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Grasas, aceites e inflamaciones
Grasas, aceites e inflamaciones
Autor: Isabel F. del Castillo
Area: Nutrición » Artículos

Los aceites y las grasas son precursores de distintas prostaglandinas, responsables de estimular o controlar reacciones relacionadas con la inmunidad, inflamación, coagulación, etc.

Algunas de las enfermedades más incómodas e invalidantes de las consideradas "propias de la edad" son las que se acompañan de procesos inflamatorios. Es el caso, por ejemplo, de las artritis, los reúmas, pero también problemas intestinales, respiratorios, alérgicos… en las cuales se produce, en mayor un menor grado, una inflamación de ciertos tejidos o mucosas.

Puede haber una variedad de factores desencadenantes de un trastorno inflamatorio, pero de lo que aquí vamos a tratar es de la capacidad del sistema inmunitario para controlar y regular la intensidad y magnitud de sus reacciones.

En este sentido, en los últimos tiempos se han publicado varios estudios sobre el efecto antiinflamatorio de los ácidos grasos omega 3 (w-3) en procesos artríticos. Recientemente también se ha publicado un estudio en el British Journal of Nutrition sobre efecto positivo del consumo de pescado en la prevención del Alzheimer, que parece deberse, según los autores, al (entre otros) efecto antiinflamatorio del aceite de pescado.

Regulando las inflamaciones

El organismo tiene una cierta capacidad para regular la intensidad de las inflamaciones. En este mecanismo regulador intervienen unas sustancias llamadas prostaglandinas: Mientras unas tienen un efecto estimulante (acelerador), otras tienen el efecto contrario: modulan, controlan estas reacciones que causan calor, enrojecimiento, hinchazón, dolor…

Estas reacciones no son negativas en sí mismas. La capacidad de "inflamarse" es necesaria y responde a la necesidad del organismo de "inundar" un tejido con un mayor número de células especializadas con el objeto de reparar un daño. El problema es cuando, por causas que se mantienen en el tiempo, esta inflamación se convierte en crónica.

Inflamación, proliferación celular, coagulabilidad sanguínea

Las prostaglandinas no regulan sólo las inflamaciones, también la proliferación celular y la coagulabilidad de la sangre… factores que tienen su importancia si tenemos en cuenta que el cáncer (proliferación celular descontrolada) y las enfermedades cardiovasculares son las causas más frecuentes de enfermedad en las sociedades industrializadas.

El descubrimiento del papel de las prostaglandinas ha terminado por desvelar el misterio de la aspirina. El ácido acetilsalicílico se aisló en un principio de la corteza de sauce, cuyas propiedades antiinflamatorias eran conocidas y ampliamente utilizadas en la medicina popular. Durante años se ha empleado como antiinflamatorio, febrífugo, analgésico … y también tomada diariamente para prevenir la formación de trombos en personas con problemas de arterioesclerosis. Una vez conocido el papel de las prostaglandinas, se pudo saber que la aspirina debe su efecto, precisamente, a su acción moduladora sobre las prostaglandinas.

La buena noticia es que en el organismo el nivel de unas y otras prostaglandinas depende, fundamentalmente, de lo que se come. Las células sintetizan las prostaglandinas a partir de una materia prima que proviene de la dieta, y son los ácidos grasos esenciales. Hay 3 series.

3 series 3

  • Estimulan las inflamaciones: Prostaglandinas de la serie 2. Acido araquidónico. Favorecen los procesos de inflamación y de agregación plaquetaria. Está presente en los productos de origen animal (excepto pescados): carnes, lácteos, huevos.
  • Regulan las inflamaciones: Prostaglandinas de la serie 3: las famosas omega 3. Tienen el efecto de disminuir la inflamación, la proliferación celular, la coagulabilidad sanguínea. Es que lo que explica que los esquimales que siguen la dieta tradicional, a base de pescado extragraso de aguas frías, no tengan ningún problema cardiovascular. La grasa de los pescados de agua fría es muy flexible y no se congela, ni se coagula su sangre, a pesar de las temperaturas bajo 0 en las que nadan esos peces. No sólo hay w-3 en el pescado azul, también en las semillas de lino, las nueces, las semillas de calabaza.
  • Prostaglandinas de la serie 1: omega 6. Los w-6 se encuentran en las semillas: girasol, sésamo, maíz, soja, cártamo, etc. Sobre este punto hay dudas. Aunque la mayoría de los manuales hablan del efecto antiinflamatorio de los omega 6, el Dr. Andrew Weil, en su último libro ¿Sabemos comer? afirma lo contrario. De cualquier forma, no hay que perder de vista ciertas…

     

Cuestiones importantes.

  • La capacidad de crear más células, inflamar un tejido cuando es necesario, o coagular la sangre es imprescindible. Por lo que respecta a las series 1 y 3, no hay ácidos grasos buenos y malos. La cuestión es el equilibrio entre unos y otros. Poca cantidad de las primeras perjudicaría al crecimiento y renovación celular, aumentaría el riesgo de hemorragias y restaría eficacia al sistema inmunitario. Poca cantidad de las segundas podría aumentar el riesgo de cáncer, trombos y enfermedades inflamatorias y autoinmunes.
  • A partir de los w-3 y los w-6 se sintetizan ácidos grasos más largos y complejos, destinados a formar parte de estructuras especializadas: neuronas, células de la retina, membranas celulares… y también para desempeñar funciones reguladoras de las hormonas (w-6). Para ello son necesarios algunos catalizadores (vitamina B6 y C, magnesio, zinc, calcio etc.) que deben estar presentes en la dieta. Inhiben estas reacciones las grasas saturadas, los á.g. trans (ver punto 5), contaminantes químicos, hormonas del estrés. No se trata, pues, de suplementar la dieta, sino de equilibrarla, de prestar atención a su calidad global.
  • Cuando se ingieren muchos más ácidos grasos de un tipo que de otro (w-3 y w-6), ambos compiten por los catalizadores, lo que puede impedir que se aprovechen bien.
  • Mucha cantidad de algo muy bueno puede no ser tan bueno. No hay que comer mucha grasa, aunque sea buena, ya que puede sobrecargar el sistema.
  • Sobre la serie 2 (alimentos de origen animal), la conveniencia de tomar mayor o menor cantidad está en función del estado de cada cual y por tanto de su tolerancia. Es una cuestión de opción personal. El problema de los alimentos de origen animal no es sólo que ha aumentado mucho su consumo. Es que la calidad de la grasa ha variado sustancialmente. Antiguamente los animales se alimentaban de pasto, y la hierba tiene algo de w-3. Ahora se alimentan de pienso, por lo que su grasa es completamente saturada. Como siempre, la clave está en el equilibrio de proporciones entre unos alimentos y otros, entre unas grasas y otras, en su calidad y cantidad.

Para terminar, sólo resaltar que en cada en proceso influye una "constelación" de factores. La tendencia del organismo a inflamarse puede tener varias causas, una de las cuales puede ser una dieta excesiva e inadecuada, que satura el sistema y rebasa la capacidad de los órganos de eliminación. La homeopatía, por ejemplo, basa toda su terapéutica en la aplicación de los remedios en función de las fases de impregnación de los tejidos por deshechos tóxicos que pueden provenir tanto de la alimentación, como de la contaminación, el abuso de medicamentos, etc.

Merece la pena mencionar aquí el efecto inflamatorio que ciertas especias y alimentos parecen ejercer sobre personas sensibles: pimentón, chile, pimienta blanca, vinagre rojo, berenjena, cacahuete, tabaco y concentrado de tomate.

Isabel Fdez. del Castillo
Diplomada en Medicina Tradicional China
Especialista en Nutrición y Dietética
Autora de La Revolución del nacimiento

 
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