Queridísimas compañeras de lucha tengo el gusto de compartir con todas vosotras la noticia de haber logrado traer a este mundo a un hermoso bebé macrosómico de 4.500 grs de peso, 53,5 cm longitud y 37 cm de perímetro craneal a través de un PVDC (parto vaginal después de cesárea) natural que tuvo lugar en el Hospital Taulí de Sabadell.
Reconozco que no fue fácil conseguirlo porque tuve un bloqueo bastante importante a mi llegada al Hospital, pues ni más ni menos me encontré de guardia al único doctor que rechazó la petición de parto natural que presenté en el Hospital. Casi me muero del susto... pero de manera casi automática nada más verle me dije a mi misma que tenía que ganarme su confianza (vaya momento de ganar confianzas... Llegué con unas contracciones bastantes dolorosas que claro está perdieron intensidad y bloquearon bastante el trabajo de parto) efectivamente le agarré la mano le clavé mi mirada, pronuncié su nombre y le dije que necesitaba que me ayudara a conseguir el PVDC. Su respuesta fue afirmativa "te ayudaré siempre y cuando las circunstancias lo permitan aunque has topado con el Dr. más antinatural" a lo que yo respondí que ya lo sabía y que por eso se lo estaba pidiendo.
Parece ser que este impulso que tuve para con el médico resultó bastante clave porque cuando acabó todo y yo tenía a mi hijo sobre mi pecho me dijo que al agarrarle la mano de aquella manera y decirle aquellas palabras lo dejé fuera de juego total, un montón de preguntas le pasaron por su cabeza, la primera cómo demonios le conocía yo y segundo cómo sabía yo que él era un antinatural y que por tanto desconfiaba de él. Al final este médico reconoció haber aprendido de mi parto al igual que la matrona de guardia, una matrona convencional que nunca ha dicho que no al tema natural pero que le ha costado dar el primer paso siempre, y que durante el trabajo de parto no hacía más que decirme lo mucho que estaba aprendiendo con Esther (la matrona de Migjorn a la que el Dr. Antinatural permitió estar conmigo) y conmigo. En verdad se la veía entusiasmada, por cierto que este miércoles pasado y para mi gran asombro se ha presentado en casa para visitarnos acompañada de una estudiante de matrona... yo he alucinado!!! También Olga (matrona del mismo hospital volcada totalmente en la vertiente natural) me adelantaba el lunes por la tarde que aprovechando el momento de euforia vivido van a solicitar o quizá ya hayan solicitado una silla de partos al jefe de Obstetricia. Este jefe con quien me entrevisté para presentar mi petición de parto natural respetado también me vino a visitar a la habitación del Hospital para felicitarme y reconoció que le había tirado por tierra una teoría suya que había defendido en un congreso reciente sobre la conveniencia de no arriesgar un PVDC con la indicación de bebé macrosómico.
Resumiendo un poco la historia, hacia las 4 de la mañana del 18 de octubre (hace casi una semana) empecé con contracciones cada 4 minutos aproximadamente pero que tenian una corta duración (unos 15 o 20 segundos) se podían ir soportando ... estuve así durante dos horas, sola en todo momento porque así yo lo prefería , estuve sentada en la cama y de rodillas en el suelo con unos cojines, eran las 6 más o menos cuando quise ir al lavabo y al incorporarme noté que había pérdida de líquido amniótico y lo más desagradable fue ver que aquellas aguas eran amarillentas..... de inmediato llamé a Migjorn, comenté el tema a Esther y claro está me comunicó que se trasladaría lo antes posible a casa, de la misma manera que si notaba algún cambio o yo no me sentía bien en casa y quería marchar al hospital que se lo indicara. Acto seguido y en otra de las incorporaciones noté como bajaba una cantidad de líquido amniótico enorme, mojé todo el pijama que llevaba puesto, y aquí sentí bastante miedo por pensar que podía peligrar la vida del bebé, además me dí cuenta que el niño apenas y se movía así que volví a llamar a Esther bastante alarmada , ella intentó calmarme y dijo que no me asustara por la cantidad de líquido, y que sobre el color no podía decirme nada porque tenía que verlo, sugirió que me diera una ducha y que ella pasaba a recoger sus cosas por Migjorn y venía a casa. En este momento, las 6.30 aproximadamente desperté a mi marido y le pedí que me hiciera una buena infusión de tila. El, claro está se alarmó y se puso bastante nervioso como era de esperar. Yo me duché y me iba concentrando todo lo que podía en las contracciones, el líquido amniótico continuaba saliendo, me senté sobre la tapa del inodoro colocando una toalla enorme que no hacía más que empapar líquido, advertí que ya no era amarillento sino que parecí algo verdoso.
Esther debió llegar hacia las 7.30hs , lo primero que comprobó era como estaba el bebé, estaba perfectamente por tanto pude respirar profundamente y seguir concentrándome durante las contracciones que ya empezaban a cobrar más fuerza. Un rato más tarde Esther me hizo un tacto y yo estaba de 5 cm y con la cabeza del bebé insinuada. Debíamos prepararnos para el traslado al Hospital. Durante el camino yo seguía concentrada y aunque era de día yo me veía inmersa en una gran penumbra. Fue en el momento en que vi al médico cuando me desconcentré y dejé de estar en penumbra y es que en ese momento pasé a estar en una fase intuitiva y por tanto dejé de estar inmersa en la parte primitiva de mi cerebro... las contracciones eran menos vigorosas.. todo parecía desmoronarse. A mi llegada me hicieron un tacto : 5cm y cabeza insinuada y a la hora o poco más de una hora tan sólo había dilatado un cm. El médico se mantuvo muy discreto y en un plano muy observador aunque he de admitir que cada vez que le veía asomarse por la puerta me costaba mucho concentrarme. Hizo (como el mismo decía) de abogado del diablo en tres ocasiones puesto que me ofreció la epidural en tres ocasiones. Ya la primera le dije que no la quería porque mis piernas se iban a adormecer y yo iba a perder el control del parto y no sabría cuando se tenía que empujar , él dijo que las epidurales actuales ya no te hacen perder tanta sensibilidad, yo me dije a mi misma que no le iba a hacer ni caso, la segunda ocasión (ya debía estar de más de 6 cm) le dije que ya no me la podía poner y el añadió sonriente que se podía poner en cualquier momento, la tercera ocasión ya pasé de él y no le di respuesta, puesto que ya había vuelto a estar activa la fase primitiva de mi cerebro. Permitieron que mi marido y Esther se fueran turnando aunque yo con quien quería estar era con Esther y así fue (mi marido lo entendió perfectamente), y sólo entró en un par de ocasiones.
Fueron muchas las posturas que adopté en penumbra (la luz era muy tenue) así estuve de rodillas apoyando mis brazos en la cama, luego apoyada en una enorme pelota, a gatas y por último en una silla de partos que Esther llevaba consigo y que le permitieron utilizar. El fantasma de la cesárea merodeaba por allí y era el médico el que se encargaba de hacerlo las 12hs y otro a las 14hs (8cm y la cabeza ya no insinuada había bajado algo pero no lo suficiente) . Me permitieron ir bebiendo pequeñas cantidades de agua y de zumo de piña, el cual me sabía a gloria porque me daba una energía increíble. Así es que a partir de las 14hs y justo cuando delante del médico pedían un poco más de zumo para mí, el médico dijo, no le deis mucho no sea que tengamos que hacer una cesárea. ¿Como? Pensé yo ¿pero que te has creído?? Sentí una rabia interna brutal y me dije a mi misma que se iba a tragar esas palabras como fuera. En ese momento Esther quizá también sintió algo semejante porque me sugirió un par de cosas, una de ellas es que mientras estaba sentada en la silla de partos y ella estaba en cuclillas frente a mi yo apoyara mi pie izquierdo sobre su pierna derecha al venir la contracción, empujé con tanta fuerza que tal vez incluso le hice daño, imagino que el objetivo de la maniobra era hacer que la cabeza del bebé rotara. Por otro lado también me pidió acto seguido que conectara con el bebé pero no tocando la barriga sino tocando su cabeza.
Reconozco que me costó un poco dar el paso pero tímidamente introduje los dedos por mi vagina y ahí estaba esa preciosa cabecita, cuando le toque empecé a hablarle a decirle lo mucho que lo quería, a que ahora era él el que tenía también que trabajar un poquito y descender. No tardé mucho en sentir unas ganas inmensas de empujar y una enorme presión en el ano. Ahí yo ya sabía que el final estaba cerca, eran dos muy buenos síntomas, no había nada que temer, sólo tenía que seguir dejándome llevar. El médico me preguntó si ya tenias ganas de empujar, le dije que sí, el fantasma de la cesárea se iba disipando. Estuve en expulsivo unos 20 minutos, las contracciones me resultaban muy dolorosas, eran enormes olas que casi me ahogaban pero que cuando marchaban para dar paso a otra dejaban unos segundos de enorme paz, una paz que me hacia sonreir mientras mis ojos permanecían cerrados en casi todo momento.
Avisaron a mi marido, que alegría eso quería decir que ya faltaba muy poco, mi marido llegó sonriente, en este momento yo sí que necesitaba apretar su mano, apretarla muy fuerte, estábamos a punto de recibir a nuestro pequeño y allí debíamos estar los dos esperando al fruto de nuestro amor, dándole la bienvenida que se merecía. Ah! Se me olvidaba decir que para el expulsivo no estuve en posición de litotomía, sino que la misma camilla en la que se pare en posición de litotomía se incorporó y adopté una posición semisentada con mis pies apoyados hacia abajo teniendo que hacer adoptar al médico una postura un tanto diferente a la habitual, (no tan cómoda como de costumbre). A las 15.28hs y tras una contracción gigantesca noté como el cuerpo de mi bebé salía del mío y lo ponían sobre mi cuerpo. Fue emocionante, no tengo palabras para describir tanta alegría y tanta satisfacción, mi cuerpo como si se tratara de un interruptor entró en una calma y paz totales. Supongo que empecé a segregar endorfinas sin parar porque entré en un estado de euforia total y lo bueno es que todos se contagiaron de esta euforia. Tan sólo recuerdo un momento muy triste, de rabia, tras el alumbramiento, tenía al médico a mi lado izquierdo y le dije que en mi parto anterior otro médico me había robado mi parto, me habían engañado, él me dijo que por qué decía eso, rápidamente me di cuenta de que él no lo entendía o tal vez no lo quería entender..... añadí que era algo que formaba parte de mi pasado y que no debía atormentarme por ello.
Nunca sentí miedo a la muerte ni sentí miedo a que mi cicatriz se rompiera, tampoco miedos irracionales ni momentos de flaqueza, lo más fuerte fue el expulsivo en el que notaba que ya no podía más, pero por lo visto es algo normal tal y como se indica en el libro de "Parto Seguro" (Ed. Medici).
Bueno y llegados a este punto debo deciros que toda esta historia ha sidoposible por varias razones:
- 1. La enorme confianza que he adquirido en mi misma sobre la capacidad de poder parir.
- 2. VOSOTRAS que con vuestra fuerza, vuestra energía vuestros ánimos habéis ido alimentando esa confianza descrita. (Me acordé mucho de vosotras durante mi trabajo de dilatación, de verdad os tuve muy presentes).
- 3. A Esther que estuvo magnífica durante todo el tiempo, fue mi punto de apoyo, hizo una labor sin igual, confió plenamente en mi y eso era muy importante para mi, necesitaba a mi lado alguien que confiara en mi y ella lo supo hacer perfectamente, aunque pobrecilla mía no sé como no la destrocé (lo digo por lo mucho que apreté sus manos, sus brazos) las palabras que pronunciaba me proporcionaban una enorme paz, me hacía sentir tan bien.....
- 4. Una combinación determinada de profesionales, de circunstancias y de actitudes a mi llegada al Hospital (la combinación del Dr. Antinatural con la matrona a la que se le encendía la chispa que llevaba escondida por dentro y un día en el que habían pocos partos que atender). Recuerdo alguna conversación entre ellos en la que el médico decía "Pero es que a mi no me han enseñado así de esta manera a mi me han enseñado de otra, tenéis que entenderlo" a lo que Assumpta replicaba "bueno pero nosotros también podemos aprender, podemos enseñarnos, yo hoy estoy aprendiendo mucho con Sole (eso lo dijo miles de veces, durante el trabajo de dilatación y después del nacimiento), ella dice que se dejo llevar por mi y por Esther, nada más que dejarse llevar. Admito que también fue clave su actuación porque estuvo a mi lado en todo momento, dejándose agarrar por mi, ayudándome a cambiar de posición.....Un beso muy fuerte, os quiero muchísimo a todas, esta historia os la dedico a todas vosotras que habéis estado siempre a mi lado, dándome un sin fin de ánimos y enviándome una energía enorme. Mª Soledad Martínez
Mª Soledad Martínez Grupo Apoyocesareas
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