Yo tengo dos hijos, ambos por cesárea sin remedio (ya lo sabía antes de quedarme embarazada, tengo una malformación que obliga a ello). No me quejo de la cesárea en sí, pero sí de algunas cosas que ocurren en los hospitales:
- que te lleven a paritorio (junto al quirófano) para monitorizar y en la sala de enfrente estén haciendo una cesárea con las puertas abiertas, y tú viéndolo todo;
- que oigas decir "esa, como siga gritando, se va a ganar una cesárea" ¡y tú esperando la tuya! ¡así dicho parece un castigo divino!;
- que no enseñen el niño a la familia (yo, claro, no pude verlo, fue anestesia general). De hecho mi segundo hijo estuvo "perdido" en el hospital, hasta que lo encontraron solito en Neonatología (el neonatólogo había salido);
- que te lleven a la habitación a las 8:00 cuando le han dicho a tu familia que a medio día y te dejen allí, atada al goteo, con una cunita a tu lado y sin poderte levantar. Mi hija lloraba y no podía ni girarme para verla, pasó una mujer y me la acunó, ¿y si hubiera salido corriendo con ella en los brazos?;
- que no me pudieran sondar y les molestara que les llamase cada media hora en la UCI para hacer pis;
- que no tuviese leche y nadie me dijera qué hacer con la niña, hasta que alguien me dijo que debía pedir yo biberón ¿y yo qué sabía cuál era el procedimiento?;
- que no hubiese cama para quirófano y me ingresaron la segunda vez porque me planté en la puerta con la maleta. Aún así, estuve diez días ingresada esperando y al abrir el útero estaba roto (dehiscencia). Pudimos haber muerto mi hijo y yo.
Con mi primera cesárea yo no sabía que es normal lo que sentí después, que me habían arrebatado la niña de mi vientre, y que esa niña que había en la cuna era muy mona pero no la sentía como mía, y me sentía terriblemente culpable por ello. Echaba de menos la niña de mi vientre.
Me recuperé fatal, al sexto día aún me estaba medio muriendo. Se me infectaron todos los puntos y tenía la barriga llena de bultos negros que el médico no quiso ni mirar. Mi marido se arriesgó y cada día me los abría y desinfectaba.
A.B.G
Este testimonio ha sido recogido por Francisca Fernández Guillén y forma parte de una investigación sobre la violencia contra la mujer en el ámbito de la sanidad. Si quieres aportar tu experiencia puedes hacerlo dirigiéndote a:
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Francisca Fernández Guillén es Licenciada en Derecho y miembro de Apoyocesáreas, Foro de apoyo psicológico y asesoramiento legal a mujeres que han sufrido cesáreas o cualquier tipo de intervención innecesaria y/o un trato vejatorio, humillante e insatisfactorio por parte de los servicios de obstetricia y ginecología.
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