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Nacimiento de Marina
Nacimiento de Marina
Autor: Enrique
Area: Parto Natural » Historias de partos

Elena dejaba hacer a la matrona, que no ordeno ni rasurar, ni enema, ni episiotomía. Todo aquello me agradaba, habíamos escuchado que todo eso era parte del protocolo, pero en nuestro caso quizás la convicción de que las cosas nos saldrían bien se materializó.

Os voy a contar cual fue mi experiencia como padre en el embarazo, parto y nacimiento de mi niña Marina, un ser precioso que vino al mundo el 5 de Junio del 2001, en un hospital de ámbito rural, concretamente en Baza (Granada).

Mi mujer y yo nos vimos sorprendidos por Marina (en aquella época aún no tenía nombre) en septiembre del 2000, ella decidió entrar en nuestra vida (así lo creemos nosotros) y enseguida comenzamos, tras el impacto inicial, a acompañarla en su proceso de maduración. Desde el principio recogimos las sensaciones que este ser nuevo nos regalaba y nos sigue regalando, era una delicia notar su presencia dentro de la barriguita, tan vital, tan sorprendente. Poco a poco se iba acercando el momento del nacimiento y nosotros nos preparábamos para recibirla y darle la bienvenida a este mundo de la mejor manera en que pudiéramos o supiéramos, ya que rápidamente nos dimos cuenta de que la ignorancia podía provocar actuaciones de muy buena voluntad (¿quién no va a intentar hacer lo mejor para recibir a su bebé?) pero absolutamente erróneas a la luz de los descubrimientos de muchos expertos excomulgados por la ciencia más ortodoxa y el pragmatismo reinante en el sistema sanitario imperante.

Leímos, consultamos con expertos, acudimos a realizar cursos de preparación, y concluimos que frente a la frialdad de los ginecólogos del sistema público de salud o la falsa amabilidad de los privados (a los que acudimos para que nos "hablaran" mirándonos a la cara de ese ser tan importante para nosotros, y del que en el sistema público nos decían que no nos debía de interesar, que para eso estaban ellos con sus maravillosas caras de ajo sabelotodo); existía gente que te preparaba para vivir sin temor, consciente y responsablemente, una de las experiencias más maravillosas de la vida, así acudimos a la Clínica Acuario de Beniarbeig (Alicante) para realizar un curso de preparación y conocer este lugar donde la estrella es el ser que viene y no el profesional de turno, o contactamos con Susana Olalla, experta en estas vivencias "tan definitorias de lo que somos como individuos y como sociedad" según sus palabras, que nos ayudo mucho a ser conscientes del proceso y sobre todo a superar el miedo al momento del nacimiento: "estéis donde estéis que se os vea conscientes y responsables con vuestro momento y el de Marina, si esto es así nadie se atreverá ha interrumpiros" (gracias Susana).

El caso es que fueron transcurriendo los meses y llego el momento de decidir donde íbamos a intentar dar a luz a Marina; y al final, después de analizar la posibilidad de hacerlo en Acuario, decidimos por motivos familiares y económicos acudir donde la mayoría de la gente, al hospital más cercano, (en ningún momento nos planteamos tenerlo en casa). Porque no arriesgarse, lo mismo funcionaban las palabras de Susana y de camino dejábamos constancia de que el padre y la madre no tienen porque ser un estorbo en el parto y nacimiento de los bebés.

Así que el 5 de Junio, y después de un amago prematuro de parto, que nos ayudo a conocer el lugar donde íbamos a vivir nuestra maravillosa experiencia, Marina decidió llamar a la puerta e invitarse a entrar en nuestro mundo. Ya aquella noche su mamá la había invitado a hacerlo y tras el sobresalto inicial de la rotura de aguas nos invadió una emoción increíble, era de madrugada y pareciera la mágica noche de Reyes, sólo que en este caso el universo nos regalaba una oportunidad de crecer increíble. Nos relajamos y comenzamos a recordar aquello de las respiraciones, los masajes para ayudar entre contracciones a Sole, la reflejoterapia, etc. Ya de día, después de haber saludado al sol como nunca, la música comenzó a sonar en casa, era aquella música que habían escuchado tanto Sole y Marina durante el embarazo, la sensación era deliciosa y no parecía tan terrible como lo pintaban las opiniones más convencionales. En aquel momento quizás echamos de menos no haber tenido la valentía de plantearnos tener a Marina en casa, el ambiente era maravilloso y nos daba una enorme pena trivializar todo aquello en una fábrica de nacimientos (maternidad), pero ya debíamos hacerlo y además nuestros padres nos apremiaban a ello, puesto que nuestra seguridad no era la suya y se les veía asustados por no controlar la situación. Además, para ellos, eran momentos de recuerdo, recuerdo para las madres de partos y nacimientos en soledad o por lo menos sin la presencia del padre; o momentos de incertidumbre y protagonismo robado cultural y tecnocráticamente en el caso de los padres.

El caso es que nos plantamos en nuestro hospital y allí en principio nadie creía que estabamos de parto, porque no teníamos la cara descompuesta, es más teníamos una sonrisa de oreja a oreja que incluso parecía molestar a alguna gente, que ya vaticinaba que el dolor nos doblegaría y haría retorcer como gusanos, que sufriríamos como todos y que más valdría que nos preparáramos para ello sufriendo sin sufrimiento ¡qué absurdo!, y no perdiéramos el tiempo disfrutando del momento. Bueno que le vamos ha hacer",habemos de toa clase de criaturas en este mundo", pero lógicamente nosotros seguimos a lo nuestro pero ya con el puyacillo dado, nuestro ambiente había desaparecido entre paredes blancas, tecnología, ausencia de música y rutina. Menos mal que poco a poco empezaron a desfilar amigos como Susana, Viki y Paco, y hasta Susana Olalla, nuestra entrenadora, que no quería perderse la final y se vino desde Málaga para intentar acompañarnos en aquellos momentos.

El tiempo transcurría y aquello parecía que si que iba a doler, pero bueno aquel dolor era diferente, no era ese que te destruye sino ese que te construye. Para Sole era todo un reto, su pánico al dolor (ahora superado) no sabía si afloraría o no, había trabajado pero era un trabajo sutil que ahora daría la cara. Nuestro único miedo era que en ese momento nos separaran, había leyendas horribles de que en los hospitales mutilaban a ese sagrado trío cuando se llevaban a la madre a la sala de dilatación, pero aquello para nosotros se quedó en leyenda (aunque luego nos enteramos de que en muchos lugares se hacía realidad) y comenzó nuestro trabajo más intenso. Las contracciones nos sacudían cada vez con más frecuencia y tuvimos que buscar energía de todas las esquinas de nuestro ser, pero no fuimos en ningún momento interrumpidos, una magnífica matrona nos visitaba con frecuencia, medía la dilatación y nos animaba a continuar con nuestro trabajo. Y transcurridas unas horas de poner a prueba nuestra preparación, Marina estaba a punto de salir; en ese momento volvió la incertidumbre a cernirse sobre nosotros, ¿me robarían ese gran momento? Inmediatamente llevamos a Sole hasta ese lugar tan terriblemente luminoso donde nacen los bebés y con enorme satisfacción escuché a alguien decir que me vistiera para la ocasión, lo hice rápidamente y nos pusimos manos a la obra.

Me tranquilizó ver que había ginecóloga (Elena) al igual que nos había tocado matrona, no por nada sino porque aunque parezca mentira aún pesa el machismo hasta aquí, donde de vez en cuando los comentarios de ginecólogos, enfermeros y matronos, en esa delicada situación, te rompen el tímpano en pedazos, amen de la violación que suponen. El respeto fue máximo, tanto de ellas conmigo como al revés. Yo animaba a Sole, empapaba sus labios con agua y observaba todo aquello con una emoción increíble. Elena dejaba hacer a la matrona, que no ordeno ni rasurar, ni enema, ni episeotomía. Todo aquello me agradaba, habíamos escuchado que todo eso era parte del protocolo, pero en nuestro caso quizás la convicción de que las cosas nos saldrían bien se materializó.

Pero Marina se resistía un poco a salir, ¿que podría ocurrirle? Matrona y ginecóloga se turnaban para intentar ayudar a Marina que parecía tropezar con la estructura ósea de Sole, así que tras un tiempo de intentos inútiles por sacar a Marina, Elena decidió realizar episectomía y utilizar vacuo. En nuestro caso se tomó esa decisión en el momento oportuno, no alegremente por acelerar el proceso. Pero en este caso el protocolo decía que ante intervención el padre debía de salir, nuestros intentos por no romper el trío fueron inútiles, pero como si lo hicieran sólo por obligación me retiraron sólo a la entrada, casi pude presenciar el momento del nacimiento y enseguida me dieron paso. Mi hija ya estaba llorando, aquella cosita se movía en la bandeja y la manipulaban bajo una lámpara de luz intensa, yo me acerque y pude ver a aquel ser que habíamos ayudado a encarnarse, mi obsesión era que cuando abriera sus ojitos no recibiera tanta luz y ponía mis manos bajo el foco, además metía mi cabeza para que cuando abriera sus ojitos me percibiera a mí, su papa, y no a la matrona que la estaba manipulando para realizar el protocolo establecido (que rollo de protocolos, con lo poco que nos gustan a Sole y a mí). Al fín abrió sus ojitos, la envolvieron y me la dieron para que la sacara a conocer a sus abuelos y a Susana que estuvo con nosotros hasta el final, fue un momento increíble el que nos regaló a todos este nuevo ser, que emoción, que momento de alegría, que superación, que cotidiano y que increíble.

Gracias MARINA

Enrique



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