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Historia de mi parto
Historia de mi parto
Autor: Raquel
Area: Parto Natural » Historias de partos II

Se me hacía insoportable el pensar en otras 24 h en esa sala, lejos de mi bebé. ¿Cómo tenía tanto poder ese médico sobre mí, sobre mi vida? ¿quién se lo había dado?  Una enfermera me indicó que por la tarde me dejarían levantarme y que si estaba bien y no me mareaba, entonces podría ir a ver al niño. ¿Cómo pensaba impedírmelo?

En la semana 39+2 el parto se inició de forma espontánea, no había sentido ninguna contracción hasta el momento, ni siquiera de las de “preparación”. Pasamos el día de compras en IKEA y acabé cansadísima, hasta el punto que cené sobre las 20.00 porque había que comer pero el cuerpo solo me pedía descanso. A las 23.00 noté una sensación rara, fui al baño y al secarme vi que el tono era rosado. No era una hemorragia pero algo me dijo que el parto estaba cerca y como estaba tan cansada decidí meterme en la cama a descansar, nada más tumbarme noté la primera contracción, muy intensa y desde luego inconfundible. La siguiente tardó en llegar diez minutos y a partir de ahí venían aproximadamente cada 3 minutos y tardaban en pasar otro tanto, apenas tenía tiempo de descansar entre contracciones y no sabía cómo ponerme para sobrellevarlas porque eran muy dolorosas.

Tal como me habían indicado, 2 contracciones en 10 minutos era señal para acudir al hospital, nos fuimos al hospital universitario La Paz (Madrid) donde llegamos sobre las doce de la noche. Al bajarme del coche la bolsa ya estaba rota, ahora sé que en casa debió producirse una fisura pero entonces lo desconocía. Nada más entrar me tomaron los datos y me hicieron el primer tacto, llevaba 2 centímetros de dilatación. Me llevaron sola a una habitación y me pusieron el enema (la persona que lo hizo fue la más amable que me encontré allí, pero ya no la volví a ver, una pena!), me colocaron la vía y en ella antibiótico ya que era portadora del streptococo B. Las contracciones seguían igual de seguidas y dolorosas hasta el punto que no fui consciente del momento en el que me colocaron la vía y me sacaron sangre, y eso que para mi un simple análisis normalmente me supone un ataque de ansiedad. El dolor hacía que me evadiera de todo lo externo. 

Con unas contracciones de ese tipo y arrastrando el suero, no fui capaz de llegar al baño a tiempo con lo que se manchó el suelo de la habitación, al decírselo a la enfermera se molestó mucho y me hizo subir a la cama de malas maneras y sin ayudarme lo más mínimo, allí me colocó sobre un empapador y me indicó que no me moviera que luego vendría a limpiarme ella. Yo, sumisa, obedecí, la verdad es que con los dolores no tenía tiempo ni energía que perder discutiendo. Ahora conozco el riesgo innecesario al que me sometió esa enfermera, ya que mis genitales quedaron cubiertos de heces y la bolsa de líquido amniótico estaba rota, esto podía haber ocasionado una infección y afectar gravemente a la salud de mi bebe pero supongo que como tenía antibiótico en la vía y allí disponían de mucha cantidad del mismo, la enfermera decidió que yo asumiera ese riesgo sin ni siquiera saberlo. Hubiera sido mucho más inteligente permitir la presencia de mi marido y que este me hubiera ayudado a desplazarme por la habitación sin manchar nada, o incluso limpiarlo si se llegara a manchar hubiera sido más sensato que arriesgar la salud de un bebé, y ni hablar de la solución óptima que hubiera sido prescindir del enema, tal como recomienda la OMS.

Posteriormente apareció una doctora con la mencionada enfermera para monitorizar internamente al bebé, les costó porque las contracciones eran muy intensas y seguidas, pero al final lo consiguieron y desde entonces oía en la habitación el corazón de mi bebé. Me hicieron otro tacto para ver la dilatación, desconozco qué personas lo realizaron pues nadie se identificó ante mi, ni por nombre ni por profesión, pero sé que una era residente y cada tacto suponía dos, el de la persona en prácticas y el de la persona no en prácticas. Ahora sé que los tactos con la bolsa rota suponen un riesgo de infección, y me pregunto por qué sin mi consentimiento me sometieron al doble de tactos de los que creían necesarios. Debieron suponer que yo estaba dispuesta a asumir ese riesgo con el fin de que una persona aprendiera, por lo que no era necesario no ya mi consentimiento sino tampoco el informarme.

Me ofrecieron la epidural, la cual me habían vendido estupendamente en el curso de preparación al parto, todo ventajas, ningún inconveniente-riesgo ni para mi ni para el bebé. Como ya conocía el escrito de consentimiento lo firmé y acto seguido dejaron pasar a mi marido a la habitación. A los diez minutos de estar allí aproximadamente me llevaron a otra sala para ponerme la anestesia. Me desnudaron completamente y me subí a una camilla en posición sentada, piernas cruzadas sobre la camilla y ligeramente inclinada sobre mí misma. 

Volví a la habitación y me relajé hasta el punto de desconectar del parto, estaba muy cansada. Necesité a mi marido mucho antes, cuando sentía las contracciones y no tenía la agilidad de movimientos que se me exigía, pero parece ser que la presencia del padre en el parto es algo simbólico. 

En una ocasión el monitor dejó de sonar y mi marido salió al puesto de enfermeras a comentarlo, le indicaron que era normal y que a veces pasaba, a todo esto nosotros desconocíamos si fuera de nuestra habitación recibían el registro de monitorización.

Recuerdo otro doble tacto pero no recuerdo muy bien el momento cronológico en el que se produjo. A mí no se me comunicaba el grado de dilatación, solo conozco lo que oía cuando hablaban entre ellas, está claro que yo no era alguien importante en mi propio parto.

Sobre las cinco y media de la mañana entraron en mi habitación y me llevaron al paritorio para hacer una prueba al niño, no dijeron más, mi marido tuvo que quedarse en la habitación. Sacaron sangre de la cabecita del bebé para ver el ph, justo después de hacer la prueba dejó de oirse el corazón del niño, solo algún latido de vez en cuando, cambié de posición a ver si mejoraba, tumbándome de lado, pero no funcionó, repitieron la prueba y seguía dando bajo. Yo no hablaba por no molestar, la situación era muy tensa porque era evidente que algo no iba bien o mejor dicho iba bastante mal. El latido no se oía y, muerta de miedo, solo podía pensar: “late, late,late,late”

Me subí al potro y comprobaron que la dilatación era completa (otros dos tactos), me hicieron empujar unas 3 veces, el bebé estaba alto (lo cual era lógico pues estuve todo el tiempo tumbada boca arriba) así que una de las doctoras se subió encima de mi tripa para empujar al bebé hacia abajo cada vez que yo pujaba, me hizo bastante daño pero la verdad es que no me importaba. Estaba muy preocupada, los latidos no se oían como debían, tenía mucho miedo. Los pujos fueron totalmente dirigidos ya que con la anestesia no sentía cuando venían las contracciones.

Las doctoras me indicaron que el bebé podía tardar en nacer por vía vaginal unos 15 minutos, pero no teníamos ese tiempo, era necesario practicar una cesárea urgente. Me cambié de un salto del potro a la camilla como me indicaron y salimos corriendo.

A todo esto, yo estaba sola en el paritorio porque a mi marido le dejaron entrar de forma intermitente entre las dos pruebas del ph, no le informaban de nada simplemente se dirigían a él para decirle “que entre el padre” y a los dos minutos: “que salga el padre”, y así varias veces, ni siquiera estuvo presente en los pujos, esperaba fuera cuando vió que me sacaban a toda velocidad en una camilla.

Ya en el quirófano me pusieron otra dosis de epidural pero luego cayeron en que no podíamos esperar los 10 min que tarda en hacer efecto así que me durmieron del todo, lo último que recuerdo es a alguien diciendo que no tenía localizada ninguna de mis constantes.

Cuando desperté estaba saliendo de una habitación y justo ahí estaban mi marido y mi padre, medio aturdida les pregunté por el niño y sin que pararan la cama un segundo en el pasillo, ellos me dijeron que estaba bien, en la incubadora, pero sus caras no decían eso, ahora sé que era por el susto que se habían llevado pero entonces solo pensé que si mi hijo estaba muerto ellos no me lo habrían dicho así, mientras la cama no dejaba de alejarse de ellos. No comprendo la prisa que había en trasladarme, ¿no se pudo parar unos minutos, quizá solo uno para informarme en condiciones de que mi hijo estaba vivo? Parece ser que no.

Me trasladaron a la sala de reanimación, entré temblando fuertemente por lo visto por la anestesia. Estaba tumbada boca arriba y permanecí así más de 24h, no sabía que cables tenía conectados, ni siquiera me lo planteé, tampoco recuerdo exactamente como era la sala ya que en esa posición no la veía completamente. En cuanto sentí que una enfermera se acercaba le conté mi angustia por no saber si mi hijo estaba vivo o muerto pero ella me contestó que allí no sabían nada de los niños que solo tenían a las madres y se alejó. Aún hoy no lo entiendo. A mi familia les dijeron que yo ya había sido informada de todo y que no podrían verme hasta la una de la tarde (mi hijo nació a las 6.10 de la mañana). Me pasé unas 7 horas pensando en cómo estaría mi hijo, si es que vivía, vueltas y vueltas y vueltas en mi cabeza, allí tirada, sin poder moverme ni pedir ayuda, prisionera. Llegué a aislarme tanto de mi cuerpo que no me moví para nada, solo la cabeza. Llevaron a planta a las otras mamas y me quedé sola, sonó el teléfono y por lo que hablaban comprendí que era mi familia, le grite a la enfermera “ y el niño, qué tal está?” pero no fue capaz de trasladar mi pregunta a través del teléfono y tras decirles que yo estaba perfectamente colgó. Me sentí tan desesperada como un naúfrago que ve como se aleja un avión sin haber visto sus señales. He de decir que recuerdo una enfermera amable que salió varias veces a la sala de espera para que pasaran mis familiares porque como yo estaba sola podían entrar antes de la hora, pero allí no estaban mis familiares, mala suerte que no fuera esta persona la que cogió el teléfono, mi angustia hubiera terminado un poco antes.

Por fin apareció mi madre en la sala y según empezó a hablar contándome lo bonito que era mi niño, comprendí que estaba vivo, me eché a llorar y giré la cabeza, ni siquiera me tapé con las manos en un acto reflejo, mi cuerpo estaba totalmente anulado, supongo que fue el estar inmovilizada, el que todo el que se dirigía a mi lo hacía para controlar algo, suero, orina....sin importarles yo, y las vueltas que dio mi cabeza en esas largas horas, todo hizo que me abstrajera de mi cuerpo. Mi madre no entendía mi actitud, ¿por qué estaba así?, cuando pude decir algo le expliqué que hasta ese momento no había sabido que mi hijo estaba vivo. Días después me comentó que cuando me vió tenía la cara hinchada, cosa que desapareció en poco tiempo, una vez conocí el estado de mi niño. ¡Y la enfermera le dijo a mi marido que yo estaba perfectamente! Que poca idea.

Desde este momento hasta que vi por primera vez a mi hijo aún tendrían que pasar más de 24 horas.

Pude ver a mi familia un ratito y luego seguí ahí tirada sin moverme, pasaron las horas del día y de la noche, en la que apenas se pudo dormir porque entró en la sala una persona muy mayor que se pasó toda la noche llamando a gritos a su hijo, a la mañana siguiente, sobre las diez creo, (no se de donde tengo este recuerdo, supongo que del oido, este sentido es el que me proporcionó la mayoría de la información durante mi estancia en esta sala), apareció un doctor pasando revista, yo oía como a las que vio antes que a mi les requería unos requisitos para irse a planta, datos sobre la coagulación de la sangre y la cantidad de orina. Me encontré suplicando en mi interior que yo lo tuviera todo bien para poder salir de allí, se me hacía insoportable el pensar en otras 24 h en esa sala, lejos de mi bebé. ¿Cómo tenía tanto poder ese médico sobre mí, sobre mi vida? ¿quién se lo había dado? Afortunadamente todo estaba bien y me subieron a planta. Mi niño estaba en neonatos y hasta la tarde no podía bajar a verle. Ante mi insistencia en querer ver a mi hijo una enfermera me indicó que por la tarde me dejarían levantarme y que si estaba bien y no me mareaba, entonces podría ir a ver al niño. ¿Cómo pensaba impedírmelo? Tendría que haber estado inconsciente para no poder ir. Recuerdo que en estos momentos estaba muy, muy enfadada, ni siquiera quería hablar con las personas que llamaban para felicitarme, no sabría que decirles, yo no conocía a mi hijo, la gente venía y me decía lo bonito que era, un montón de gente lo vio antes que yo y él conoció a mucha gente antes que a mi, oyó muchas voces antes que la mía, no estaba enfadada con la gente que llamaba pero no podía mantener una conversación con nadie sobre mi hijo, no sabía nada de él. Lo único que deseaba era verlo y me limité a ver pasar las horas desesperada, haciendo todo lo que me decían, una chica buena.

No comprendo como puede haber tanta insensibilidad. Mi hijo se pasó dentro de mi 9 meses, juntos a todos los sitios, oyendo constantemente el latir de mi corazón, el crujir de mis tripas, de mi estómago, nunca había estado solo, yo era su mundo, todo, yo lo era todo para él. Le había contado que cuando naciera todo iba a ser maravilloso, que siempre estaría con él y que mis brazos le arroparían. Y de repente alguien lo arrancó de mi vientre y se lo llevó lejos, lejos de todo lo conocido para él, no escuchó mi voz, ni tuvo mi abrazo, es más ni siquiera tuvo el de su padre o el de algún ser querido y conocido para él, se encontró solo en una incubadora, con gente que no le hablaba con cariño, solo le pinchaban le movían, le zarandeaban y a todas estas personas eso les parece lo normal!. No entendieron mi angustia por separarme tan bruscamente de mi hijo, por no saber si vivía o no, por necesitar su presencia constante, actuaban como si yo hubiera comprado un Kg de patatas y me lo hubiera dejado en la tienda, “tranquila ya veremos, si estas bien igual esta tarde....” realmente ¿esta actitud es normal? Creo que se me faltó al respeto profundamente, se me consideró un trozo de carne al que controlar una serie de constantes y si estas estaban bien pues yo estaba bien, alguien debería explicarles que las cosas no son así que yo no estaba bien y no estaba bien por su modo de actuar. De hecho el día que nació mi hijo debía de haber sido el más maravilloso de mi vida y sin embargo fue el peor. No vi la luz del día, estuve aislada de mis seres queridos, no le conocí, solo estuve secuestrada sin posibilidad de escapar. No recibí un trato digno, no se respetó mi derecho a la información. La patria potestad de mi hijo nos pertenecía exclusivamente a su padre y a mi y el hospital actuó como si esa persona fuera suya, igual que yo, hicieron conmigo lo que quisieron como si yo solo fuera algo de su pertenencia, y yo era una persona adulta, sana, en perfectas condiciones mentales, a la que anularon totalmente, maltrataron psicológicamente y a la que causaron unas secuelas difíciles de olvidar.

Cuando un bebé nace hay un periodo corto pero crítico en el que se produce el vínculo con la madre, nos robaron este momento importantísimo en nuestras vidas. Esta separación tan brutal también supuso una amenaza importante para la lactancia materna, la cual se llevó a cabo con éxito a pesar de las actuaciones del hospital. 

Considero que el aislamiento de una persona es una forma de tortura y al recordar todo esto me siento así, torturada, aunque con el importante matiz de que no veo a las personas que me causaron el daño como torturadores ya que no lo hicieron de forma intencionada. Por eso no busco ningún tipo de castigo, solo que las cosas cambien porque tratar así a las personas no está bien y se sigue haciendo diariamente.

Me gustaría especificar que en ningún momento se dirigió a mi ningún trabajador del hospital (ya no digo médico) para comunicarme cómo había trascurrido la operación cesárea y cómo se encontraba mi hijo, a pesar de que a mi familia se le dijo lo contrario. Durante el parto nadie se dirigió a mi para presentarse como matrona, ginecóloga.... de hecho sé cual es la cara de la matrona que “asistió” mi parto porque pensé que la matrona era otra persona y al preguntarle, no recuerdo el qué, me indicó que no era ella la matrona sino aquella otra persona de allí. Con esto decir que mi matrona fue un cero a la izquierda en mi parto, después en esta lista he descubierto lo bonito que es ese trabajo y me pregunto si ella sabe lo que se pierde o lo que la obligan a perderse.

He solicitado al hospital mi historial clínico con la idea de conocer los datos técnicos de mi parto y el hospital no me lo facilita. ¿Es normal que yo no conozca el nombre del personal que me atendió? ¿qué no conozca el nombre de la doctora que me practicó la cesárea?

Soy consciente de que el personal que me trató es buena gente, pero el trato que me dispensaron fue malo y lo achaco más bien a los protocolos establecidos y a la rutina del día a día. El personal sanitario debe ser sensible al hecho de que no trata con máquinas sino con seres humanos que además están en un momento especialmente vulnerable.

A raíz de esta experiencia me he puesto en contacto con numerosas madres que han pasado por situaciones parecidas y todavía no he encontrado ningún otro hospital en el que la madre permanezca separada de su bebé un mínimo de 24h en la sala de reanimación, alejada no solo de su bebé sino de su ambiente familiar. Tras una cesárea, aunque la anestesia sea general, las mamás suelen subir a planta en un intervalo de 2-4 horas y muchas veces no se separan de su bebé ni siquiera este periodo. 

También he contactado con personal del Hospital La Paz y me han informado que la razón de pasar este tiempo en la sala de reanimación no responde nada más que a la forma en que el hospital ha organizado el proceso, allí las enfermeras te vigilan y al día siguiente el médico anestesista te da el alta (o no). Conozco personas que han sido sometidas a operaciones importantes y en cuanto despiertan de la anestesia son llevadas a planta. Sé que en mi caso el haber estado rodeada de mi familia hubiera sido una gran ayuda en esos momentos, aún cuando no hubiera estado con mi hijo por estar él en neonatos, es más, aún él ingresado en esta unidad y dado su estado podría haber permanecido a mi lado o su padre al suyo.

No pretendo ninguna compensación por el daño sufrido pero me aterra pensar que cada día hay muchas mujeres que están pasando lo que yo pasé, que todos los días esa sala está llena de mujeres separadas de sus bebés recién nacidos. Creo que eso debe cambiar porque es un trato inhumano y no está justificado en ningún caso. Si no “quedamos bien” en la planta de maternidad por nuestra sondas, sueros, bolsa de orina..... pueden habilitar una zona especial, pero aislarnos de nuestras familias y separarnos de nuestros bebes es, simplemente, inaceptable.


M. R.

Julio 2002



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