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Mi parto
Mi parto
Autor: Esther
Area: Parto Natural » Historias de partos II

La doctora era partidaria de la cesárea, puesto que el expulsivo era prolongado (¡5 minutos!) mientras que el "Doctor Jefe" no. Afortunadamente éste impuso su criterio. Decidieron la aplicación de fórceps y nuevamente hubo disparidad de opiniones en cuanto a la forma de aplicar las cucharas entre la doctora y el "Doctor Jefe".

Este desgraciadamente es un hecho real, como tantos otros:

Ingresé en un hospital público de Madrid (España) a las 11 de la mañana del día 19 de junio de 2000 con rotura prematura de membranas. El líquido amniótico aparecía teñido de meconio, por lo que fuí ingresada en Fisiopatología Fetal. Intentaron monitorizarme por primera vez y me causaron sufrimientos horribles sin conseguirlo. Solicité monitorización externa, lo cual causó una gran perturbación a la comadrona, ya que al parecer, uno de los hospitales más importantes de España solo dispone de dos cinturones. A regañadientes lo pusieron, pero más tarde volvieron a intentar la monitorización interna en contra de mi voluntad, volviendo a someterme nuevamente a tortura. Una de las auxiliares comentó que esa operación se hace con 3 cm. de dilatación y la paciente aun no presentaba dilatación. A esto la comadrona replicó "tu eres una auxiliar y aquí mando yo". La otra agachó la cabeza y se fué.

Ante la imposibilidad de realizar esta "técnica" y mis gritos de dolor intentaron convencerme de que debía dejarme hacer por el bien de mi hijo. Definieron mi conducta como escandalosa y no producto del dolor. Llamaron a mi esposo para que me tranquilizase, sin decirle nada de lo que había ocurrido antes.

El doctor jefe, como le llamaré a partir de ahora, ya que aun no hemos podido identificarle gracias a los impedimentos puestos por el hospital, comunicó la necesidad de realizar dicha "técnica" esgrimiendo la seguridad del bebé, sin mencionar otro método alternativo a la monitorización interna: la monitorización externa.

Intentaron la monitorización por tercera vez, volviendo a someterme a intensos sufrimientos, hasta que mi esposo saltó las medidas de seguridad, entró en la sala y paralizó la operación preguntando si tenían sentimientos. Propusieron la solución de administrar anestesia epidural, y de esta forma aplicar la monitorización sin sufrimiento. La comadrona se negó esgrimiendo que "se puede hacer", (también se puede amputar un miembro sin anestesia pero eso sólo ocurre en las guerras). La anestesista opinó que no había ningún impedimento en administrar la anestesia epidural y posteriormente proceder a la monitorización. La comadrona siguió insistiendo en monitorizar antes a toda costa. Me negué, entre gritos y presa de una gran excitación.

Dije que la tranquilidad es imprescindible para facilitar el parto. A esto la doctora replicó "Pues no haberte quedado embarazada" y "Haber parido en tu casa". Por fin me aplicaron la anestesia epidural y consiguieron monitorizar, con gran esfuerzo, en el cuarto intento. El aparato no funcionaba correctamente. Eran las 13.00 horas, pero como ya se había conseguido el objetivo que era monitorizar, no le dan importancia. Hemos solicitado una copia de los registros de la monitorización posteriormente que, desde luego, no nos ha sido facilitada. El aparato seguía sin funcionar correctamente a las 19.00 horas, a lo que nos respondieron que el aparato que no está bien y que pasa de vez en cuando. Entonces ¿para qué tanta insistencia en monitorizar? ¿Puede haber un sufrimiento fetal? No se sabe.

Por fin se decidieron a cambiar los electrodos, parece ser que este era el problema, y el parto transcurrió sin mayores incidentes. Durante este proceso el "Doctor jefe" mostró un gran interés por mi estado y se portó como un gran profesional.

Ante la duda de si iba a ser necesaria una cesárea o no, fui conducida a quirófano y no se permitió la entrada de mi esposo. Eran las 2 horas del día 20 de junio de 2000.

La doctora era partidaria de la cesárea, puesto que el expulsivo era prolongado (¡5 minutos!) mientras que el "Doctor Jefe" no. Afortunadamente éste impuso su criterio. Decidieron la aplicación de fórceps y nuevamente hubo disparidad de opiniones en cuanto a la forma de aplicar las cucharas entre la doctora y el "Doctor Jefe". Debía llevar unas 15 horas en el hospital, pues ya hablamos con el por la mañana, y se encontraba dando instrucciones en tres partos de manera simultánea. Él esgrimió que la posición de bebé es clarísima y toma la decisión obligando a la doctora a poner las cucharas del fórceps según su criterio. Evidentemente, uno de los dos se equivocaba, y a pesar de que una aplicación incorrecta de las cucharas del fórceps podía causar daños maxilofaciales al bebé, tomaron la decisión sin realizar ningún tipo de exploración complementaria. Afortunadamente este gran profesional acertó y extrajeron el bebé sin ningún problema, sano y en perfecto estado.

Luego hubo que proceder a la costura de la episiotomía que en este hospital se practica en el 100% de los casos, según confirmó la doctora ante mi pregunta. La doctora preguntó a otro sanitario, al parecer sin mucha experiencia, "si se atreve a hacerlo ella". La otra, sin mucha convicción, dijo que sí. Finalmente la realizaron las dos de forma solidaria. Entró el "Doctor Jefe" en el quirófano y las reprendió diciendo que una u otra, pero que eso no lo pueden hacer las dos. Finalmente la realizó la doctora. Ella comenzó a realizar los trámites burocráticos, mientras yo sangraba. Entró personal de limpieza en el quirófano, me miraron, se miraron entre ellos, cuchichearon en voz baja y se fueron.

Entró el "Doctor Jefe" y dijo a la doctora"eso está sin acabar, acaba de coser", y se fué. Yo entonces le llamé la atención "Oiga, por favo...r", pero hizo caso omiso y continuó rellenando los papeles. Noté cómo seguía sangrando y presa de una gran excitación, como por otra parte es lógico en una mujer que acaba de parir hace escasos minutos, di un silbido para llamar su atención y en voz alta le dije, ya que no me miró si quiera: "¿me oyes?" a lo que se acercó y con una mano en el hombro me dijo: "Tú a mí, me llamas de usted", expresando así su supuesta superioridad.

Finalmente acabó su trabajo y fuí conducida junto con el bebé a recuperación. Allí pude ver que mi hija lloraba incesantemente y pregunté si la podía dar de mamar, pues no sabía si la anestesia podría perjudicarla. Alguien del personal cuyo nombre no sabemos, pues allí las identificaciones no existen, me dijo: "para qué te crees que te la hemos dado", refiriéndose a mi hija. La ayuda a la lactancia fué nula, y me dijeron que no me moviese para no manchar las sábanas. Me resultó imposible dar de mamar porque no tenía fuerzas para moverme y buscar una posición adecuada instintivamente.

A la mañana siguiente entró en la habitación el personal de limpieza. Como si de una institución militar se tratara hicieron levantarse a las recién paridas y abroncaron a la compañera de habitación por haber manchado las colchas de sangre, lo cual les obliga a cambiarlas, cuando su intención era solo cambiar las sabanas.

Solicité su ayuda para ponerme en pie, ya que me encontraba física y moralmente destrozada, hasta tal punto que era incapaz de poner al pecho a mi hija que lloraba insistentemente con hambre. La señora de la limpieza replicó "¡Si hombre, así tenemos nosotras los riñones!" y me dejó en la cama. Una vez realizada la limpieza entró la doctora encargada de realizar la primera revisión. No me explicó lo que iba a hacer y procedió con gran violencia, parece que también estaba de mal humor por algo.

A la vista de este funcionamiento general, más propio de un hospital de campaña, decidí pedir el alta voluntaria. Me recuperé en mi casa mucho más tranquila, aunque sufrí grandes molestias durante un mes debido a la episiotomía. Curiosamente todas las mujeres que hablan de su parto se quejan de la episiotomía más que de los dolores propios del parto.

A todo esto, el hospital, ante la solicitud de identificar a los implicados, ha facilitado un listado de todo su personal, sin su número de colegiado. Los registros de la monitorización tampoco han sido facilitados y parece que nadie sabe nada. Es un caso que debía contarse ya que posteriormente hemos contactado con otras mujeres que han sufrido el mismo trato y no se puede decir que sea un caso excepcional.

Esther

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