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Maltrato en mi segundo parto. Testimonio de parto medicalizado
Maltrato en mi segundo parto. Testimonio de parto medicalizado
Autor: Francesca Vargas
Area: Parto Natural » Historias de partos II

Os explico mi historia con la intención de ayudar a aquellas personas que quieran reflexionar sobre su "posible" parto en una clínica privada.

A principios de este año (2003) me afrontaba a mi segundo parto, el primero no fué del todo mal. Tuve un parto en un hospital público, me atendió una comadrona muy humana, fue un parto largo y "natural". Digo natural entre comillas porque no necesité epidural pues al tener las bolsas intactas y al no ponerme oxitocina las contracciones se podían aguantar perfectamente.

El espacio entre contracción y contracción ayudaba a poder afrontar la siguiente contracción. El problema fue que la comadrona no me podía ayudar si hacía el expulsivo de una forma diferente a tumbada de manera que tuve que hacer muchos pujos, tuvo que hacerme episiotomía con anestesia local y que en el momento de suturar la episiotomía ya se había pasado el efecto de la anestesia y ya no podía poner más. Podéis imaginaros que dolor los puntos en vivo.

Total, que para el segundo parto yo hubiera afrontado todas las contracciones en vivo, la expulsión NO DUELE, pero el corte... y los puntos... EN VIVO NO.

Me estuve informando sobre la posibilidad de evitar la episiotomía, estuve haciendo ejercicios... pero el ginecólogo que me llevaba el parto me convenció que pasara de "sufrir", que utilizase epidural y que lo más seguro es la episiotomía.

No me informé nada bien. Solo tenía 2 opciones:

  • Mi ginecólogo
  • Ir al hospital público y que se repitiera mi primera experiencia, o peor, depende de quien te toque.

En casa no lo veía posible, vivo muy lejos de un hospital y yo pensaba: "mejor pasarlo mal yo durante... 30h que mi hijo tenga algún tipo de sufrimiento y lo pase mal para toda su vida". Finalmente decidí que me pondría en manos de mi ginecólogo y "su equipo".

Pues bien, el 20 de mayo a las 4 de la madrugada llegamos a la clínica, yo tenía contracciones muy soportables. En el primer tacto me dice la comadrona que estoy de 3 cm. Paso a la sala de dilatación y A POR FAENA:

  • me pone oxitocina
  • me rompe las bosas

y resultado: UN DOLOR HORRIBLE, COMO NUNCA EN LA VIDA NI EN MI PARTO ANTERIOR SENTÍ.

De seguida epidural

Y resultado: UN DOLOR HORRIBLE, COMO NUNCA EN LA VIDA NI EN MI PARTO ANTERIOR SENTÍ y además unos temblores que estaba a punto de un ataque de epilepsia.

Y que os pensais??? La comadrona diciéndome con un tono de voz muy duro: muévete, tienes que ponerte bien que o sino no hará buen efecto la epidural, va abre los ojos, mira tu barriga, no está dura, no tienes ninguna contracción, muévete... y todo eso lo decía mientras me apuntaba con un dedo. QUE DURA Y AGRESIVA Y...

Por fin entró mi marido, me hizo unos masajes en los pies... que no olvidaré nunca. La comadrona no era partidaria que mi marido me hiciera masajes en las piernas que las tenía tan tensas y con los tembleques, porque no me podía mover, la comadrona dijo que no me moviese.

Cuando se me hubo pasado el dolor y empezaba a respirar me hace un segundo tacto. ESTABA DE 8cm. ¿Qué quiere decir esto? Que había hecho toda la dilatación en 15min y a lo bestia.

Entonces empezó la segunda parte del maltrato:

Estaba en la sala de dilatación y me vinieron a buscar dos personas para ir a partos, una auxiliar y un camillero. Pusieron la camilla al lado de la cama, yo no sabía que hacer, la comadrona había desaparecido y anteriormente me había dado instrucciones muy serias mientras me apuntaba con un dedo de que no me moviera par nada. Pero la auxiliar de seguida se dirigió a mi para decirme con un tono de voz muy desagradable: "va, va muévete, utiliza los brazos que no los tienes dormidos".

Me trasladaron hasta la sala de partos, allí la auxiliar me guió para ponerme en posición ginecológica y el camillero aún estaba allí.

La forma como me trató el camillero es lo que más me afectó y lo que más me ha costado verbalizar. No me gustó nada su comportamiento, primero cuando cogió mi compresa usada de la camilla de traslado y la enseñó delante mío a la auxiliar; después cuando se sentó junto a la pared a mi frente, no sé que se decían con la auxiliar que también estaba delante mío trasteando algo, pude apreciar como el camillero se sonreía mientras su mirada se perdía entre mis piernas.

Entonces le tocó el turno a él, la auxiliar se apartó y él se situó entre mis piernas. No sé que manipulaba bajo mis caderas, pero yo sentía ruidos metálicos, ruidos bruscos. Algo hacía en el mueble que quedaba bajo mis caderas, él manipulaba y miraba y a mi eso me incomodaba tanto, se me encogía todo. Además él se agachaba mirándome.

Finalmente se puso derecho y cogió algo por debajo de mis caderas, era una sabanilla verde de un solo uso, la tiró al aire para que cayera sobre mi pubis pero resbaló, la volvió a lanzar al aire y esta vez la agarré yo con la mano derecha para poderme tapar. Entonces fue cuando él se precipitó sobre mí, me cogió por las costillas y con un golpe seco de fuerza me trasladó en dirección hacia su pelvis. Recuerdo que de la brusquedad del movimiento me salió un suspiro. Esto hizo que yo pasara a estar con las caderas más flexionadas, con la vulva orientada hacia el techo. Entonces cogió la sabanilla y de un tirón me dejó otra vez mis genitales destapados. Todo esto ocurrió sin decirme nada de lo que iba a hacer.

Volvió a agacharse, se puso derecho y se fue hacia mi cabecera (supongo que se agachó para coger el taburete pues la comadrona después lo buscaba para poder trabajar más alta durante la expulsión y lo encontró en mi cabecera), cogió el camisón y lo alzó al aire, y lo fue plegando mientras lo dejaba caer sobre mis pechos. Yo me sentí tan desnuda que me lo intenté bajar pero no pude, estaba plegado no sé cómo. La auxiliar y el camillero vieron como me quise tapar pero me ignoraron totalmente.

Seguidamente el camillero marchó y la comadrona y la auxiliar continuaron su trabajo y, una vez finalizado, así de desnuda me dejaron hasta que viniera el ginecólogo, con el triste camisón que sólo me tapaba los pechos.

La espera se me hizo eterna, con aquella postura tan incómoda, tan desnuda, en una sala tan iluminada y la puerta abierta. Yo estaba muy incómoda pero le quise quitar importancia y opté por cerrar los ojos y abandonar mi cuerpo.

El ginecólogo vino, me saludo y me preguntó por mi estado, y yo le contesté que estaba bien, que no tenía dolor. Pero en mi interior tenía tanta vergüenza y incomodidad por aquella situación que no tuve suficiente confianza para decírselo. Reconozco que la comadrona, con aquel trato tan duro tampoco me dio esa confianza. Entonces eran las 5:35 de la madrugada. El ginecólogo salió de la sala y seguí esperando. Pasado un tiempo entraron mi marido, la comadrona y el ginecólogo.

Yo me había informado antes del parto de las recomendaciones de la OMS, éstas dicen que recomiendan no aplicar ningún enema, pero también recomiendan no hacer el expulsivo tumbada sobre la espalda. Yo no se si no se me aplicó el enema porque mi gine está en parte de acuerdo con algunas de las recomendaciones de la OMS o porque la comadrona se olvidó. Pero lo que sí que sé es que para mi fue un momento de mucha inseguridad cuando la comadrona se dirigió a mí para decirme justo antes de empezar a hacer los pujos: "y ahora, cuando te avisemos, coges aire y haces fuerza como si fueras de vientre muy fuerte." Yo ya tenía muchas ganas de terminar, ya llevaba mucho rato en aquella sala tan iluminada, tanto rato tan desnuda y en aquella postura tan psicológicamente incómoda... que no quise decirle nada pero le hubiera dicho de todo. Va y me da instrucciones de cómo hacer pujos así de deprisa y de mal y en el último momento, y delante de todos, de mi gine, de mi marido y de la auxiliar que no se que hacía allí donde se arregla al recién nacido (ah! Si, decirle a la comadrona que el alzapiés estaba en mi cabecera. Por eso el camillero se agachaba tanto, para coger el taburete y situárselo bien para movilizarme. Lo que no entiendo es porque lo necesitó para subirme la bata cuando se situó al lado de mi cabeza. Para estar más alto seguro, pero ¿por qué tenía que estar tan alto para subirme la bata?).

Total, a lo que iba, que va la comadrona y me dice ahí delante de todos que me haga de vientre encima. Lo primero que pensé: ¡que me lo iba a hacer porque no me había vaciado!. La verdad es que doy gracias a que con mi gine sentía confianza, si no hubiera sido así y con el personal tan antipático que corría por allí no me puedo ni imaginar más incomodidad.

Después de eso, recuerdo que cerré los ojos y me concentré en mi cuerpo, en llenar de aire la caja torácica para desplazarlo hacia el abdomen y presionar así con el diafragma el útero mientras relajaba y abría la vulva. Es realmente difícil hacer esto cuando sabes que hay 2 ó 3 personas que te están mirando. Era una sala tan iluminada, yo me sentía tan desnuda y desprotegida. No quería ver nada que me hiciera interrumpir mi concentración, no quería ver personas o cosas que me hicieran sentir mal. Me quería sentir sola en mi intimidad. No quería sentir nada más que mi cuerpo. De repente, en el primer pujo, sentí como la mano del gine presionaba mi ano, no se si para evitar que me salieran las heces, qué desagradable. Es realmente muy humillante, sobretodo si anteriormente no has recibido otro trato.

Por suerte, o por mi preparación la expulsión fue rapidísima, con tan solo 3 pujos la criatura ya había salido. Entonces dijeron: ha nacido a las 5:57!! Por lo tanto yo ahora hago cálculos y supongo que estuve en esa sala sola y tan desnuda y en esa postura tan incómoda al menos 10 min antes del saludo del ginecólogo y 15 min entre ese primer saludo y el momento de iniciar la expulsión.

En un principio no quise darle importancia, es más, pensé que nunca le explicaría a nadie estos hechos que tanta vergüenza me hicieron pasar. Pero no podía sacármelo de la cabeza y me aterrorizaba que siguieran tratando así a las parturientas. Por lo tanto, envié una reclamación a la clínica pero nunca obtuve respuesta. Pensé dejar estar ya el tema pero no puedo olvidarlo, aun tengo mucha angustia por aquel trato. Pienso que debería perdonarlos pero tal vez si alguien se disculpase yo podría perdonar más fácilmente.

Francesca Vargas



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