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Por qué no funciona el parto hospitalario
Por qué no funciona el parto hospitalario
Autor: Leilah Mc Cracken
Area: Parto Natural » Parto Medicalizado

Aunque no lo creas, el enfoque médico del nacimiento en la actualidad está basado en un modelo obstétrico masculino; y esto se explica porque, incluso en la actualidad, la mayoría de los médicos son hombres.

Paso a paso y de una forma planificada y hasta disciplinada, se espera que las mujeres dilaten y borren el cuello del útero según un modelo ideal de regularidad preestablecido. Se espera que las contracciones de las mujeres aumenten en intensidad y abran sus cervices de manera metódica y oportuna, y que luego expulsen los contenidos del útero de manera predecible, sin importunar a nadie, excepto, probablemente, a la madre. ¡PUJA! ¡PUJA! ¡PUJA! A una mujer se le grita si no "llega", perdón, si no saca al bebé lo suficientemente rápido. Esta idea de "rapidez" proviene del ideal masculino del parto —y todas sabemos que "masculino" y "rápido" suelen ser sinónimos—.

La mayoría de las veces y para la mayoría de los hombres, el orgasmo masculino es, con su perdón, muy predecible. Pum, pum, pum, pum, más y más rápido: hasta que ¡Pop!, termina. En cambio el orgasmo femenino es mucho más rico: girando cíclicamente y en espiral hasta llegar al éxtasis, las sensaciones de la mujer disminuyen o se intensifican por lo que siente en su interior. Algunas veces, es rápido e intenso; otras, serpentea sonoramente. Los ritmos orgásmicos de cada mujer son intrínsecos, y diferentes a los de las demás mujeres, e incluso la misma mujer jamás tendrá dos orgasmos iguales. Y es que hay demasiadas variables implicadas: ¿Qué tan sexy se siente ella? ¿Puede pensar en una fantasía detalladamente erótica o lo suficientemente simple para brindar estimulación intelectual para lograr la satisfacción? ¿Le agradan los olores a su alrededor? ¿Desea escuchar música? ¿Se siente bien, o tiene hambre? ¿Tiene ganas de ir al baño? ¿Están sus uñas muy afiladas? ¿Entrará alguien sorpresivamente a la habitación? Para los hombres, los orgasmos tienden a ser mucho más sencillos: empuja, empuja, y a seguir con lo que estaban.

El problema está en que los hombres tienden a culpar a las mujeres por no llegar tan rápido como ellos, se apresuran a etiquetarlas de sexualmente "disfuncionales" y a decir que necesitan estimulantes artificiales o terapia. Peor aún, si no pueden seguirles el paso a sus amantes masculinos, las mujeres llegan a creer que eso es cierto.

Esta situación es comparable al parto: cada nacimiento, en cada ocasión, en cada mujer, es único. Algunas veces rápido e intenso; otras veces, lento y sosegado. Cada nacimiento sigue su propio programa intrínseco. Sin embargo, si en un hospital una mujer no da a luz lo suficientemente rápido, su trabajo de parto es considerado errático y se cree que necesita drogas o manipulación. Se le hace sentir que no sabe parir, que es "disfuncional", pues no puede seguir el ritmo que se espera. Nuevamente, existen muchas variables involucradas: ¿Le pareció que la enfermera que le hizo el examen pélvico estaba disgustada con ella? ¿Fue muy brusco su médico, estaba muy apresurado? ¿Conoce ella a este médico? ¿Se la pasa su compañero saliendo a fumar a cada rato? ¿Está incómoda? ¿Está inmovilizada por estar atada a un monitor fetal electrónico o a un goteo intravenoso? ¿Está cansada? ¿Tiene hambre? ¿Es la habitación muy pequeña? ¿Huele mucho a hospital? Todo esto interfiere con su parto de la manera prefijada y metódica esperada.

En vez de reconsiderar lo apropiado o conveniente de la institución en la cual está tratando de dar a luz, la mujer se culpará por su arrítmico trabajo de parto, y aceptará toda la parafernalia del personal hospitalito para el parto: gel de prostaglandinas, oxitocina sintética, drogas que alteran la conciencia, epidural, nacimiento quirúrgico —fórceps, cesárea—. Como su compañero está acostumbrado a pensar que el cuerpo de su mujer no funciona como se espera, tolerará y consentirá cualquier intervención que se realice para que el parto sea más conveniente; incluso presionará a su amada para que crea en la habilidad del hospital para salvarla de su defectuoso cuerpo femenino.

Las similitudes continúan. Si durante el sexo alguien pincha repetidamente a una mujer, mira fijamente su rostro y su cuerpo y la insta impacientemente a que tenga un orgasmo, de seguro no lo tendrá. Lo más probable es que se cierre y se sienta desolada e incompetente. Si una mujer no se cree a sí misma sexy, no puede tener un orgasmo. Ni siquiera el hombre mejor dotado ni el mayor vibrador zumbando implacablemente en su clítoris harán que una mujer llegue al clímax, a menos que la mujer se olvide de su ser exterior y "sueñe" que llega. Si una mujer siente que su pareja se quedará viendo su papada o sus brazos rechonchos mientras está en medio del éxtasis, no se abrirá al éxtasis. Si una mujer se siente físicamente insegura (por ejemplo, el hombre que la acompaña la amenaza o se muestra hostil a su sexualidad femenina), no dejará a su compañero ver su yo íntimo, aunque podría fingir. Y es que es muy arriesgado ponerse en una posición tan vulnerable.

Volviendo al parto: si una mujer no se siente lo suficientemente segura físicamente para dar a luz, si la observan y la tocan continuamente, si ve mesas llenas de tijeras, agujas y fórceps, si se le dicen que no puede tener un parto sin intervenciones doloras y peligrosas, no hay manera de que dé a luz; está más allá de su control consciente. Sabe que el ambiente donde está no es seguro para parir: no puede dejar que su bebé salga si ella está muy estresada o herida para cuidarlo. No puede dejarle salir si no tiene la certeza de que estará a salvo en el mundo externo: ve "el carrito de torturas" esperándolo; sabe que hay dolorosas gotas para los ojos esperándolo; hay equipo de resucitación que pinchará sus pulmones esperándolo; sabe que su hijo será examinado con frialdad y que será alejado de ella, y que los mantendrán separados a discreción del hospital. Sabe que hay extraños esperando para incomodarlo y observarlo. Es un sitio donde cortan los penes de muchos bebés. En su interior sabe que no lo puede dejar salir. Por eso detiene su trabajo de parto, pero el hospital sí que sabe cómo sacar al niño a la fuerza, y robarle su parto. Seguramente, luego le dirán que el hospital es el sitio más seguro para dar a luz.

Las similitudes continúan. La oxitocina, liberada por la glándula pituitaria en la base del cerebro, y que se libera más fácilmente en la oscuridad, es la hormona con mayor responsabilidad en el parto; también es la hormona más responsable del orgasmo. Todas las mujeres tienen el potencial secreto de dejarse llevar: en su interior, tienen el conocimiento que las llevará libremente a su sensualidad más dulce, y que las hará flotar exquisitamente en sensaciones orgásmicas. Pueden sentir con sus manos cuán bello y cuán sexy intrínsicamente es su cuerpo, y explorar sus curvas secretas con un espejo o su mente. He descubierto que la mejor parte de mis partos llega cuando estoy llena de sensaciones, y estas maravillosas sensaciones provienen directamente de la oxitocina. Dulce oxitocina: amor a tu hijo, sexo, parto, risa, alegría, cálida compañía, amamantar; todos el mismo amor, todos la misma oxitocina…dejarnos llevar por este río hormonal asegura los mejores orgasmos y los mejores partos.

Nuestros mecanismos de supervivencia son muy listos; hemos creado, o desarrollado, tal belleza y complejidad alrededor de algo tan sencillo como el parto porque —estoy convencida— tenemos una gran inversión en el futuro de nuestros hijos, tanto en tiempo como en recursos. Tenemos que dar tanto a nuestros hijos, tan infinitamente, día tras día, que debemos "amarlos" tanto como nos sea posible: debemos sentir el ímpetu familiar de la oxitocina; debemos obtener tanto placer de nuestros hijos como sea posible (no erótico. Aunque parezca confuso, el amor maternal y el amor de pareja son muy similares químicamente.) Es lógico que el mayor ímpetu de hormonas suceda en los primeros días, durante nuestros partos, y cuando los bebés nos necesitan más que nunca. Por eso es criminal destrozar médicamente el parto y separar a una madre de su bebé: se pone el peligro la relación madre e hijo para siempre. En este aspecto, somos bastante únicos, muchos otros animales simplemente excretan a sus crías y siguen con su vida, mientras más rápido mejor.

Necesitamos ese rico flujo de hormonas; son una prueba de amor en la sangre. Muestras tomadas en los humanos en diversos estados de éxtasis revelan niveles sumamente elevados de oxitocina en relación directa con la profundidad de las sensaciones de éxtasis. Necesitamos un éxtasis explosivo de amor animal para apegarnos a nuestra cría, y sentirnos obligadas a cuidar de ella.

Sin embargo, en nuestra cultura tecnológica occidental, se nos dice que hagamos caso omiso a la intensidad de nuestra propia fisiología. Somos animales sociales, y nos vemos obligados a creer lo que nos dicen los "expertos". Nosotras, como mujeres, le preguntamos a nuestra sociedad qué se espera de nosotras (principalmente repeler explosiones extasiadas de amor animal), y accedemos para calmar a todos los que nos rodean. Se espera que seamos "buenas chicas" y que no nos quejemos mucho, especialmente sobre el mal sexo y los partos terribles. Se nos lleva a pensar en lo ajenas que son las mujeres que tienen orgasmos múltiples y partos sensuales.

Somos inmaculadas y patéticas en nuestra ignorancia. Nos dan biberones de este saber popular cultural tóxico, y transponemos nuestro idealismo infantil en los individuos y las instituciones a quienes confiamos nuestro cuidado pre, peri y posnatal. La mujer, cuando tiene a su primer bebé, corre al hospital, y confía que sus médicos la cuidarán, y la tratarán tan gentil y compasivamente como sea posible; su parto idealizado es como una foto de una tarjeta de felicitaciones. Sin embargo, obtiene lo que la mayoría de las mujeres modernas que tienen a su primer bebé en un hospital: inducción, fórceps, epidural; y se convierte en otra víctima de la ignorancia y la mentira que termina por perpetuar las historias de partos de horror donde "se ha hecho daño". Las demás mujeres que va a tener a su primer bebé piensan que nunca les pasará a ellas.

Lo mismo sucede con su primer amante, con la famosa frase: "¿eso es todo?" Ella esperaba que él conociera automáticamente todos sus puntos secretos, pero al final descubrió que el éxtasis se alcanza mejor sola.

¡Sola! Los orgasmos de las mujeres florecen más libremente cuando se logran lejos de interferencias y espectadores no bienvenidos. ¿No tiene lógica que suceda lo mismo con nuestros partos? El parto es fácil y digno de confianza. Es tan fácil como empujar a nuestros bebés para que salgan y luego irnos a dormir. Y aunque sea lógico pensar mucho en él y dedicar mucha energía para obtener los mejores partos para nosotras, no es lógico pensar que nuestros partos requieren de muchos equipos médicos incisivos yuxtapuestos desesperadamente, y de un ansioso personal de asistencia al parto mal equipado. La parafernalia hospitalaria distrae del parto mismo.

Los cuerpos de las mujeres no necesitan todas estas intromisiones. Creer lo contrario es como pensar que no se puede lograr un orgasmo sin tener el mayor vibrador, el consolador artificial más grueso, la más pervertida revista porno, y el hombre más caliente para ligar. En realidad, para la mayoría de las mujeres, la mayoría de las veces, mientras más sencillo, mejor. Artilugios exagerados distraen del sexo mismo.

¿Conclusión? Todos aquellos a quienes les excitan los partos hospitalarios son pervertidos. Porque el equipo hospitalario que interfiere en el parto realmente puede ser tan incongruente, escandaloso y erróneo como los juguetes sexuales; y los médicos que se empañan en complicar el parto con sus equipos de alta tecnología agresiva e implacable no son más que pervertidos egocéntricos y patéticos. Las mujeres simplemente no los necesitan. El parto es increíblemente sencillo: una apertura privada, oscura y secreta de nuestro ser sexual ancestral. El parto no necesita manipulaciones pervertidas.

Los bebés sí salen —ya sea que lo queramos o no--, simplemente salen porque necesitan hacerlo. Es mucho más sencillo y más placentero dejar que nuestros bebés nazcan en privacidad y con alegría, y no en inseguridad mecanizada y dolorosa.

Lailah Mc Cracken.
Extraído de su libro Resexualizing childbirth
Traducido por: Andrea Anguera

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