mi familia”, admite. “Si el libro tarda dos meses más en despegar, habríamos tenido que venderlo todo, irnos de Montana y buscar cualquier trabajo. Así de cerca estuvimos de estrellarnos”.

¿La familia? Bien, gracias. Christopher protege a los suyos con celo. “No quieren salir en las fotos y yo les respeto, aunque el mérito es tanto suyo como mío”.

¿La película? “Me hace muchísima ilusión, pero no he querido implicarme demasiado porque para mí Eragon ya ha quedado atrás. De lo que sí estoy convencido es de que el filme va a llegar en el mejor momento posible. Los efectos especiales que hoy por hoy se consiguen gracias a los ordenadores han catapultado el género hasta límites impensables. No estamos más que en los albores del género de la fantasía, en el nacimiento de una nueva mitología”.

Le preguntamos si no padecemos sobredosis del bien y del mal, si el mundo no tiene ya suficiente con el maniqueísmo ramplón del presidente Bush... “Siempre habrá odios y habrá venganzas. Son dos instintos muy primarios que han movido a la Humanidad y que siguen estando muy presentes en nuestros días. Yo tengo claro que escribo ficción, y la ficción necesita de héroes y de villanos”.

¿Y después de Eragon? “Pues acabar con Eldest, en el que veremos madurar al héroe, y donde habrá amor y muchísima acción. Luego me meteré con la última parte de la trilogía, que me tendrá ocupadísimo hasta 2007”.

¿Y después de después? “Tengo casi 30 tramas para otras tantas novelas, no sólo del género fantástico, también de ciencia ficción y de misterio. Es lo que hago en mi tiempo libre: no lo puedo evitar. Idear tramas para futuros libros... Cuando me saqué el graduado escolar por correspondencia, pensé ir a la universidad, y me habían admitido ya en el Reed College de Oregón. Pero ahora lo veo cada vez más lejos: quiero seguir escribiendo y necesito todo el tiempo del mundo”.

Queremos saber por último si no hay vida más allá del Valle del Paraíso y de su dedicación monacal a la literatura, y nos confiesa que, bueno, que se divierte bastante menos que cualquier otro joven de 20 años, que sus días son encierros de nueve horas que empiezan en el desayuno y terminan a la hora de la cena, en la mesa familiar, la misma que alimenta todos los días el vuelo de Eragon.

Carlos Fresneda

 



Holistika
Recomienda...
Subscribirse
Subscribirse a
Nuestro Boletín
Cursos recomendados
Crianza e Infancia
Crianza e Infancia
www.terramater.es
Libro de TDAH
Tratamiento Natural del TDAH
Tratamiento Natural del TDAH
Trastorno por Deficit de Atencion e Hiperactividad afecta a 5-8% de niños españoles
© 2006 Holistika • Email de ContactoAviso Legal