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M.M. Una experiencia inolvidable.
M.M. Una experiencia inolvidable.
Autor: Maribel Matilla
Area: Parto Natural » Historias de partos II

Una niña de 2,700 Kg con una súper episiotomía ¡Qué vergüenza! Yo digo súper porque fue de más de 4 puntos y es que creo que si me hubieran acompañado en el expulsivo, escuchando mis deseos, no hubiera necesitado apenas puntos, la niña no era grande.

Me siento orgullosa a pesar de que ahora sí que me veo preparada para exigir lo que hace 2 años no pude a pesar de saber. Con el paso del tiempo he madurado el poder de la naturaleza y he iniciado un crecimiento personal en ese sentido.

El padre de Lara y yo no nos habíamos planteado otra forma de parir que la del hospital, a pesar que yo había leído a Michel Odent y S.Kitzinger, y por mi trabajo en contacto con madres y sus sentimientos de fracaso/éxito en relación a la lactancia me hacían tener dudas (soy enfermera de pediatría en atención primaria y miembro de ACPAM, una asociación sin ánimo de lucro en defensa y promoción de la lactancia) Pero yo creía firmemente que debíamos estar de acuerdo en eso porque si yo ,por ejemplo, decidía parir en casa necesitaba que él estuviera muy presente.

Por todo esto y por el tema que en "casa del herrero, cuchara de palo" además, si eres profesional de la salud la familia se apalanca porque tú lo tienes que saber todo y en esto YO NO QUERIA SER ENFERMERA SINO MADRE. Bueno, pues decidí buscar un lugar donde en la preparación al parto y lactancia fuera imprescindible la colaboración de los dos implicados y explicaran el embarazo, parto y postparto lo más alejado al sentido de que es una enfermedad: lo encontré en una asociación que prepara para el parto en casa y creo que para mí también fue una bendición.

No fue hasta el último mes de embarazo que pensamos que quizás no era tan buena idea lo de ir al hospital. Además empecé a preguntar y exigir cosas en los controles del hospital y empecé a notar la posible realidad. Había escogido Hospital Sant Joan de Déu, por la lactancia y el servicio de prematuros (aún cuando mi embarazo y la Lara iban perfectos) Había dejado de lado la Maternidad de Barcelona, hospital en el que sabía que estaban cambiando rutinas hacía un parto más natural. Pero no nos vimos con fuerzas para cambiar tanto nuestro entorno en apenas 1 mes y sentíamos que habíamos conseguido progresos ya que éramos plenamente conscientes que no estábamos enfermos y que conocíamos todo el proceso y poder de nuestro cuerpo.

El parto empezó un jueves a las 6h de la mañana: noté unas contracciones suaves pero diferentes a otras que había tenido, venían de más adentro; salió el tapón mucoso. No rompí aguas.

Fuimos al cabo de 6 horas al hospital para confirmar la situación y nos dejaron volver a casa, estaba de 1 cm.

En casa me movía con naturalidad, hacía lo que me apetecía sin pensar mucho: música, masajes en la espalda que le pedía a Carlos, bailé danza oriental que me gusta mucho y me relaja la pelvis...Pensaba y me concentraba en Lara (tal y como nos habían dicho creo que es muy importante), la masajeaba y ...respiraba...

Mi madre se presentó en casa y no podía entender cómo estábamos tan tranquilos y cómo nos podíamos fiar de nosotros mismos. Ante la insistencia y por no pasarnos de listos volvimos a las 22 h. al hospital. Siguieron confirmando 1 cm. y volvimos a casa.

Cuando las contracciones fueron alargándose en duración ( hacia el minuto) y más frecuentes (cada 5-7 min) a pesar de no haber roto aguas y palpar solo 3cm nos fuimos a que lo valoraran en el hospital. Eran las 15 h.

En el hospital me ingresaron y en la habitación las contracciones fueron más seguidas 3-5 min. Se empeñaron en el enema y la enfermera no me hizo caso cuando le pedí el zumo que me dijo abajo la comadrona. Pero se asustó cuando vió que tenía contracciones 2 veces mientras ella estaba en la habitación. Lástima, porque creo que si hubiera estado más rato en la habitación me hubiera sentido más cómoda, era amplia, estaba sola con el padre de Lara y mi madre que no entendía nada - aunque ni me fijé- sólo estaba por mí y para que Carlos estuviera por mí, dejándome colgar de sus hombros durante la contracción. Me gustaba la relajación que sentía en mi pelvis cuando se estiraba la espalda al colgarme.

Me bajaron de nuevo, esta vez a la sala de dilatación. Dejaron el padre de Lara afuera mientras me preparaban y "pasaba el examen" (si lo apruebas entran sino tardan más hasta que lo superas según sus criterios).

Yo notaba que no me apetecía estar por los demás, ni pedir las cosas bien explicadas, ni discutir, ni cambiar impresiones, ni estar pendiente de lo que me hacían. Así que enseguida a la comadrona le dije que no quería epidural y que quería un parto natural ella me tranquilizó porque me dijo que ella siempre había parido sin epidural de natural: !!uf!! que bien, me van a entender! Pero duró poco porque olvidé que en la sala de partos también hay ginecólogos y enseguida vino a que le explicara porque no quería la epidural y le dijo a la comadrona que me pusieran la vía del suero y el registro. Yo respondí al cuestionario y para protegerme ( qué lucidez) le dije que esperaba que luego si pedía la epidural no me castigara "¿y por qué? me dijo" Ni le contesté, sólo le dije que quería tener a la niña en el vientre mientras latía el cordón, que no quería episiotomía . Me prometieron no usar la oxitócina y no me dejaban mover de la camilla ¡qué horrible las contracciones en una camilla! ¡es insoportable! Tan insoportable que las contracciones me bajaron a cada 10 min. Ellos ni se percataron de porqué, sólo dijeron que aún me quedaba(quizás para que pidiera la oxitocina...) Estoy segura que después de aquella puesta en contacto con la realidad, las preguntas,.. el no dejarme tranquila, hizo que se enlenteciera la dilatación. Empecé a intuir que las cosas no iban a ir cómo había pensado

Así se lo dije al padre de Lara cuando le dejaron entrar. Le comente mis temores, habló con ellos respecto a la posibilidad de moverme y le comentaron lo mismo. Entonces decidimos que así el parto no iría adelante, las contracciones seguían cada 10 min; entonces pedí la epidural, masajee para estar en contacto con Lara y le dije lo que pasaba y que la quería y que pronto nos tocaríamos y nos sentiríamos...

Eran las 20,30h al ponerme la epidural me debí relajar y en nada rompía aguas y noté que todo se aceleraba. La comadrona, que había sido la única que me había hecho sentir persona adulta, me dijo que se iba a cenar y yo estuve a punto de decirle qué volviera pronto, pero pensé que no tenía lógica que en 1 hora dilatara de 3-4 a 10 cm., tenía miedo de perder el único buen referente de respeto. Luego supe que mi instinto sabía que el parto iría rápido y que ella no estaría.

Creo que hice bien en utilizar la epidural, creo que si hay que parir en una camilla es normal que todo el mundo la necesite, no es por comodidad. Yo no hubiera dejado seguir el parto con buen ritmo porque lo externo me estaba amenazando demasiado y no podía estar tranquila, concentrada en el trabajo de mi cuerpo. Durante ese espacio de dilatación después de la epidural intensifique el masaje y ponía las manos buscando a la Lara, hablándole, pensando en ella, cómo estaría ahora, supongo que mejor porque decían que las contracciones se aceleraban: volvía a ponerse en marcha el trabajo de salida. Recordaba lo que había visualizado de cómo sería su llegada, unos ojos abiertos sobre mí...

Al cabo de 1h. yo noté ganas de empujar, no me lo podía creer tan rápido. Estaba confirmado que el que te dejen tranquila ayuda mucho. Estaba orgullosa como persona de haber sabido valorar la situación y sobreponerme a la mi supuesta frustración por no poder demostrar que podía parir por mí misma (ahora estoy segura a pesar de no haberlo hecho, el tiempo que recuerdo con más gozo son las 36 horas de contracciones que resolvimos solos). No podía moldear el ambiente y no era el momento de hacerlo. Decidir disfrutar la situación cómo fuera, buscar la máxima comodidad y ser lo más protagonista posible dentro de la rigidez de la organización.

Los pujos fue otro examen. Me dijeron (el ginecólogo y el residente) que no entraría el padre hasta que no les mostrara que colaboraba en los pujos (madre mía pensé!, en Titania nos enseñaron a dejarnos llevar!), ya me empecé a enfadar, tenía ganas de empujar y le dije que ya me habían enseñado - para ir al grano-. Pero él se empeñó en que le escuchara y hiciera como el decía. Así que cuando me dijo "ahora pruébalo" yo le dije: " ahora se espera, que se me han pasado las ganas al escucharlo". Esto no le debió gustar porque aunque yo no era muy consciente vi que abrían el gotero que habían mantenido cerrado: la oxitocina, así que empecé a tener pujos por narices. Les dije que no me hicieran la episiotomía, que cuando me dijeran no apretaría, (para no desgarrarme): el padre de Lara y yo creemos que ya la habían hecho, quizás ni sabían a que me refería ¿?

Fue un momento muy violento para mí, estaba en una postura incómoda, alguien me doblaba el cuello fuertemente hacia delante y no me dejaba respirar bien (menos mal que entró Carlos que luego me explico que el sufría al ver como me doblaban el cuello y me ayudó a levantar la espalda tal como nos habían enseñado) estaba realmente enfadada y sabía que no me estaban haciendo caso.

Lara salió llorando como una energúmena (ella gritaba por ella y por mí, ¡qué bien!). Miré al ginecólogo con una mirada fuerte, agresiva, recordándole que me había dicho que si la niña estaba bien me la dejaría sobre el vientre. Entonces él dijo que me la dejaran sobre de mí: que emoción!, era preciosa con unos ojos negros bien abiertos y llorando mientras nos miraba a mí y a su padre ¡cuántas emociones de amor, ternura, agradecimiento a la Vida,...!, le di las gracias a su padre pues realmente estaba muy feliz porque lo había sentido muy cerca, la cariaba y al cabo de unos minutos dejó de llorar. La comadrona llegó en ese instante, le dije ¡menos mal que has llegado! Me alegraba sinceramente creo que el que ella estuviera allí hubiera variado el curso del expulsivo. Y su presencia me garantizaba el contacto precoz y el inicio de la lactancia, para mí muy importante.

Es curioso, ahora ya me sentía con ganas de expresar y discutir sobre lo que me acontecía. Por ejemplo: me hacían un daño horroroso al coserme la episiotomía, tan fuerte que le pedí al padre de Lara que el contacto piel a piel lo hiciera él porque yo me sentía muy excitada. Una niña de 2,700 Kg con una súper episiotomía ¡Qué vergüenza! Yo digo súper porque fue de más de 4 puntos y es que creo que si me hubieran acompañado en el expulsivo, escuchando mis deseos, no hubiera necesitado apenas puntos, la niña no era grande. Mi suelo pélvico en la actualidad aún se resiente, y ... los 10 días después del parto fueron horribles: un castigo porque me sentía contenta para estar disfrutando de la maternidad pero tenía aquellas "marcas" dolorosas. Parecen hechas para que te acuerdes y no los olvides, a "aquellos hombres".

Les grité que me hacían daño, que si iban a continuar así que me pusieran anestesia. ¡Tantas ganas de epidural y luego les cuesta poner un poco de anestesia local!

Cuando acabaron Carlos me ofreció a Lara, y Mª José (la comadrona) me ayudó sin decirle nada a ponérmela al pecho. Me enseñó un truco para llevarla en la camilla y que pudiera amamantar: me enseñó que si ponía el brazo del lado donde está mamando la niña( debajo de ella)podía mamar sin girarme hacía ella.

Ya no me separé de ella, se me olvidó toda la violencia de algunos momentos pero recordé los bonitos momentos de confianza entre los padres y en mi cuerpo...estaba empezando a crecer...

Lara mamaba con aquellos ojos negros grandes, mirándome , ahí.......qué emoción tan placentera!....

El ginecólogo me vio en la camilla esperando a subir y al ver la niña mamando exclamó: ya está mamando! Ni caso. Ya pronto lo perdería de vista y no le iba a dedicar ni una sola palabra más.

Subí con ella a la habitación, mi gran sueño, y se pasó toda la noche sobre mí, no pudimos separarla (lloraba) ni ganas. Dicen que a las 2h. entran en un letargo pero Lara no entró en el letargo hasta 12 h. después de nacer. Imaginad que acelerada estaba, para que luego digan que en el parto no pasan ansiedad! Y Lara no sufrió separación después del parto.

Se pasó las noches en mi cama ya que a las 24h. empezaba a llorar y solo se tranquilizaba si dormíamos juntas, mamando (durante el día dormía). Era el ritmo del embarazo.

Con el padre de Lara decidimos que la próxima vez iríamos más tarde al hospital, cuando no pudieran manipular nada y pediríamos sólo la ayuda de la comadrona.

Ahora, hace un año que no vivimos juntos con el padre de Lara. He hecho un crecimiento personal en seguridad y autoconfianza, y sigo en ello. Pero estoy realmente segura en que si me vuelvo a embarazar me plantearé el parto natural en casa, sobretodo si no me aseguran un ambiente relajado y adecuado ya durante el embarazo, cuando les pase los derechos al nacimiento.

Yo os animo a defender todo esto, vuestro instinto y equilibrio de la armonía de la vida.

Gracias por darme la oportunidad de explicaros mi bella historia y de mantener la atención.

Maribel Matilla



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