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Medicinas Complementarias ¿una moda?
Medicinas Complementarias ¿una moda?
Autor: Isabel F. del Castillo
Area: Salud » Artículos

El auge de las medicinas complementarias es mucho más que una moda pasajera.   Probablemente lo importante no sea la variedad de técnicas existentes, sino lo que representa como síntoma de cambio de mentalidad de sectores crecientes de la población.

Un 36% de los americanos utiliza alguna de medicinas alternativas o complementarias. En Europa la tradición es incluso anterior, y la homeopatía es utilizada por amplias capas de la población, estando en algunos países –Francia, Alemania, por ejemplo- cubierta por la seguridad social. En Inglaterra, el principal impulsor de las medicinas complementarias es el príncipe Carlos, a las que apoya con tanta pasión como a la agricultura ecológica.

Aunque parece un fenómeno reciente, lo cierto es que muchas de estas terapias tienen miles de años de antigüedad –la medicina tradicional china, las plantas medicinales, el yoga…- otras llevan más de un siglo de evolución –la homeopatía, la osteopatía…-, casi tanto como la medicina convencional. En Alemania la figura del heilpraktiker (equivalente al “naturópata” en España) reconocida desde los años 30, forma parte del servicio nacional de salud, con funciones bien delimitadas, diferentes y complementarias de las del médico. Es por este entroque con la medicina popular que la OMS las denomina “Medicina Tradicional”, y ha puesto en marcha un proyecto para evaluar su eficacia, impulsar su uso y estimular la regulación de la formación y la práctica de estas medicinas en todo el mundo.


Un cambio de mentalidad

Pero quizá lo importante no sea la variedad de técnicas existentes, sino lo que representa como síntoma de cambio de mentalidad de sectores crecientes de la población. El fácil acceso a los servicios médicos en las sociedades desarrolladas, y la inicial reverencia hacia las sustancias de síntesis, nos ha hecho quizá “delegar” en manos ajenas y en la química el cuidado de la salud. No es casual que “paciente” y “pasivo” compartan la misma raíz etimológica.

Pero el aumento de las enfermedades degenerativas y la escalada del gasto sanitario ponen de manifiesto que el camino de la medicalizacion de la salud es a medio plazo insostenible. El interés por otras formas de cuidarnos es por tanto una respuesta inevitable a una necesidad colectiva, la de encontrar caminos más razonables de lograr el bienestar, si por ello descartar tratamientos más artificiales para cuando es realmente necesario. Pero también evitar recurrir a remedios supresivos y generadores de efectos secundarios para resolver problemas que responderían bien a un simple cambio de hábitos o con métodos inocuos. Dicho de otro modo, recuperar el sentido común.

Y es que la medicina natural no es un conjunto de técnicas más o menos eficaces, sino una forma de ver y entender la salud, y un cambio rotundo en la relación entre usuario y proveedor de los servicios sanitarios.

En este nuevo paradigma, la enfermedad ya no se considera el enemigo que ataca desde fuera (curar era luchar contra la enfermedad), sino una manifestación local o específica de un desequilibrio global. No se trabaja contra ella, sino a favor del organismo y su capacidad de curación y autorregulación. Y es que la principal “arma terapéutica” de la medicina natural es la propia naturaleza, la capacidad autocurativa del organismo (el “efecto placebo” es una buena muestra de ello). El criterio ya no es simplemente suprimir síntomas, ni sustituir funciones, sino estimular en lo posible y quitarle trabas a esas fuerzas autocurativas y actuar sobre las causas. Un pinzamiento puede resolverse con una sesión de osteopatía, pero si no se realiza alguna práctica de estiramiento (yoga, por ejemplo) y se corrigen posturas (pilates, rpg), se corrigen carencias minerales, o se aborda el componente emocional cuando existe, es previsible que el pinzamiento se reproduzca.


Empezar por el principio

Si en la medicina convencional el responsable es el médico, en este nueva mentalidad, el usuario comprende que no hay medico ni terapeuta que pueda resolver, por ejemplo, los estragos de una mala alimentación y una vida poco saludable. De la misma forma que las grandes epidemias declinaron en cuanto se instalaron las redes de alcantarillado y agua corriente en las ciudades, hoy en día es cada día más patente que previo y anterior a una medicina de calidad –convencional o alternativa- es necesario cuidar las “condiciones” en que vivimos: buenos alimentos, aire puro, agua limpia, una vida familiar, social saludable, una actividad laboral gratificante… los remedios vienen después.

Este enfoque que se centra más en las “causas” que en las “consecuencias”, aunque no todo depende de uno. Muchos ciudadanos se preguntan por qué tanto celo en regular el mercado de plantas medicinales o suplementos alimentarios, mientras se permite y subvenciona el uso masivo de pesticidas y herbicidas, que se sabe enferman a la gente. La caída de la fertilidad y el incremento de cánceres hormona-dependientes es una de las numerosas consecuencias Un ejemplo reciente se dió en Israel, donde la prohibición de un solo pesticida redujo la incidencia de cáncer de mama en un 30%, un dato que demuestra que la “detección precoz” es necesaria, pero insuficiente.


Las medias tintas

A veces se producen medias tintas, por ejemplo, cuando se utilizan remedios naturales pero con la misma mentalidad mecanicista de la visión convencional. Buscamos un remedio milagroso, esta vez de origen vegetal o energético, pero sólo para suprimir los síntomas, sin modificar las causas que los crearon. Pero eso no es medicina natural. Son muchos los que piensan que más importante que buscar remedios milagrosos en selvas lejanas –degradando la biodiversidad de delicados ecosistemas- es hacer orden “en casa” y poner coto –por ejemplo- a las miles de sustancias nocivas que ingerimos a través de los alimentos, el agua o el aire.


Dejar de ser “pacientes”

El usuario –o simpatizante- de las medicinas complementarias es consciente de esto, y por eso su primer cambio es consumir alimentos biológicos. Puede empezar por cualquiera de ellas, y terminar no utilizando ninguna en concreto –porque no las necesita- pero en cambio modificar su forma de alimentarse, practicar ejercicios saludables, o incluso cambiar sus prioridades u ocupaciones. Y a la postre, comprender que el responsable de su salud es él. Y es que quizá lo más interesante es el proceso de madurez e independencia que se inicia cuando se opta por practicar la medicina natural.


Isabel F. del Castillo Sainz


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