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España: 36.000 cesáreas evitables
España: 36.000 cesáreas evitables
Autor: Llum Quiñonero
Area: Parto Natural » La Cesárea

El 23% de los partos en España es abdominal, cifra que llega al 35% en clínicas privadas, según la diputada valenciana Consuelo Catalá. Para la OMS, un 15% es ya un porcentaje excesivo.Natación, ejercicios de relajación y respiración... Durante todo su embarazo, Ana Fernández se preparó a fondo para estar en las mejores condiciones cuando llegara la hora del parto.

UNO DE CUATRO

«Alumbrar a mi hija era un deseo tan intenso que quería vivirlo y disfrutarlo plenamente, participar en él, lo más conscientemente posible», dice. La mañana que rompió aguas estaba tranquila, feliz y relajada.

Sin ninguna alarma ni temor se tomó todo el tiempo del mundo mientras empezaban las primeras y suaves contracciones. «Cuando llegué a la maternidad, en Barcelona, me dijeron que la niña venía de nalgas y que lo indicado era una cesárea. En cuanto me vi en el quirófano me eché a llorar. Sabía que me quedaba sin ser la protagonista del nacimiento de mi bebé, que con tanto cariño había preparado y esperado. El anestesista pensó que lloraba por el dolor, pero le dije que mis lágrimas eran de tristeza, que no quería más anestesia. Cuando me preguntó si podía hacer algo por mí, le pedí que me diera la mano».

Ana, de 31 años, superó rápidamente el trauma de la intervención y de la renuncia a su propio parto, pero si se queda de nuevo embarazada se asegurará de estar en manos de quien respete sus deseos y la ayude en lugar de sustituirla. Porque un parto de nalgas no es necesariamente un parto que requiera cesárea. Y casos de intervenciones no estrictamente necesarias como la de Ana se dan a diario en las maternidades de España, uno de los países donde más cesáreas se practican. La tendencia es preocupante porque, como señalan numerosos expertos en obstetricia, las cesáreas no son operaciones inocuas. «Ni los médicos ni las mismas mujeres son conscientes de los problemas que, a medio y largo plazo, causan las cesáreas», afirma el catedrático James Walker, jefe de la unidad de Pediatría, Ginecología y Obstetricia de la Universidad de Leeds, en Gran Bretaña. Según un informe del que es coautor y que ha sido publicado por el British Journal of Obstetris and Gynaecology, casi la mitad de las mujeres que paren por cesárea de emergencia no vuelven a tener otro bebé. El estudio analiza la evolución, durante cinco años, de 500 mujeres tras su primer parto, algunos de ellos por cesárea y otros por alumbramiento natural. El 42,4% de las que había parido por cesárea no había tenido más bebés; de ellas, el 30% por razones de infertilidad, y el 19% porque rechazaba la posibilidad de sufrir otra cesárea.Entre las que habían parido naturalmente, el porcentaje de las que no tuvieron más hijos caía al 29,1%.

En España no hay ningún estudio que realice el seguimiento de las cesáreas ni datos actualizados al 2002 para conocer las repercusiones de la intervención a medio y largo plazo. Lo que sí consta es el llamativo aumento de los partos abdominales (cesáreas), en relación con los partos por vía vaginal o naturales. Hoy suponen un 23% del total, lo que significa que uno de cada cuatro partos en España se realiza por vía abdominal. En clínicas privadas, el porcentaje de cesáreas se eleva hasta un 35%.

Para darse cuenta de lo elevado del porcentaje basta con reparar en que, según la Organización Mundial de la Salud, está del todo injustificado que más de un 15% de los embarazos acabe en cesárea.La situación es tal que muchos profesionales están dando la voz de alerta en todo el mundo ante lo que algunos ya han calificado como epidemia. MORBILIDAD Así lo denomina, por ejemplo, José Belizán, director del Centro Latinoamericano de Perinatología, dependiente de la Organización Panamericana de la Salud, que ha dirigido un estudio recientemente publicado en el British Medical Journal, en el que constata que en América Latina se practican anualmente 850.000 cesáreas innecesarias.Según Belizán, la mortalidad materna en partos con cesárea es de dos a seis veces mayor que en partos normales. «La morbilidad también aumenta como consecuencia del elevado uso de antibióticos, el mayor número de días de hospitalización y la elevada incidencia de infecciones», añade.

Un relevante colega suyo, Marsden Wagner, ex director del Departamento de Salud Materno-Infantil de la OMS, llega un paso más adelante y apunta hacia España. En su opinión, las elevadas tasas de cesáreas revelan serios problemas respecto a la atención obstétrica en nuestro país.

El especialista estadounidense se aventura a dar una cifra y estima que en España se realizan cada año, unas 36.000 cesáreas innecesarias. Además de exponer a las mujeres y a sus bebés a graves riesgos, sugiere, esas intervenciones evitables suponen un notable despilfarro económico.

«El 40% de las mujeres españolas no pare a sus hijos, sino que es asistida para ello de una u otra manera. Resulta ridículo pensar que el 40% de las españolas es incapaz de parir por sus propios medios».

El criterio de Wagner, sin embargo, dista de ser universal. De hecho, el de la cesárea es uno de los más encendidos debates en el seno de la comunidad médica. «Disminuir la cifra de cesáreas podría asociarse a un aumento de las complicaciones para la madre y para el hijo», se afirmaba en el New England Journal of Medicine a finales de 1998.

Los partidarios de esta tesis, aún mayoritaria, defienden que muchos partos naturales, particularmente entre mujeres a las que ya se les ha practicado una cesárea anterior, pueden resultar en rupturas del útero. En otras ocasiones, aseguran, renunciar a la cesárea obliga a utilizar instrumentos como el fórceps o las ventosas, que pueden dañar al recién nacido.

Pero incluso en España crece el número de los defensores de la vuelta a los partos naturales. «El parto es un proceso fisiológico natural, que de ninguna manera debemos tratar como una enfermedad», afirma el obstetra Enrique Lebrero. Tras 20 años de experiencia asistiendo a mujeres en sus partos, Lebrero asegura que «hay un exceso de inducción (uso de sustancias como la oxitocina y la anestesia epidural para provocar las contracciones y la dilatación), un exceso de medicalización y por supuesto, un exceso de cesáreas».

Su defensa del parto natural es casi lírica: «El útero es lo más parecido al paraíso terrenal. No hay gravedad, estás alimentado, no sientes frío ni calor y todos los estímulos están matizados, ni siquiera necesitas respirar. Lo normal es que, entre madre e hijo o hija haya un tiempo físico para plantearse la separación y ese tiempo es fundamental. El médico no debe desconfiar del bebé sino escucharle y escuchar a la madre. No se trata de renunciar a los avances tecnológicos, sino simplemente, de ser lo suficientemente flexibles como para poder otorgarle a la mujer la máxima autonomía personal».

Rafaela de la Fuente, de 22 años, sabe bien a lo que se refiere el doctor Lebrero. Después de 12 horas ingresada con contracciones en el hospital de Murias, en Asturias, los médicos propusieron llevarla al quirófano. Su tía, que había sido comadrona, se negó en rotundo.

«A las 10,00 de la noche, unas 16 horas después del ingreso», cuenta Rafaela, «todavía no había dilatado suficiente y ya no esperaron más, me colocaron el gotero [la oxitocina para inducir el parto]. El dolor me resultó insoportable, atroz; las piernas se me movían incontrolables. Eva nació dos horas después y sé que mi tía también discutió que se me hiciera el corte en la vagina [episiotomía]. Siempre agradeceré a mi tía que estuviera conmigo y que evitara la cesárea».

Nadie discute que la cesárea entraña más riesgos para la madre y el bebé que un parto natural; más aún, cuando ésta es innecesaria.Japón y Holanda, que registran las tasas más bajas de mortalidad perinatal y materna, son también los países que presentan porcentajes menores de cesáreas.

EFECTOS NEGATIVOS

También desde México llegan advertencias en este sentido. En una reciente conferencia magistral en Veracruz, el catedrático de Obstetricia Antonio Pérez Díaz, con más de 30 años de experiencia en atención a partos, sugirió que, aunque la cesárea se practica esperando beneficios para el feto, los resultados «no siempre son afortunados». Y citó un estudio que prueba que el riesgo de aparición del síndrome de dificultad respiratoria del neonato extraído abdominalmente tiene que ver más con la vía del parto que con los factores que justificaron la intervención.

A pesar de la acumulación de evidencias, la práctica de cesáreas sigue creciendo. Con la particularidad de que es un proceso que se alimenta a sí mismo. «Si aumenta el número de partos abdominales durante el primer embarazo», asegura Pérez Díaz, «la cesárea de repetición irá incrementándose, dado que la política de "una vez cesárea, siempre cesárea" ha venido arraigándose».

Parece, pues, razonable cuestionarse qué está ocurriendo. Las cesáreas se realizan invocando siempre un supuesto beneficio para la madre o para el bebé. Pero el doctor Pérez Díaz afirma que se trata de una situación compleja, cuyo análisis ético requiere prudencia y franqueza.

«Para afrontar un parto en circunstancias aparentemente desfavorables como la cesárea previa, la presentación de pelvis y la primigravidez en mujer añosa [mayor de 30 años], un obstetra necesita tres virtudes indispensables: ciencia, conciencia y paciencia», subraya el especialista mexicano. «La falta u omisión de cualquiera de ellas se presta para que el acto médico tenga visos antiéticos o lo sea francamente».

EL MÉDICO GANA

Y es que, se asegura entre quienes defienden los partos naturales, la intervención de cesárea y la inducción al parto aportan ventajas al médico; desde las económicas es llamativo que el incremento de cesáreas en el mundo sea más notable en clínicas privadas que en la sanidad pública a las laborales. Una cesárea dura mucho menos y produce menos estrés que un parto natural. Por esa regla de tres, tendrían razón quienes afirman que el número de cesáreas se incrementa para evitar sufrimiento; pero en muchos casos al sufrimiento al que hay que referirse es al de los propios médicos.

En su conferencia magistral sobre cesáreas, el catedrático Antonio Pérez concluye: «El principio de honestidad en el consejo a las pacientes ha llegado a ser la gran responsabilidad del obstetra actual y un cargo de conciencia ante cada recomendación de cesárea.La coacción psicológica que veladamente puede ejercer el médico en su beneficio constituye una grave falta ética. Pues con engaño busca obtener autorización para adelantar un acto que a la luz del conocimiento científico implica un riesgo innecesario».

El debate ha traspasado los ambientes médicos. El pasado lunes 22 de abril la diputada socialista en el Parlamento de la Comunidad Valenciana Consuelo Catalá presentó una proposición no de ley para favorecer los partos naturales en la sanidad española.

«Hay que poner freno al abuso del intervencionismo en el parto y al incremento de las cesáreas», clama. Como ella, cada vez más mujeres piensan que han dejado de ser las protagonistas de los nacimientos de sus bebés eclipsadas por sus obstetras. «Los médicos se curan en salud para evitar posibles complicaciones y planifican sus partos, los planifican a su conveniencia, no en función de las necesidades ni del ritmo de cada mujer».

Llum Quiñonero



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