Ampliamente utilizado en Oriente desde hace siglos, el té verde fue descubierto cuando un grupo de epidemiólogos se propuso descubrir por qué los japoneses, a pesar de fumar el doble, que los americanos, sin embargo tenían una tasa de cáncer de pulmón de la mitad.
Los efectos curativos, y por tanto preventivos, del té verde son muy numerosos, el más interesante, probablemente, el antioxidante
Contiene gran cantidad de catequinas, un bioflavonoide con un efecto mucho más potente que la vitamina C, y que además estimula la síntesis interna de nuestras enzimas antioxidantes. Tiene un efecto protector especialmente notable sobre los lípidos sanguíneos, además de disminuir la excesiva agregabilidad plaquetaria, razón por la que es muy interesante como preventivo de trombos y accidentes vasculares.
Es también notable su acción anticancerosa: entre otros efectos protege el ADN de los radicales libres, induce la apoptosis (muerte celular programada) en las células cancerígenas, impide la angiogénesis (formación de vasos sanguíneos que abastecen de sangre el tumor y permite su crecimiento).
Es además interesante como antiséptico, lo que unido a su contenido en flúor, lo hace muy conveniente para realizar enjuagues bucales. Para ese menester es suficiente con añadir un poco de agua a los posos del té y filtrarlo.
Al preparar el té es importante no verter el agua hirviendo a borbotones, sino a punto de hervir, como hacen los orientales, para estar seguro de no destruir las vitaminas, antioxidantes y otras sustancias delicadas.
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