Nutrición, Salud, Medicinas complementarias Libros de Salud, Nutrición y mucho más
Agroecología, Parto Natural, Lactancia Materna home | noticias | contactanos | quienes somos | registrate | 5 de Diciembre, 2016
Holistika.net HOME Nutrición Salud Parto Natural Infancia Agroecología Vida Sostenible Autoevolución Guías
HOLISTIKA » Parto Natural » Historias de partos II » Acompañando. Parto fisiológico en hospital
Parto Natural

Parto Fisiológico Parto Medicalizado OMS La Cesárea Historias de partos Historias de partos II El Bebé Lactancia Materna Libros Enlaces Agenda
<<-- volver [ imprimir ]

Acompañando. Parto fisiológico en hospital
Acompañando. Parto fisiológico en hospital
Autor: Inma Marcos
Area: Parto Natural » Historias de partos II

Guardo un grato recuerdo de un precioso parto natural al que acompañé como matrona en el hospital.

Elena ingresó en trabajo de parto, eran las 11h de la mañana de un soleado Domingo, iba a tener a su segundo hijo. Nada más llegar me dijo muy decidida: -Quiero tener a mi hijo de la forma más natural posible. Yo le contesté muy contenta: - "Pues has dado con la comadrona adecuada" Tranquila, que yo haré lo posible por que así sea.

Cuando llegó tenía el cuello de la matriz a medio borrar, y estaba dilatada a unos 6 centímetros. La bolsa de las aguas estaba intacta y era muy prominente, y la cabezita del bebé no había encajado, todavia se movia libremente.

Preferí pasarla a una de las salas de partos, donde había una cama de partos ancha y muy moderna, muy parecida a una cama de 90cm, normal. Colocar una via endovenosa y monitorizar continuamente la frecuencia cardiaca fetal son requisitos mínimos que hay que cumplir en el hospital. Yo le coloqué una via endovenosa, pero le coloqué un tapón, y no llevó sueroterapia colgando en ningún momento. La via estaba disponible para caso necesario de urgencia, pero no estorbaba para la movilidad.

En cuanto al control de la FCF, le coloqué solo la "correa " del latido fetal, y las contracciones las iba yo marcando en el papel con boligrafo cada vez que las tenía. De esta manera una molestia menos. Además como los cables eran largos, y la máquina tenía ruedas, Elena podía estar de pie, en cuclillas, y moverse con bastante libertad.

Las contracciones habían disminuido mucho su frecuencia desde que había llegado al hospital, solo tenía una cada 15 o 20 minutos. Yo sabía que esto era debido a un periodo de adaptación, Elena debía coger confianza conmigo, y con el lugar donde estaba, para poder proseguir con su parto. Sólo era cuestión de saber esperar. Pero uno de los ginecólogos de guardia entró y al ver las escasas contracciones me sugirió que utilizara oxitocina, por que "supongo que ya le habrás roto la bolsa, ¿no?, ¿no?, Dios me libre", "si está la cabeza libre, no lo encuentro prudente", le dije yo. "Bueno, tu misma, yo encuentro que un poco de oxitocina no le iria mal".

Salió el ginecólogo y entró una residente de primer año, encendiendo luces y hablando fuerte, con los brazos cruzados, y plantada delante de la mujer, y mirándola fijamente: "¿Que?, ¿como vas? ¿parirás pronto?"

Amablemente, y disimulando con un sonrisa, la empujé hacia afuera, apague las intensas luces, dejando solo una suave luz indirecta, como tenía yo antes de que entrara la residente. Entonces la residente, en el pasillo me pidió que quería hacer ella el parto. Yo le dije que si, pero que este parto iba a ser diferente de lo que ella conocía, y le expliqué 4 nociones sobre parto natural. Era importante no activar el neocortex con luz y preguntas. Tampoco nada de protagonismos, y no manipular ni tocar mas que lo imprescindible.Ella se quedó fuera, pues había urgencias ginecológicas para atender, y yo me quedé con Elena. A las 13h se reanudó la dinámica uterina, las contracciones eran intensas, pero Elena respiraba lento y suave, y sonreía mientras suspiraba, al terminar cada contracción. A las 14h, el equipo decidió bajar al comedor, puesto que no había ninguna otra mujer de parto, y yo me quedaba con Elena. Ellos me subirían una bandeja. El jefe de la guardia quiso que hiciera un tacto vaginal a Elena para poder comer con tranquilidad: Todavía estaba a 6 centímetros, el cuello estaba ya borrado, aunque grueso. La cabeza seguía libre. Se fueron tranquilos, y advirtiendo que a la vuelta si no había adelantado habría que romper la bolsa , y poner oxitocina.

Ellos salieron, y Elena suspiró y me dijo: Bueno, tengo que parir antes de que vuelvan..., yo reí, pues pensé que bromeaba, claro. Me pidió que cerrara la puerta, que había quedado abierta, y se colocó en cuclillas, moviendo la pelvis con cada contracción, y estas empezaron a sucederse con mucha frecuencia, y con mucha intensidad. Habían pasado apenas 20 minutos cuando Elena empezó a perder los papeles y escuché el primer grito de expulsivo, instintivamente apretaba con fuerza, agarrándose a la cama. Quiso subir a la cama de partos, que como he dicho antes era una cama de 90 cm, con mucha movilidad. La coloqué sentada del todo, y retirando la parte inferior de la cama, sus pies se apoyaban en unas repisas, de manera que quedaba colocada, como en una silla de partos, pero más alta. Ví la bolsa de las aguas abombando en la vagina, como una tela blanca, translúcida, a través de la cual se veía el cabello negro del bebé.

Elena lanzó un alarido tremendo, y justo entonces entró todo el equipo de guardia con la respiración agitada y la mirada de terror. Yo me los quedé mirando, serena, y sonriendo: Todo está bien, les dije. La residente, toda nerviosa: "¿Me lavo? ¿Me lavo?", -"No te laves", le dije yo, ponte unos guantes y haz lo que yo te diga, de momento nada. La bolsa estaba abombando tremendamente, con la cabeza abombando dentro a un cuarto plano. La residente se situo delante, y yo, previsora de lo que iba a pasar, me quedé en un ladito, junto a la pierna de Elena, y le indiqué que protegiera periné con una gasa, mientras recomendé a Elena, que soplara rápido y suave, pues era el punto máximo de distensión del periné.

Entonces reventó la bolsa, y la residente, y todo lo que había tres metros por delante quedó empapado en aguas limpias. Y todo seguido la cabecita de Pep salió, salieron los hombros, y ayudé a Elena a que fuera ella la que recogiera a su niño, que colocado encima de la piel de la mamá, fué tapado con toallas calientes, y se le colocó un gorrito.

Apenas lloró unos segundos, aunque con fuerza, luego se quedó tranquilo. Entonces los que lloraban eran los papás, pero de emoción y felicidad. Yo tambien me emocioné mucho. Mientras la residente se quejaba de la ducha recibida. No hubo nada que suturar, la placenta salió sin problemas, y Elena quiso salir andando de la sala de partos.

Cuando fuí a verla a la noche, me dijo que le dí mucha confianza en que todo iba a ir bien, y que no tuvo miedo en ningún momento. Y ante todo agradecía a Dios haberme encontrado de guardia. Pues en el parto anterior, tambien quiso parir natural, pero encontró una matrona que no respetó su deseo, y todo acabó con peridural y forceps. Me dijo que era una injusticia que algo tan importante en tu vida como era tu parto soñado, dependiera de algo tan poco importante como quien encontraras de guardia.

Yo la verdad, disfruté tanto con este parto que no me importó lo mas mínimo no haberlo asistido yo.

Inma Marcos
Matrona. Barcelona



Holistika
Recomienda...
Subscribirse
Subscribirse a
Nuestro Boletín
La revolución del nacimiento - eBook
La revolución del nacimiento
La revolución del nacimiento
es un libro liberador. La ciencia ha demostrado que la seguridad del parto normal no depende del uso de tecnologías sofisticadas que someten a la mujer
© 2006 Holistika • Email de ContactoAviso Legal