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Mi historia
Mi historia
Autor: Andrea
Area: Parto Natural » Historias de partos II

Mi embarazo fue perfectamente normal y sin problemas (no tuve cambios de humor ni antojos ni tampoco náuseas fuertes ni vómitos mañaneros). Hice mi curso de preparación para el parto psicoprofiláctico y estaba lista para que naciera mi pequeño.

En la semana 38 ó 39 la doctora me hizo una pelvimetría y según el radiólogo no había problema para el parto, pero que según ella mi pelvis era "límite", pero cuando le comenté que yo tenía entendido que eso no se podía asegurar sino hasta que se desencadenara el parto, me dijo que tenía razón, pero que "veríamos". Yo no le di importancia. A las 40 semanas exactas expulsé el tapón mucoso y mi doctora me indicó que el parto debía desencadenarse en las próximas 24 horas (luego averigüé que no es cierto, que sólo era probable y que hasta podía pasar una semana o más), así que al día siguiente —un viernes— me vio en el consultorio (desde la semana 38 iba todos los lunes y los viernes a la consulta, por indicación de ella, y todos los meses me hizo eco). Me hizo otro eco y me indicó que el bebé pesaba como 3,5 kilos y que había poco líquido Me indicó que teníamos que inducir el parto ese día o que podía esperar al día siguiente, pero que era muy riesgoso porque había poco líquido. La verdad mi marido y yo no tuvimos tiempo para pensarlo ni conversarlo bien, pues una vez dicho eso nos preguntó "¿qué deciden? díganme". No tuvimos tiempo de conversarlo ni pensarlo a solas. Decidimos aceptar la inducción. Aunque yo sabía que no era lo ideal (pues no era natural) y que sería dolorosa, creía que lo que me decía mi médico era cierto. Además, en ese entonces no teníamos idea de todos los efectos secundarios de la inducción, pues la doctora jamás los mencionó. Tampoco mencionó la posibilidad de que la inducción no hiciera efecto y jamás tocó el tema de la cesárea.

Me ingresaron y me inyectaron la oxitocina, pero no me hizo efecto, yo hasta me quedé dormida. Me hicieron enema y rasurado, aunque yo había dicho que no quería. Al rato de estar medio dormida viene una enfermera a decirme que me llevan a quirófano y cuando le pregunto que por qué, me dice que me van a hacer cesárea…¡casi me muero! Jamás se nos habló de la posibilidad de cesárea. Pido hablar con mi doctora y me dicen que está arreglando todo y que ¡no tiene tiempo de hablar conmigo!, yo respondí que si no hablaba con ella me iría (¡ojalá lo hubiera hecho!), me la pusieron al teléfono y me dijo que si la oxitocina no había hecho efecto es que no iba a poder parir y que había que sacar al bebé. Eso me tomó por sorpresa, antes de que me diera cuenta me estaban poniendo la anestesia.

Lo más desagradable fue el quirófano, me trataron como si no existiera y me amarraron (me sentí muy humillada, además que no me había preparado sicológicamente para nada de eso)… tuve que pedir a gritos que me explicaran qué pasaba y qué estaban haciendo pues me ignoraban, al menos dejaron que mi marido estuviera, pero él estaba grabando el parto (por cierto, un mes después se borró la cinta por error, y sí que lo agradezco, no quiero recuerdos adicionales). En lo que sacaron al bebé lo pusieron en una mesa para examinarlo, aspirarlo, etc. mientras yo pedía que me lo dieran (aunque estaba amarrada), y me dijeron que no, que se lo llevaban a la incubadora… lo único que pude hacer fue tratar de verlo aunque estaba sin mis lentes y no veía bien. Al menos me dejaron darle un beso los muy %%##"@. Hasta el día de hoy nadie me ha explicado por qué lo pusieron en la incubadora, excepto por "eso hacemos con todos por si acaso" del neonatólogo, pues el niño estaba perfectamente… y por cierto, pesó 4 kilos y no 3,5.

Pero allí no terminó todo, me pusieron un anestésico después de la cesárea ("para que descanses", me dijeron… ¿descansar de qué? me pregunto yo, ni siquiera me dejaron ponerme de parto). Estuve luchando para no dormirme y pidiendo a mi bebé. Me lo trajeron unas 4 horas después y lo único que pude hacer fue abrazarlo contra mi pecho, nadie me sugirió darle teta y yo no podía permanecer despierta, me dormí enseguida por el bendito analgésico y no lo volví a ver sino hasta la mañana siguiente. Tuve que pelear para que no se lo volvieran a llevar y tuve que explicar por qué no le iba a dar bibe como si estuviera haciendo algo criminal. Afortunadamente, me fui a casa el domingo temprano.

Andrea

 



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