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Nacimiento de Marina. De cómo el acompañar se convierte en ayudar.
Nacimiento de Marina. De cómo el acompañar se convierte en ayudar.
Autor: Sole y Enrique
Area: Parto Natural » Historias de partos

Pude vivir un parto natural con muy poca intervención médica; en una institución pública; dentro de los límites que establece un hospital. Pienso que fueron muy respetuosos con nosotros y con nuestro bebé.

Ahora  lo recuerdo con una ternura infinita y con una gran sensación de satisfacción. Cuando salí de allí con mi bebé tenía un sentimiento de triunfo y una gran autoestima. Había sido capaz de parir a mi hija sin necesidad de anestesia epidural y conservando el ánimo y la alegría hasta el final, me sentía muy orgullosa de ser mujer y de haber tenido la oportunidad de vivenciar y disfrutar del nacimiento de mi hija.

Todo comenzó ese mismo día a las 6 de la mañana, nos habíamos acostado tarde y yo, la mamá, me encontraba algo nerviosa y no podía conciliar el sueño, algo extraordinario iba a ocurrir y mi cuerpo ya intuía la catarsis que le esperaba. Antes de acostarme le escribí una carta a mi hija que estaba por nacer y le dije que sentía que ya estábamos preparadas para conocernos y que cuando lo considerara oportuno diera señales de salida, me encontraba en paz y con mucha fuerza.

A las 6 de la mañana una sensación de cálida humedad me invadió, sentí como mi cuerpo se derramaba soltando un líquido que yo no podía controlar,  rápidamente desperté a Enrique:

¡ He roto aguas!. A los dos nos invadió una tremenda emoción, el momento había llegado, nuestra hijita quería salir.

Nos habíamos preparado para este momento, tanto las sesiones de trabajo con Susana Olalla, miembro de la Plataforma Pro derechos del Nacimiento, como el curso que realizamos en la maternidad Acuario en Beniarbeg (Alicante), nos habían conducido a sentir una gran seguridad en el proceso del nacimiento, una confianza en la propia naturaleza para ejercer su función de reproducción y una sensación de control que nos permitía estar serenos ante  los acontecimientos que estaban por venir.

Las aguas continuaron saliendo durante unas dos horas más, no había contracciones. Me duché y me fuí hacia una ventana por la que entraba el Sol, ya eran las 8 de la mañana. Los rayos del Sol acariciaban mi cara y mis manos y pedí al astro rey fuerza para afrontar el gran reto que me esperaba ese día: parir a mi hija. Pedí que todo fuera bien y me cargué de una gran energía, me sentía serena y preparada, confiaba en que mi cuerpo sabría hacer todo su trabajo igual que había sido capaz de fabricar ese precioso ser que llevaba dentro, confiaba en la vida y en la fuerza de mi naturaleza femenina. Dí gracias por esa oportunidad que me brindaba la vida de experimentar la maternidad y dí gracias por ser mujer.

Pusimos música, una suave melodía que nos había acompañado en muchos momentos del embarazo. Hicimos varias respiraciones, nos fuimos sintonizando para poder trabajar cuando llegaran las contracciones, sabíamos que cada contracción era un pasito más para poder conocer a nuestra pequeña y que era cuestión de relajarse y dejar al cuerpo abrirse para dejarle paso. Ensayamos la relajación basada en visualizar el color AZUL, era muy importante que cuando las contracciones fueran intensas, Enrique me recordara que debía relajarme y lo haría con el color AZUL.

También ensayamos los masajes en la espalda que nos había enseñado Susana, de pie apoyando las manos en la pared y descargando así las contracciones.

Los masajes en los pies también nos acompañaron desde los primeros momentos en que ya empezaban a notarse las "molestias".

Todo un trabajo que no permitía preocuparse sino por el contrario ocuparse en realizarlo de la forma más consciente y activa posible. Enrique y yo ya éramos un gran equipo, nos habíamos compenetrado desde primera hora de la mañana para vivir nuestro parto de la forma más satisfactoria posible. Se me olvidaba, también ensayamos la respiración para las contracciones: primero una inhalación profunda cuando ves que va a venir la contracción, luego respiración superficial jadeante durante la contracción y al final otra respiración profunda.

Pasaron así  6 horas y sobre las 12 de la mañana, cuando las contracciones ya eran bastante regulares, aproximadamente cada 10 minutos, nos bajamos al hospital, con los ánimos muy altos y un gran optimismo.

Allí procuramos seguir nuestro ritmo de trabajo, en la habitación iban pasando las contracciones como olas por mi cuerpo. En cada una yo pedía a mi compañero que me ayudara de una forma diferente (así no me aburría). Unas veces me ponía de pie y me daba masajes en la espalda, otras veces en los pies. También me colgaba de él dejando caer todo mi peso en cada contracción, o bien él me cogía por detrás y me dejaba caer. Todo esto ayuda que las contracciones ejerzan su función, la dilatación del útero y vayan pasando sin una excesiva molestia, el cuerpo se va abriendo y nos mantenemos en la máxima relajación para no impedir el trabajo del útero. Si nosotras nos contraemos con la molestia y estamos tensas y nerviosas dificultamos la función natural del nuestro cuerpo y alargamos más el proceso del parto, pudiendo incluso hacerlo inviable.

Durante todo el día se fueron sucediendo las contracciones que eran cada vez más intensas.

En todas ellas respirábamos, Enrique me invitaba a la relajación (ímaginándome todo de color azul)  y al mismo tiempo las descargábamos en las diferentes posturas y formas que se exponen:

1-Masajes en los pies: darlos entre las contracciones y parar cuando éstas se produzcan apretando el pie. Es muy relajante y da sensación de fuerza y seguridad.

2- Masajes en la espalda: De pie y apoyada con las manos en la pared. Alivia mucho el dolor de riñones y hace más llevadera la contracción.

3- Colgarse de frente al compañero: El te coge y te cuelgas con todo el peso, alivia mucho.

4- El compañero te coge por las axilas y te cuelgas, también ayuda mucho a relajarse y a pasar la contracción de  una forma más llevadera.

Todo un arduo y constante trabajo que no permite ni un segundo de tregua, pero que te hace disfrutar y sentir cada momento como algo único y te hace sentir una auténtica compenetración con tu compañero.

Pasaron así las horas, viviendo cada contracción, ¡me las respiré todas! y llegaron las 23,00, ya estaba agotada. Nos encontrábamos mi marido y yo en la sala de dilatación del Hospital, la matrona se pasó varias veces  para ver cómo iba la dilatación, miraba y se iba, sin más, nos dejó plena libertad para vivir nuestro parto como quisiimos. No me pusieron enema ni me rasuraron el pubis. Yo me encontraba con el suero puesto porque me pusieron un calmante para parar los  vómitos (me venían junto a las contracciones)  y, al final pusieron un poco de oxitocina, yo dije que estaba bien y que no lo necesitaba pero dijeron que era muy poca cantidad, para acelerar la dilatación. Yo me levanté de la camilla todas las veces que quise, unas veces  estaba en cuclillas, otras andando alrededor de la cama y otras colgada de Enrique, si hubiera estado todo el rato tumbada habría sido desesperante, porque fueron muchas horas alli.

Cuando ya creía que no podía más y no tenía fuerzas ni para respirar sentí unas ganas  enormes de ir  al baño,  sentía una enorme presión que me invitaba a empujar, entonces entró la matrona y me dijo que iba para el paritorio, yo seguía empeñada en que tenía ganas de ir al baño y ella me dijo que no era eso que era otra cosa. Andando apoyada en Enrique me fui hasta el paritorio y me subí en la camilla, me coloqué en la posición habitual en los hospitales y la ginecóloga, la comadrona y una enfermera me fueron indicando cuando y cómo debía empujar, todo se desarrolló en un clima de mucha amabilidad y cordialidad, sentía el apoyo y la cercanía de las personas que estaban atendiendo mi parto. Enrique me iba mojando los labios y yo empujaba como podía como si me fuera la vida en ello, era una sensación de romperme por dentro, de estallar, de que todo daba igual, era como muy animal, muy visceral, en ese momento mi objetivo era parir a mi hija de la mejor manera posible, me sentia con unas fuerzas y un arrojo que no he conocido en ningún otro momento de mi vida.

La ginecóloga que se llama Elena y nos dió mucha serenidad y seguridad me animaba constantemente, dijo que ni siquiera había preparado hilo para la episotomía, o sea que si todo iba bien no la realizaría.

La niña tardaba en nacer porque al parecer un hueso mio dificultaba la salida y su cabecita  no avanzaba, entonces la ginecóloga  realizó la episotomía y dijo que había que utilizar la ventosa para ayudarla a salir, en ese momento le dijeron a Enrique que se saliera del paritorio ¡ después de trabajar tan intensamente las interminables horas de la dilatación, le quitan la posibilidad de ver nacer a su hija!, me pareció muy injusto, ya que Enrique estaba muy preparado y no era un estorbo en el paritorio, yo me sentí abandonada  y desilusionada porque él no iba ver nacer a su hija ¡con la ilusión que nos hacía a los dos estar juntos!.

En un último empujón y con la ayuda de la ventosa nació Marina, un pequeño bebé que me pusieron inmediatamente en mi regazo y al que rápidamente dí la bienvenida a este mundo, le acaricié su húmeda espaldita, y sentí cómo la vida se estemecía entre mis manos. ¡Me parcía increíble! y repetía como en un estado de enajenación mental ¡ha salido! ¡ ha salido!. Mi marido que entonces entró en la sala se puso al lado de ella cuando le hicieron la limpieza de las fosas nasales,  le pusieron las gotas en los ojos, y estuvo delante de ella la primera vez que abrió los ojitos,  yo en esos momentos la escuchaba llorar, mientras me cosian la episotomía, ya no me importaba lo que me hicieran, tenia una inmensa paz en mi interior y la certeza de que todo había salido bien. Me sentía tranquila e inmensamente cansada.

Enseguida, después de que Enrique saliera a presentar a Marina a los abuelitos, a su tío y a Susana Olalla, que nos acompañó todas las horas de este intensisimo trance, me dieron a Marina y me la puse en el pecho, se puso a mamar rápidamente ¡fue precioso! ¡ mi bebé estaba allí tumbada a mi lado mamando!. Ahora  lo recuerdo con una ternura infinita y con una gran sensación de satisfacción. Cuando salí de allí con mi bebé tenía un sentimiento de triunfo y una gran autoestima. Había sido capaz de parir a mi hija sin necesidad de anestesia epidural y conservando el ánimo y la alegría hasta el final, me sentía muy orgullosa de ser mujer y de haber tenido la oportunidad de vivenciar y disfrutar del nacimiento de mi hija.

Pude vivir un parto natural con muy poca intervención médica, en una institución pública, dentro de los límites que establece un hospital pienso que fueron muy respetuosos con nosotros y con nuestro bebé. Quiero destacar la importancia que tiene el estar acompañada por tu compañero, en todo el proceso del parto, esto hace que no pierdas el aliento y que puedas disfrutar plenamente del mismo, es importante reivindicar que permitan la presencia del padre en la sala de dilatación ya que en la mayoría de los hospitales no se permite y esto me parece una absoluta aberración contra la pareja y contra el hijo que va a nacer. A nosotros se nos permitío porque en ese momento no había ninguna otra mujer en la sala de dilatación. Es por ello que animo a la Plataforma y me uno a ella en la lucha por un parto más natural y con las condiciones más adecuadas para los verdaderos protagonistas de la historia que son los padres y el bebé.

Por último y pidiendo perdón por mi extensión,  quiero agradecer a la Matrona Consuelo Ruiz Velez Frias su inestimable labor de comunicación en su libro "El parto sin dolor" que por su claridad y concisión me ayudó a preparar mi parto y a entender el proceso del mismo sin ser yo ninguna entendida en la materia, a la clínica Acuario de Beniarbeig (Alicante) donde realizamos un precioso curso de preparación de un fin de semana en el que se nos aclararon muchas cosas y se nos quitaron muchos miedos, aunque al final no pudimos ir allí a recibir a Marina, por diferentes circunstancias. Y por último y con un cariño muy especial a Susana Olalla quien con su constancia, su trabajo y su inmenso amor, nos ha acompañado en nuestra preparación del parto, dándonos la seguridad, la fuerza y el conocimiento necesarios para poder enfrentarnos al mismo con alegría y sin miedo. He de decir que yo era un persona con un terrible miedo al parto y  que nunca me hubiera imaginado poder ir al mismo con esa seguridad y  ese arrojo con el que me presenté. Gracias a todos y Gracias a la Vida por darme la oportunidad de ser mamá.

Un saludo a tod@s los que lean esta experiencia y nuestro apoyo incondicional a todos los que lucha por mejorar la forma en que somos recibidos a este mundo. Por un nacimiento amoroso y sin violencia, natural como la vida misma. Besos.

Sole y Enrique

 



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