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Otra lectura del fracaso escolar
Otra lectura del fracaso escolar
Autor: Isabel F. del Castillo
Area: Infancia » Escuela

La capacidad de aprender no está condicionado sólo por el sistema educativo. También juega un papel importante las capacidades del alumno. Capacidad de atención, interés, iniciativa, creatividad, etc. son cualidades necesarias en el colegio, pero que no necesariamente se desarrollan en el aula. ¿Donde entonces?

A nadie escapa que el rendimiento escolar de los niños ha ido disminuyendo en las últimas décadas, lo que se atribuye a una variedad de causas: la realidad social de las familias, al estilo de vida actual, al sistema educativo, problemas de convivencia entre los alumnos... En cualquier caso, es algo que inquieta a muchos padres y madres, en estos tiempos difíciles en los que un brillante expediente escolar parece otorgar una cierta garantía frente a un futuro laboral incierto. Sea como fuere, lo cierto es que el mayor atractivo de los nuevos textos escolares no parece motivar a los alumnos, y un porcentaje importante de ellos tienen dificultades en la escuela, algo especialmente evidente para los profesores más veteranos, quienes han tenido la oportunidad de enseñar a varias generaciones de niños.

Conocimientos o capacidades

Según los maestros, los principales problemas de los niños con dificultades son la falta de atención y concentración, poca capacidad de comprensión, escaso interés y motivación, falta de iniciativa … cualidades necesarias en la escuela pero que, paradójicamente, no se desarrollan, o al menos no completamente, en ella. Y si no se desarrollan en la escuela ¿Entonces donde, cómo?

Pablito tiene tres años. Ante él un juego de bloques de madera: se propone hacer una torre. Pone un bloque encima de otro, luego otro y otro. En cuanto llega a 4, la torre se cae. Vuelve a intentarlo, una y otra vez. Cuando llega a 7 ya se siente muy mayor ¡mamá, ven a ver mi torre!! Pablito lo está pasando en grande, pero hacer su torre tiene otros "rendimientos” ocultos … Pablito está aprendiendo a habitar y dominar su cuerpo: su manita ha de hacer el movimiento justo y preciso para depositar la pieza sin que la torre se caiga. De paso, está experimentando las leyes que rigen el mundo físico: cuando el equilibrio se pierde, la torre acaba en el suelo: esto no es "realidad virtual”.

Pero además está cultivando facultades como la perseverancia, fuerza de voluntad, atención, automotivación … Cualidades fundamentales para el éxito en la vida, pero ¿no es demasiado pronto para aprenderlas? En realidad, no. Es EL momento y no se enseñan, se desarrollan solas; sólo tenemos que permitirle seguir su impulso interno, que ligará de forma espontánea el placer al resultado del esfuerzo, la satisfacción al fruto de su perseverancia. ¿No es eso lo que esperamos de los niños más mayores?

Cambiemos de escenario: Son las 5 de la tarde. Pablito llega a casa de la guardería. Le quedan escasamente dos horas y media antes de empezar con los rituales de baño, cena, cama. ¿Qué hará con su tiempo? Según las estadísticas, los niños ven una media de tres horas diarias de tele en días de cole. Si Pablito entra en esta estadística, lo más normal es que vaya directamente de la guardería al sofá: toda la exuberante diligencia de su corta edad quedará neutralizada frente a la TV. A lo peor, incluso, la verá mientras cena. ¿Es esto inocuo? ¿Es razonable esperar de un chaval de 12 o15 años que sea activo y capaz de motivarse, si desde pequeño se ha "neutralizado” su diligencia y actividad manteniéndole horas y horas pasivamente sentado? Según un estudio publicado en la revista americana Pediatrics, la exposición temprana y cotidiana a la TV es la principal causa de los trastornos de déficit de atención, un problema que puede llegar a condicionar toda la vida escolar. Ese mismo informe recogía opiniones de maestros veteranos que manifestaban cómo hace 30 años "comenzaron a observar en sus alumnos una alarmante disminución de la capacidad de escucha, atención, y participación en la resolución independiente de problemas”.

Inteligencia creativa

Uno de los problemas de la crianza de los niños en la sociedad occidental (falta de tiempo en familia, falta de tiempo libre para el juego espontáneo, alejamiento de la naturaleza, insuficientes espacios seguros al aire libre, exceso de TV y videojuegos, "ocio” ligado a "consumo”) es que acentúa los efectos del paradigma educativo y social de Occidente, basado en un hiperdesarrollo de las funciones del hemisferio cerebral izquierdo.

Es cada día más evidente que el talento, la inteligencia no consiste en tener muchos conocimientos, sino en la capacidad para hacer algo útil, creativo y personal con ellos. Los avances en ciencia, cultura, artes no parten de la nada, casi siempre son el fruto de relacionar conceptos o ideas de forma innovadora. La inteligencia creativa es esa capacidad para dar un salto más allá de lo previsible, captar la relación oculta entre fenómenos aparentemente inconexos, encontrar insólitos caminos para resolver situaciones, ser capaz de trascender lo evidente. ¿Qué facultad es esa? ¿Cómo se cultiva? ¿Dónde se aprende? Como todo lo importante, se adquiere solo, pero en las condiciones adecuadas.

El universo mágico y mítico en el que vive el niño de pocos años corresponde con la fase de mayor desarrollo del hemisferio derecho y de sus facultades (pensamiento analógico/simbólico, intuición, creatividad, inspiración), que más adelante se irán completarando con el desarrollo de las funciones del hemisferio izquierdo (pensamiento lineal, lógica, razón, abstracción…). Los dos hemisferios cerebrales tienen funciones opuestas y complementarias. Mientras el HI separa la realidad en parcelas para analizarlas o clasificarlas, el HD percibe la relación entre las partes y es capaz de tener una visión global. Mientras el primero separa, el segundo une. Mientras el HI analiza, y el HD sintetiza. El HI deduce, el HD intuye. La inteligencia creativa surge de la interacción entre ambos en equilibrio

Pero ese "equilibrio” es difícil en una cultura –la occidental- caracterizada por la dominancia de las funciones del HI (lógica, análisis, intelecto, ciencias…), en detrimento de las funciones del HD (intuición, síntesis, emoción, artes….) desatendidas o incluso mal vistas. Y en cualquier caso, ausentes de los planes de estudios. Y sin embargo, son el auténtico sustrato de la inteligencia emocional, la otra cara de la moneda de la inteligencia con mayúsculas. El eminente psiquiatra Rof Carballo dice a este respecto: "Somos una cultura que tiende al pensamiento empobrecido y a caer en un lenguaje exclusivamente "izquierdo”, o con menguado componente verbal derecho. Que esto no es exagerado lo confirman las observaciones de profesores inteligentes y sensibles que se alarman al percibir la creciente "robotización” de sus alumnos, precisamente de los más inteligentes”. A esta disminuida capacidad para ver globalmente (HD) se refería el arquitecto Henry Bergman cuando dijo: "Todos y cada uno de los problemas a que nos enfrentamos hoy son el resultado inevitable de las brillantes soluciones de ayer”.

Lo cierto es que si no se interfiere su desarrollo, el niño desarrolla espontáneamente ambos hemisferios de acuerdo con su calendario interno, el HD en primer lugar. Hasta los 7 años y más, realidad y ficción son un continuo, y sus juegos consisten básicamente en la creación de historias, creando sus instrumentos de juego a partir de cualquier objeto que se le parezca aunque sea remotamente. La magia está presente en su vida y en sus actividades de forma continua: la clave simbólica de sus juegos y sus historias constituyen el fundamento del desarrollo del HD. Un desarrollo que comienza mucho antes, en la relación del bebé con su madre. Dice Rof Carballo: "El lenguaje que une a pequeñuelos y madre es un lenguaje pre-emocional, fisionómico. Probablemente por lo que sabemos, propio del hemisferio cerebral derecho, del no dominante”. Una realidad que cuestiona las teorías que incitan a las madres a "no coger al bebé porque se acostumbra”, a dejarle llorar solo por la noche para que "aprenda” a dormir solo y otras recomendaciones orientadas a debilitar el apego de la madre por el bebé. La duración de la crianza y la intensidad del apego madre-cría de las especies está en proporción directa con su grado evolutivo. Cuanto mas inteligente la especie mas importante la crianza y el apego. De manera que sólo tendríamos que mirar a los otros mamíferos y aplicar una sencilla regla de 3 para saber cual sería la mejor forma de criar a nuestros bebés. O hacer caso de lo que nos dice el instinto maternal. La mismísima Jane Goodall confesó haber aprendido mucho como madre observando a las gorilas con sus crías. Este no es un tema menor, ya que muchos problemas psicológicos y de convivencia que condicionan y amargan la vida de tantos estudiantes tienen su origen en esta etapa.

En este mismo sentido, no es de extrañar que algunos estudios hayan puesto de manifiesto que la lactancia materna sea un factor promotor de inteligencia, tanto más cuanto más prolongada. Una razón es la superioridad de los componentes de la leche materna, rica en ácidos grasos insaturados esenciales para el desarrollo cerebral del bebé. Otra razón es porque refuerza una relación madre-bebé, auténtico sustrato de la inteligencia y la salud emocional.

El "calendario interno”

Independientemente de lo que los adultos decidan lo que los niños deben aprender y cuando, lo cierto es que los niños tienen un calendario propio de desarrollo de sus capacidades y su inteligencia, que viene estimulado por la posibilidad de satisfacer sus intereses.

Según opinan algunos psicólogos y educadores, uno de los grandes inconvenientes de la enseñanza en la escuela infantil y la primaria (que condiciona el resto de la vida de estudiante) es que es ajena a las fases evolutivas del niño, al que se obliga a adaptarse al sistema, cuando debería ser al revés. El mismo hecho de sentar durante horas en una mesa a niños de corta edad a hacer "fichas” podría ser considerado contra-natura, si tenemos en cuenta que la necesidad de movimiento, experimentación y juego (creación) es un imperativo de su naturaleza en evolución. Como describe Carl Sagan en su libro Y llegaréis a ser como dioses, "el cerebro alcanza su capacidad de funcionar a través de procesos de formación de conexiones interneuronales cuya fuerza dependerá de lo intensiva que sea la actividad corporal en interacción con el mundo”.

Piaget, psicólogo investigador de la infancia, constató que durante los primeros años de escuela "las estructuras de la inteligencia sólo se pueden formar a través de la actividad concreta en la que deberán estar implicados todos los sentidos y que será realizada con la mayor libertad posible”. Y sin embargo ya desde la escuela infantil los contenidos son excesivamente intelectuales y basados en la memorización.

Ciertos sistemas pedagógicos, como el Montessori o el Waldorf, adaptan tanto los contenidos como los métodos a las fases evolutivas del niño, y ponen el énfasis en respetar y acompañar al niño en ese proceso, pero no de dirigirlo. Esos sistemas reconocen la importancia del juego los primeros años y de aquellas las actividades que realmente despiertan su atención: la naturaleza y sus ciclos, las historias con contenido simbólico (cuentos), la re-creación de su vida cotidiana … los niños llevan la iniciativa.

A partir de esa edad, los conocimientos más racionales (HI) van siendo incorporados dentro de historias o de juegos que facilitan su aprendizaje y aprovechan la natural pasión del niño por aprender y descubrir. En todo momento se trata de animar la curiosidad innata del niño, auténtico motor del desarrollo y del aprendizaje, y la experiencia como paso previo para la conceptualización. Así por ejemplo, el inicio de las matemáticas no se hace con números, sino con materiales (por ej. piedrecitas …). El niño maneja con sus manos las cantidades (HD) y es capaz de comprenderlas muy bien antes de pasar a los números (HI), que son abstracciones para las cuales no estará preparado hasta más adelante. El resultado es que el aprendizaje se facilita enormemente, el niño disfruta aprendiendo y es ayudado por su propia curiosidad y ganas de aprender. La concepción del niño como parte activa de su formación, y no como un mero "sujeto pasivo” se plasma, por ejemplo, en el hecho de que más adelante no tienen libros de textos sino de consulta, que les sirven para escribir e ilustrar ellos mismos sus libros de texto.

Isabel Fernández del Castillo
Autora de La revolución del nacimiento
Publicado en la revista Mente Sana


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