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En ningún sitio como en casa
En ningún sitio como en casa
Autor: Beatriz Luna
Area: Parto Natural » Historias de partos

Me gustaría contaros la historia de mi embarazo y mi parto, que por suerte para mí y mi hijo, no se parece a muchas de las que he leído por aquí. Yo me quedé embarazada en julio de 2002, y empecé a llevar lo del embarazo como casi todas, por la seguridad social. Los primeros meses tuve muchas náuseas, y a finales de septiembre, tras un día de vómitos constantes, acabé en urgencias.

Me recetan un medicamento llamado cariban. Como tengo la mala constumbre de leerme los prospectos, veo que pone que no te garantizan que no vaya a tener efectos teratogénicos. Decido no tomarlo. Primera "sorpresa médica" y primer choque con la sanidad, la familia, etc. Mi médico que dice que "si no le voy a hacer caso,que para que voy a consulta", mi madre "que le hagas caso a los médicos, que ellos saben más, que mal te va ir, pobrecito tu hijo...".

Ahí más o menos me empiezo a mosquear y a buscar información sobre el embarazo, el parto, etc. con lo que el susto empieza a ser mayúsculo.

En enero empieza el curso de preparación al parto. Más sorpresas: a mi maridono le dejan asistir. En la primera sesión, la comadrona nos cuenta el protocolo: monitorización, afeitado, enema, episiotomía, goteo, etc. Salgo de allí asustada y no vuelvo más. Me empiezo a plantear dar a luz en casa, pero la familia no quiere ni oir hablar del tema.

Finales de febrero, me hacen una ecografía y la médico me dice que mi hijo es demasiado grande y que lo mío va a ser cesárea. Salgo de allí completamente cabreada, diciendo que la cesárea se la tendrán que hacer a la médico en el cráneo para extirparle el cerebro. Mi marido, muy conciliador, decide ir a atención al paciente, donde una señora muy "amable" nos cuenta otra vez el protocolo y nos vende las maravillas de la epidural. Le digo que no quiero epidural, ni episiotomía, ni nada que empiece por "epi" y me llama "mala madre",

irresponsable y alguna lindeza más. Además me dice que los niños que nacen por cesárea son mucho más guapos, porque nacen con la cabecita más redondita. Mi asombro no tiene límites y mi pánico al hospital crece por segundos. A pesar de lo poco que me queda para dar a luz, decido tener a mi hijo en casa. Mi marido me apoya, y buscamos ayuda. Encontramos Génesis, donde deciden que, a pesar de la falta de tiempo, se hacen cargo de mi parto.

A partir de ese momento, me entra una relajación total, como si me hubiera quitado un peso de encima. Mi marido, psicólogo de profesión, me ayuda en la preparación al parto mediante técnicas de relajación e hipnósis, y los dos estamos contentos y convencidos de lo que hacemos. No se lo contamos a nadie, salvo a mi madre, que está de acuerdo y

además va a asistir al parto.

Durante el mes de marzo y abril, me citan en la seguridad social cinco veces para hacerme ecografías, y en todas y cada una de ellas me sugieren que habría que provocar el parto, porque dicen que hay poco líquido amniótico. Digo que no, y siempre me dicen "bueno, vamos a darle una semana más. En la última visita con el tocólogo, le digo que no me de cita para la monitorización, porque voy a dar a luz en casa. El tocólogo dice que vale, la matrona nos llama irresponsables y

Nos cuenta que a ella una vez la quisieron meter en un "grupo de locas de esas que atienden partos en casa". Lo dice como si la hubieran querido abducir los extraterrestres.

22 de abril, 11:30 aproximadamente, nos vamos a la cama, que al día siguiente hay que trabajar. No consigo dormirme, estoy incómoda. 13:20 notó un golpe fuerte en la tripa y un ruido como el rasgar de una tela: me levanto al baño y veo que he roto aguas. Se lo digo a mi marido, que se quiere ir a dar un paseo al parque.

Le digo que no, porque son la 1 y media de la madrugada. me dedico a sacar la lavadora, poner el lavavajillas, ordenar la casa, etc. A las 3 más o menos me acuesto, acabo de empezar con contracciones. Avisamos a Pepa y nos vamos a la cama.

Intentamos coronometrarlas y nos quedamos dormidos los dos. A las 5:30 me despierto con unas ganas espantosas de empujar, y pienso "no puede ser, las primerizas tardan mucho más en dilatar". Me paso diez minutos jadeando para no empujar y al final le grito a mi marido "llama a Pepa, que lo sueltoooo". A la 6 ya está aquí la comadrona, buscamos el sitio más cómodo, que acabó siendo la cama y a parir.

Recuerdo haberme reido mucho durante el parto, y haber bebido mucha

agua. Hasta recuerdo haber pensado que los vecinos nos iban a denunciar por maltrato doméstico, porque yo pegaba unos berridos impresionantes, a pesar de que no lo recuerdo como algo doloroso. A las 7:15 Mario ya había asomado la cabeza, y poco después salió el resto del cuerpo. Lo sostuve mientras aun tenía las piernas dentro mí, y mi marido acabó de sacarlo. Fue el momento más maravilloso que he

vivido nunca. Después se quedó tumbado encima de mi cuerpo hasta que el cordón umbilical dejo de latir (una media hora o algo más). Luego Basi (mi marido) cortó el cordón y en dos o tres minutos eché la placenta. Tuve un pequeño desgarro superficial de menos de medio centímetro que se curó solo en poco días.

A la hora y media del parto me estaba duchando yo solita, de pie y sin ayuda de nadie, y tres días después me subí del tirón los cinco pisos del Registro Civil de Madrid con mi hijo en brazos para registrarlo.

Al final, ni hacía falta cesárea, ni episiotomía, ni goteo, ni nada de nada de lo que me habían contado. Estoy muy contenta y muy orgullosa de haber tenido a mi hijo en casa, de forma natural, aunque la mayoría de la gente me dice que estoy loca y que soy una irresponsable. Mi suegra, cada vez que me ve me dice que me tenía que haber ido al hospital, y que no se me vaya a ocurrir hacer lo mismo con el próximo.

Evidentemente, sí que lo haré, si las circunstancias lo permiten.

Durante estos meses he leído algunas de las historias desgarradoras que habeis contado aquí, y no puedo evitar pensar que si no fuera por esta lista y otras iniciativas parecidas, la mía podría ser una de ellas, así que quiero daros las gracias, en mi nombre y en el de Mario.

Beatriz Luna Luna

 



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