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Por qué y cómo tuvimos a nuestro hijo Ramiro en nuestra propia casa.
Por qué y cómo tuvimos a nuestro hijo Ramiro en nuestra propia casa.
Autor: Rosana
Area: Parto Natural » Historias de partos

Esto no fue una decisión a rajatabla, más bien era una tentativa de que si todo venía bien el mejor lugar para que el bebe naciera era el lugar donde había sido concebido y donde viviría después.

Hicimos todos los controles prenatales y la opinión del médico era que no había ningún problema a sospechar.

De manera que después de todo lo que veníamos leyendo y pensando durante estos años desde que nació Alejandro, nos hacía mucha ilusión la idea de un parto en el que: nadie nos interrumpiera durante la labor; nadie nos dijera qué hacer a cada uno de los padres; el hermano pudiese estar presente y conocer a su hermanito ni bien nacido; no tuviésemos que dejar a Alito con otra persona para después volverle con un bebé desconocido; no se cortara el cordón umbilical de inmediato, ya que son conocidas las ventajas de dejarlo intacto hasta por lo menos minutos después del nacimiento –nosotros lo cortamos a las dos horas-; nadie se llevara al bebé recién nacido lejos de la madre para hacerle unos procedimientos que no tienen real urgencia.

Por otro lado estábamos dispuestos a acudir a la clínica si veíamos que algo se complicaba, pero sabíamos que en esos casos hay síntomas previos que dan tiempo a un traslado, si uno lo decide.

El martes por la madrugada comenzaron las contracciones, tan aisladas, diferente de cómo había sido con Ale, pensé que el bebé no nacería por lo menos hasta la noche, aunque guardaba la esperanza de que fuera antes, ya que se supone que el segundo trabajo de parto es más corto que el primero.

Ale fue a la oficina, después de acomodar la casa por si sucedía el evento y nos quedamos con Alito haciendo las actividades cotidianas, ir a la verdulería, tender la ropa, y yo me apuré porque quería coser algunas cositas que me faltaban para el nacimiento. Una mantita y un par de gorros que Ramiro pudo recién estrenar en su segundo día porque no llegaron a secarse después del lavado.

Mientras tanto las contracciones seguían, no sé cada cuánto. Nunca lo supe, salvo en un momento en que Ale propuso en medirlas, pero ya por la noche.

Estuvo en casa la señora Tina, que cuida a Alito mientras yo estoy en el Instituto. No se dio cuenta de lo que estaba pasando, yo no dije nada, y fué gracioso porque por una cuestión de sus horarios al día siguiente vino por la mañana, así que no cabía en sí del asombro al ver que el bebé había nacido tan rápido.

Alito estuvo muy impaciente y caprichoso todo el día, y yo tampoco estaba en mi máximo de paciencia, así que hubo algunos momentos de fricción, pero todo cambió cuando el bebé estuvo afuera, y ahora Alito está tan contento como pocas veces antes.

A eso de las ocho de la noche yo me habría retirado a un lugar más íntimo, pero le había prometido a mi hijo que haríamos una tarta de manzanas, que también quería tener una comida rica para celebrar el nacimiento. Como ya habíamos preparado las manzanas, renuncié a hacer la masa y usamos una masa comprada de pascualina. Ale ya estaba en casa. Tuve que pedirle que se encargara de sacarla del hormo cuando estuviese lista porque yo ya necesitaba demasiada concentración en el parto. De modo que los hombres cenaron mientras yo, ahora sí, me iba a pasar un rato sola. Llegó un momento en que me sentí triste y desalentada, que es el signo de que comienza la etapa de "transición", el cambio de la dilatación al pujo. En el primer parto no había notado esto, quizás porque estuve mucho más desalentada y asustada durante todo el tiempo. O más bien preocupada. El caso es que después de pensar si no sería mejor ir para la clínica, me recosté en la cama durante algunos segundos, minutos, no lo sé, me quedé dormida y cuando desperté sentí que las contracciones habían cambiado y que en cualquier momento empezaba la urgencia de pujar. Acondicioné un poquito la habitación, con las cosas que habíamos dejado preparadas: Ale había cubierto el colchón con un nylon por la mañana, por las dudas, y pusimos otro gran nylon en el piso sobre la alfombra. Arriba de eso puse un pad absorbente descartable. También ubiqué el espejo de manera de poder ver el parto!

Ale estaba acompañando a Alito en su rutina de irse a dormir, pero tuvieron que interrumpir porque Ramiro no esperaba más. La etapa de pujo fue bastante corta. Al no tener anestesia las contracciones eran muy efectivas y muy fuertes, y nada dolorosas en este momento. Así que de pronto vimos que Rami estaba por nacer, se veían sus pelitos. _o le había pedido que pusiera a calentar agua para mojar unos pañitos, pero antes de que el agua hirviera el bebé ya estaba afuera. Los dos Ales tenían una máquina de fotos cada uno y sacaron alguna foto, y luego Ale tuvo que dejar la cámara urgente para poder atajar al bebé.

Rami nació llorando y bien rapidito. Enseguida Ale lo puso un poquito inclinado para que cayera de su boca el resto de líquido amniótico que tenía, y luego me lo dio. Lo abracé y lo puse sobre mi pecho, pero él siguió llorando, quizás tuvo un poquito de frío, Ale trajo una toalla para envolverlo.

Así nos subimos a la cama. A Rami no lo limpiamos ni bañamos, sin embargo al ratito toda la capa blanquecina con la que nació envuelto se había absorbido y el bebé estaba limpísimo y perfumadito, un olor dulce que a Alito nunca le sentí, y que se le fue al día siguiente o el posterior.

Ale se encargó de la limpieza inmediata (llevarse el nylon a la terraza y darle una ducha) mientras yo abrazaba a Rami, que ya había empezado a tomar teta.

Después nos metimos los cuatro en la cama y Alito dijo que tenía muuucho sueño, y se quedó dormido. Llevado fue a su cama, y los padres nos dedicamos a cortar el cordón umbilical. Sí, dos horas después del nacimiento. Podríamos haber esperado más, pero yo me sentía sumamente débil (mi tradicional baja presión sumada a la pérdida normal de sangre me hacía marear si me incorporaba demasiado) e incapaz de levantarme sola, por lo que tener al bebé todavía ligado a mí no resultaba práctico. La placenta se alumbró recién siete horas más tarde. En el momento no lo sabíamos, pero encontramos que no es para nada anormal, solamente en las clínicas se tiene por norma que diez minutos después del bebé tiene que salir la placenta. Como teníamos esa duda consultamos el libro "Emergency childbirth". Estábamos realmente muy cansados, así que dormimos unas horas, Ale me preparó té con miel y agua con sal y bicarbonato (ugh...) y después... seguimos durmiendo.

A la mañana siguiente ya pude ducharme, aunque todavía estaba débil, también influyó que me había salteado la cena! Así que desayunamos tarta de nacimiento (Alito, del todo espontáneamente, la llamó "tarta de amor"!).

De manera que la venida de Ramiro fue tal como la habíamos soñado, un momento importantísimo en nuestras vidas que transcurrió con toda naturalidad. A veces la gente nos pregunta con escándalo cómo tomó Alito el hecho de haber presenciado el parto, pero a él lo que más le llamó la atención fue que Ramiro naciera "justo a la hora de irse a dormir", durante varios día contaba que era la hora de irse a dormir, y nació Ramiro!

Rosana
rabru023 [arroba] hotmail.com

Nota:
Este testimonio no constituye una recomendación a parir sin asistencia, sino un bello testimonio de la normalidad del acontecimiento de nacer en la mayoría de los casos.

 



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