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Industrialización alimentaria y alergias
Industrialización alimentaria y alergias
Autores: Richard A. Cone, Richard A. Cone
Area: Salud » Medioambiente y Salud

Las alergias y los desórdenes del sistema inmunitario están aumentando considerablemente su incidencia en todo el mundo, especialmente entre los habitantes más pobres de las urbes. Análisis de las implicaciones biológicas y sociales de tal incremento sugieren que los cambios en la producción alimentaria, transporte y consumo que tienen lugar en todo el planeta podrían estar contribuyendo a estos trastornos inmunológicos. Dado el impacto que los cambios en la dieta pueden estar teniendo en la salud humana, comprender la interacción entre el sistema inmunitario y la alimentación se ha convertido en un asunto destacado e, incluso, urgente. "Me levanté una mañana con otro terrible dolor de cabeza.

Me han dicho que probablemente sea causado por una alergia a algo que hay en el aire. Ante la imposibilidad de tomar algún fármaco que me permitiera mantener despierta o de intentar trabajar a pesar del dolor, me puse a leer el diario. Acabé absorta en un artículo sobre una nueva forma de tratar los desórdenes inmunológicos, según la cual se suministra a los pacientes por vía oral la parte del cuerpo contra el que está reaccionando su sistema inmunitario. Los pacientes experimentan una remisión o un alivio considerable de los síntomas. Estoy como loca ante las implicaciones que esto puede acarrear. ¿No es cierto que mi sistema inmunitario está reaccionando a alguna sustancia inocua del aire como podría ser polen o algún hongo, tratándola como si se tratase de una sustancia dañina que debiera ser atacada, produciendo hinchazón y dolor en mis senos nasales? Quizás simplemente deba comer lo que causa esta reacción... Richard sugiere que coma miel local y sin colar, directamente del panal. Las abejas han hecho todo el trabajo de recolectar polen de toda clase junto con partículas aéreas de todo tipo. Cualquiera que sea la sustancia a la que soy alérgica, debe estar en la miel; si así fuera, la comería. Inmediatamente compré miel recolectada de panales en una aldea cerca de donde vivo. Unos pocos días después de empezar a comer la miel, experimenté un profundo alivio del dolor. Desde entonces, en cuanto como miel del lugar donde me encuentro, mis problemas con los senos nasales desaparecen por completo" (1).

Emily Martin es antropóloga cultural en el Departamento de Antropología de la Universidad de Princeton

Los principales tipos de desórdenes del sistema inmunitario (S.I.) son las alergias y las enfermedades autoinmunes. Éstas parecen afectar más a las mujeres que a los hombres (2). Las alergias, como por ejemplo las que se producen como reacción a algunos alimentos, la fiebre del heno y el asma, se dan cuando el S.I. "hiperreacciona" a ciertas partículas aéreas de carácter benigno o ligeramente tóxicas, tales como el polen, o a ciertos componentes de la alimentación como si fueran altamente tóxicos.

Las reacciones inmunológicas expulsan estas partículas del cuerpo con tal vigor que producen daños "testimoniales" a los pulmones, intestinos o cualquier otro tejido expuesto al mecanismo de defensa; en ocasiones se puede producir la muerte por shock, deshidratación o asfixia. Las enfermedades autoinmunes, por otro lado, se producen cuando el S.I. ataca por equivocación células o tejidos sanos pertenecientes al propio individuo y no sustancias ajenas o extrañas. En la artritis, por ejemplo, el S.I. ataca al colágeno o a otros tejidos de las articulaciones; en estadios primarios de la diabetes ataca a las células productoras de insulina del páncreas; y en la esclerosis múltiple ataca a la envoltura nerviosa de las células.

Los desórdenes inmunológicos están aumentando en todo el mundo. El Instituto Americano de la Alergia y las Enfermedades Infecciosas alerta acerca de que "en EE.UU. las alergias afectan a una de cada cinco personas (3)". El número de niños diagnosticados con dermatitis alérgica en los EE.UU. ha aumentado de un 3% en los años 60 a un 10% en los 90 (4). En Suecia, Suiza, Alemania, Dinamarca y Japón también se ha registrado un claro aumento en las afecciones alérgicas (5).
El aumento del asma ha sido concienzudamente documentado. En los EE.UU. alcanzó alrededor de un 30% entre 1980 y 1987 (6). Entre 1990 y 1992, el número de personas en ese país que declararon padecer asma aumentó de 10,4 a 12,4 millones (7). El asma es mucho más frecuente entre los niños afroamericanos que entre los niños blancos (un 26% más frecuente) (8). Desde 1980 a 1987, las muertes por asma en los EE.UU. aumentaron un 30% (9). También se ha incrementado en Australia, Canadá, Gran Bretaña y Nueva Zelanda. Del mismo modo que el asma, en los EE.UU., los índices de mortalidad son más altos entre las minorías: en el período entre 1982 y 1992, los afroamericanos fueron tres veces más propensos a morir de asma que los blancos (10).

Las sustancias implicadas en el aumento de los desórdenes inmunológicos son toxinas ambientales, tanto las aéreas como las contenidas en alimentos. Científicos japoneses, que investigan el alarmante aumento de las alergias al polen en su país desde los años 50, han demostrado que la exposición a emisiones de diesel exacerba las respuestas alérgicas al polen (11). Investigadores franceses observaron que en Francia entre 1984 y 1992 las alergias severas a alimentos habían sido mayormente causadas por alimentos que "no eran de importancia nutricional primaria, como es el caso del apio, los crustáceos, los cacahuetes, el pescado, el mango o la mostaza", sino que a menudo se trataba de "alérgenos ocultos en alimentos muy procesados" (12).

El S.I. consta de múltiples grupos de células en continua interacción, muchas de las cuales se encuentran por todo el organismo. Este "cerebro móvil" no sólo controla constantemente todos los tejidos del organismo sino también todas las partículas que afectan a la piel y la superficie de los pulmones, intestinos y otras superficies mucosas. Las células del S.I. tienen la capacidad de diferenciar las células propias de las no-propias, tales como patógenos, toxinas, parásitos, injertos de tejido y otros objetos que son reconocidos como "extraños". Las células del S.I. están continuamente aprendiendo y memorizando -y, en ocasiones, olvidando- qué deben atacar y eliminar, qué dejar en paz y qué proteger.

"TOLERAR"

El S.I. es, sin embargo, mucho más sofisticado que la seductoramente profunda dicotomía "propio/no-propio". Uno puede pensar, por ejemplo, que la comida que ingerimos podría ser identificada por el S.I. como "extraña", ya que se trata de sustancias "no-propias", cubiertas de células y superficies extrañas. Pero el S.I. no reacciona normalmente contra los alimentos que comemos. Si lo hiciera, los seres humanos no sobrevivirían. Las reacciones inmunológicas contra ciertos alimentos están bien ilustradas cuando alguien ingiere una pequeña cantidad del alimento al que es alérgico: salivación, náuseas, vómitos, diarrea, dolor de cabeza y, en ocasiones, la muerte.

El S.I. del intestino, que representa la mayor parte del S.I. mucótico (13), aprende a reconocer y aceptar ("tolerar") los alimentos, permitiendo su absorción en sangre y en el sistema linfático. También aprende a reconocer elementos patógenos y toxinas ingeridos con la comida y evita que sean absorbidos, en parte mediante la secreción de anticuerpos que atrapan a los patógenos y las toxinas en la mucosidad intestinal. Una vez atrapados, esta parte del S.I. ayuda a atacar, comerse o desintoxicar a estos "invasores". De forma similar, en los pulmones, el S.I. mucótico aprende a reconocer partículas inocuas de sustancias externas, como el polvo doméstico, y a distinguirlas de contaminantes tóxicos que deben ser expulsados inmediatamente mediante la tos y un aumento del flujo nasal.

ALIMENTOS LOCALES

Comer una amplia y diversa gama de alimentos integrales, en lugar de productos refinados y procesados, podría ampliar y mejorar la eficacia de la tolerancia oral en el tratamiento de desórdenes inmunológicos. Ya que incluyendo en la dieta alimentos animales o vegetales locales se puede obtener una tolerancia oral de efectividad máxima ante los alérgenos aéreos de esas mismas plantas y animales (21). Cuando la gente se alimenta de productos de la zona donde residen, las sustancias ingeridas circulan y son controladas por el S.I. mucótico del intestino, brindándole la oportunidad de "aprender" que esas sustancias son elementos benignos del medio ambiente. Comer miel proporciona al sistema S.I. la forma de aprender qué partículas aéreas son inofensivas. Las abejas recolectan muchas de estas partículas (polen y polvo, por ejemplo) y las concentran en la miel. Cuando comemos miel y las partículas entran en contacto con la mucosa bucal e intestinal, el S.I. mucótico ya ha aprendido a tolerar esas partículas y educa al S.I. sistémico a no reaccionar contra ellas como si se tratase de sustancias tóxicas. En ambientes urbanos con enormes cargas de toxinas en suspensión, el S.I. debe ser más eficiente a la hora de distinguir las toxinas en suspensión de las partículas aéreas benignas. Estudios realizados indican que si los ratones son alimentados repetidamente con extractos de polen de ambrosía (especie vegetal endémica del Canadá que produce grandes cantidades de polen, causante de la fiebre del heno), acaban suprimiendo las reacciones inmunológicas contra este alérgeno (22). Estos estudios corroboran la efectividad del tradicional uso de la miel para prevenir la fiebre del heno, los dolores en senos nasales y otras alergias que afectan al hombre.

ALIMENTOS PROCESADOS GLOBALIZADOS

Las tendencias en la producción y distribución de alimentos desde la Segunda Guerra Mundial hacen difícil para la mayoría de las personas de los países desarrollados comer una gran variedad de alimentos completos de cultivo local de temporada. Los alimentos de más fácil acceso son los altamente procesados y originarios de países de todas partes del globo.
Los productos alimentarios procesados "suponen cerca de dos tercios de la totalidad de alimentos y del comercio agrícola existentes en el mundo" (23). A mediados de los 90, aproximadamente el 80% de los alimentos consumidos en los países desarrollados eran procesados por las industrias alimentarias (24). Las compras de alimentos procesados representan el 70% del gasto doméstico en alimentación (25). La cantidad de fruta y vegetales frescos en la dieta estadounidense ha ido disminuyendo de forma constante (26). Entre 1960 y 1981, el consumo por cápita de patatas frescas se redujo a la mitad, mientras que el de patatas congeladas se multiplicó por 7. El consumo por cápita de vegetales frescos permaneció constante, mientras que el de vegetales congelados prácticamente se dobló. El consumo de fruta fresca disminuyó mientras que el consumo de zumos enlatados, y el de zumos congelados y refrigerados de cítricos se incrementó de forma significativa (27). El aumento del procesado ha contribuido a la uniformidad. Los mismos componentes alimentarios (harina de soja, leche en polvo, harina de trigo, azúcar, aromas y carragenina -E470-) se combinan y recombinan en formas cada vez más sofisticadas para crear una diversa gama de productos finales. Los grandes supermercados parecen estar repletos de alimentos diferentes, pero, bajo el envoltorio y los aromas, lo que realmente hay es un reducido grupo de componentes refinados y procesados.
Otro aspecto del procesado de alimentos es la separación: "Gallinas y pavos eran vendidos originariamente enteros, pero, desde principios de los 60, cada vez más las aves se despiezan. Algunas, además, son sometidas a procesos industriales. La parte grasa de la leche ahora se separa de la parte no grasa y, a su vez, es separada en diversos productos" (28).
La eliminación sistemática de muchas partes de los alimentos (cáscara, raíces, hojas...) y el subsiguiente procesado bien puede estar incrementando la incidencia de alergias y desórdenes inmunológicos, en especial entre las personas con poco poder adquisitivo (29). Además, cada vez resulta más difícil comer los alimentos del entorno. Aproximadamente cien años atrás, los alimentos más preciados -productos lácteos, aves, huevos, fruta, vegetales, carne y pescado- en Europa y los EE.UU. eran vendidos en mercados locales y consumidos cerca de donde eran producidos (30). Hoy en día, la mayoría de las industrias alimentarias son esencialmente "nacionales en el ámbito geográfico: empaquetado de carne, la mayoría de productos enlatados, frutos y verduras secos y congelados y bebidas" (31). Incluso para alimentos de primera necesidad o alimentos con elevados costes de transporte -queso de granja, leche, helados, pan, refrescos y hielo- "un 80% se entregan en un perimetro de 325 Km alrededor de los puntos de origen" (32). Las plantas de procesado tienden a estar ubicadas en las proximidades de los lugares de origen de las materias primas más importantes; desde allí los productos acabados son distribuidos por todo el país y, cada vez más, por todo el mundo.
Sysco, el gigante de la distribución alimentaria que sirve al "mercado del comer fuera de casa" norteamericano, declara que la "economía" ha obligado a importar desde el extranjero productos que podrían ser obtenidos en los EE.UU.
-uvas sin semilla de mata roja desde Chile, puré de tomate desde Hungría y albaricoques desde España- a causa de los costes más bajos. Para aprovecharse de los salarios bajos de otros lugares, las plantas de empaquetado de vegetales congelados fueron desmontadas, embaladas, enviadas a la costa oeste del Pacífico y desembarcadas en los puertos de México y de Centroamérica, transportadas al interior y reconstruidas de nuevo" (33).
La proliferación de alimentos altamente procesados paralelamente a la globalización de la industria alimentaria significa que muchos de los alimentos que comemos en el mundo desarrollado contienen cada vez menos cualidades del ambiente físico local en el que se produjeron. Comparemos las zanahorias que pueden comprarse en un mercado local con sus raíces y hojas intactas, con restos de tierra del campo de cultivo, a las zanahorias lavadas, peladas, troceadas y congeladas procesadas por Bird’s Eye en una fábrica lejana. Cuando la gente come alimentos que han sido transportados a lo largo de grandes distancias, las sustancias que estos alimentos contienen pueden ser afectadas por sustancias locales aéreas, de forma que se deterioren o se eliminen. Nuestro S.I. aprende a conocer un grupo determinado de sustancias a través de los alimentos que ingerimos y otro grupo muy diferente a través del aire que respiramos. El S.I. mucótico no tiene la oportunidad de aprender qué polen, hongos y polvo local pueden ser ingeridos y también respirados sin peligro alguno.

PESTICIDAS Y CONSERVANTES

Un tercer aspecto de la industria agrícola global es su confianza en la agricultura química y los conservantes artificiales, lo cual podría estar afectando también a nuestro S.I. Pesticidas, fungicidas e insecticidas se han asentado en los monocultivos industriales contemporáneos; la mayoría de estas sustancias permanecen en los alimentos hasta incluso después de su recogida y procesado. Los conservantes son añadidos en varias fases del procesado para asegurar que el alimento no se estropee durante el tiempo que dura el transporte y su permanencia en las estanterías de los supermercados. En ambientes urbanos, los altos niveles de sustancias tóxicas como son los metales pesados (plomo), disolventes (gasolina), humo del tabaco y otros productos evacuados por automóviles e industrias pueden contaminar los alimentos. Esta gama de pesticidas, conservantes y toxinas aéreas urbanas que nos llegan a través de los alimentos pueden contribuir a producir alergias y enfermedades del S.I.
La mayor parte del tiempo el S.I. trata al alimento que ingerimos como a un amigo y desarrolla una tolerancia activa que suprime las reacciones inmunológicas contra éste, del mismo modo que suprime las reacciones inmunológicas contra todas las sustancias presentes en el organismo, que son similares a estos alimentos.

Sin embargo, si un componente de un alimento está unido a una toxina (un adyuvante), el S.I. considera a la molécula entera como "peligrosa" y desarrolla reacciones inmunológicas activas contra la toxina y contra el componente. Al comer un alimento concreto al que está unido un adyuvante, podría suprimirse cualquier tolerancia oral obtenida previamente mediante la ingestión del alimento sin contaminar y podría generar reacciones inmunológicas tanto mucóticas como sistémicas contra el alimento y cualquier tejido correspondiente del interior del organismo ("intolerancia oral").

Los pesticidas, conservantes y contaminantes tóxicos tienen el potencial de actuar como adyuvantes, aunque han sido poco analizados sus efectos sobre las funciones inmunológicas. A pesar de que las actividades mutagénicas o "de alteración genética" de agentes químicos estén actualmente siendo constatadas mediante el análisis "Ames", no se han desarrollado todavía análisis comparables para observar la actividad adyuvante de algunos fármacos a los que personas de todo el mundo están siendo expuestas. El potencial adyuvante de los pesticidas, conservantes y toxinas aéreas urbanas constituyen una razón suficiente para comer alimentos biológicos de temporada, cultivados localmente y que requieren un almacenaje y un transporte mínimos (34).

SON NECESARIOS NUEVOS ESTUDIOS

Hasta hace poco se ha prestado más atención y se han realizado más estudios sobre el S.I. sistémico, el cual controla la sangre y el sistema linfático, que sobre el inmunológico mucótico, que controla las mucosas de las superficies del intestino, los pulmones, los ojos y los tractos reproductivos. Esto supone un vacío significativo en la comprensión de las respuestas alérgicas y autoinmunes.
Recientes descubrimientos sobre los efectos de la exposición oral sobre las funciones inmunológicas sugieren que los grandes cambios en la producción, transporte, preparación y consumo de alimentos en el mundo, en los últimos 50 años, pueden estar incrementando la evidencia y la gravedad de los desórdenes del S.I. Investigaciones sobre la conexión entre la dieta y la función inmunológica ("inmuno-nutrición") sugieren maneras de reducir desórdenes inmunológicos mediante cambios en la dieta y en el sistema alimentario global.

Hasta que las cosas no mejoren, se puede comprobar que comiendo alimentos completos, preferentemente no procesados, lo más naturales posible y procedentes de los alrededores de donde se vive, se consigue aliviar notablemente los desórdenes inmunológicos.

Richard A. Cone es biofísico en el Departamento de Biofísica de la Universidad de John Hopkins de Baltimore
Este artículo es un extracto del artículo "Inmunidad e Impunidad" publicado por The Ecologist para España y Latinoamérica nº 4, 2 T 2001

 

NOTAS Y REFERENCIAS

  • 1. Las fuentes populares contemporáneas que ensalzan las propiedades curativas de la miel se pueden encontrar habitualmente en bibliotecas o tiendas de alimentos naturales y biológicos. D.C. Jarvis, autor del libro Artritis y Medicina popular, alega: "La miel tomada a diario es la mejor amiga de las células de nuestro cuerpo". Cartas de consumidores a la "Really Raw Honey Company" (empresa de la miel realmente virgen) son indicativas del grado de pasión que sienten las personas que consiguen aliviar sus alergias de una forma tan sencilla. Encontramos ampliamente extendidas multitud de recetas populares e indicaciones para el uso de la miel con el objetivo de aliviar los síntomas de alergias a pólenes aerotransportados; algunos grupos de noticias de Internet describen cómo la gente prueba diferentes usos de la miel para aliviar sus molestias. Las propiedades curativas de la miel se conocen, de hecho, desde hace siglos. Desde el siglo XVII la miel se ha descrito como un remedio para la tos, dificultades respiratorias y dolores de garganta. Un informe realizado en Bulgaria alega haber observado que más de la mitad de los 17.000 pacientes de bronquitis crónica, bronquitis asmática, asma bronquial, rinitis crónica, rinitis alérgica y sinusitis que fueron tratados con miel consiguieron la completa remisión de los síntomas. Hoy en día, está ampliamente aceptado que la miel posee efectos antibacteriológicos, efectos anticancerígenos, y efectos beneficiosos para el corazón y el aparato digestivo. Ver Nasi, A., El Manual de la Miel, Everest House, New York, 1978; Jarvis, D.C. Artritis y Medicina Popular, Fawcett Crest, New York, 1960; Wade, C., Propóleo. Energía de la naturaleza: Milagro sanador de la colmena, publicaciones Keats, New Canaan, CT, 1983; Brown, R., La Biblia de los productos de colmena por Royden Brown, Avery Publishing Group, Garden City Park, NY, 1993; Subrahmanyam, M. Aplicaciones corrientes de la miel en el tratamiento de las quemaduras, British Journal of Surgery, Vol. 78, 1991, pp.497-98; Subrahmanayam, M., Apósitos de miel versus láminas de poliuretano (OpSiter) en el tratamiento de quemaduras. Un estudio aparentemente aleatorio, British Journal of Plastic Surgery, Vol.46, 1993, pp.322-3; Crane, E., Miel: Un análisis global, Heinemann London, 1975, pp260-263; Challem, J. Valoración de las publicaciones médicas sobre el propóleo, la miel y la jalea real de abeja, Natural Food Merchandiser, 1995.
  • 2. Shwartz, R.S. y Datta, S. K., Autoinmunidad y enfermedades del sistema inmunitario, incluída en Fundamental Inmunology (segunda edición), Paul, W. E., Raven Press, New York, 1989, pp. 819-66; Centros para el control y la prevención de enfermedades, Estadísticas de vida y salud, estudio sobre los cuidados médicos ambulatorios nacionales, sumario de 1991, publicado por DHHS —Departamento de Salud y Servicios Humanos de los EEUU- (No. PHS — Servicios de Salud Pública- 94-1777) Washington, DC, 1994.
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  • 8. Evans, R., El Asma entre niños pertenecientes a minorías sociales: un problema creciente, Chest 101 (6), 1992, pp. 368-71.
  • 9. Moslehi, J., op. cit. 6. Las muertes por asma en los EEUU aumentaron de un 0,8 por 100.000 en 1977 a un 2,0 en 1991. ver Sly, R. M., Cambios en la mortalidad por asma, Anales de la Alergia 73 (3), 1994, pp. 259-68.
  • 10. Centros para el control de enfermedades, Estados Unidos por el Asma, Informe Semanal sobre Mortalidad y Morbididad, 43 (51-52), 1995, pp. 952-5. Ver también Malveaux, F. J., Houlihan, D. Y Diamond, E. L., Características de la Mortalidad y la Morbididad por Asma en Afro-americanos, Journal of Ashma 30 (6), 1993, pp. 431-7.
  • 11. Miyamoto, T., Takafuji, S., Suzuki, S., Tadokoro, K. y Muranaka, M., Factores ambientales en la manifestación de reacciones alérgicas, incluido en Estabrook, R. W. et. al., (eds.) Aspectos Toxicológicos e Inmunológicos de substancias químicas ambientales y del Metabolismo de sustancias artificiales, f. K. Shattauer Verlag, New York, 1998, pp. 553-64; Kunz, B. et. al., op. cit. 5.
  • 12. Andre, F., Andre, C., Cacarace, L., Colin, F. y Cavagna, S., Papel de los nuevos alérgenos y del consumo de los mismos en el aumento de incidencias en la sensibilización a algunos alimentos en Francia, Toxicology 93 (1), 1994, pp. 77-83.
  • 13. El sistema inmunitario mucótico se encuentra en los revestimientos de nuestras bocas, ojos, gargantas, pulmones, tractos reproductivos e intestinos.
  • 14. Profet, M., La función de la alergia: defensa inmunológica contra las toxinas, The Quarterly Review of Biology 66 (1), 1991, pp. 23-6.
  • 15. Dakin, R., Notas sobre afecciones cutáneas producidas por ciertos vegetales con efectos tóxicos, American Journal of Medical Science 4, 1829, pp. 98-100
  • 16. Wells, H., Estudios sobre la Química de la Anafilaxis: III: experimentos con proteínas aisladas, especialmente con proteínas de huevos de gallina, Journal of Infectious Destases, 9, 1911, pp. 147-51
  • 17. Trentham, D. E., Dynesius-Trentham, R. a., Orav, E. J., Combitchi, D., Lorenzo, C., Sewell, K. L., Hafler, D. A. y Weiner, H. L., Efectos de la administración oral de colágeno en artritis reumatoide, Science 261,1993, pp. 1727-30.
  • 18. Weiner, H. L., "Tolerancia Oral". Actas de la Academia Nacional de las Ciencias de EEUU, 91, 1004, PP. 10762-5.
  • 19. Al ingerir el tejido íntegro, la tolerancia activa (supresión de la actividad inmunológica) debe más bien su activación a la presencia de antígenos en el tejido y no a una simple molécula o a vecinos inmediatos de ésta.
  • 20. Miller, A., Lider, O. y Weiner, H. L., Supresión de los síntomas producidos por antígenos seguida de la administración oral de antígenos, Journal of Experimental Medicine, 174, pp. 791-98.
  • 21. Ver Profet, M., op. cit. 14.
  • 22. Aramaki, Y., Fujii, Y., Suda, H., Suzuki, I., Yadomae, T. y Tsuchiya, S., Inducción de tolerancia oral tras la administración oral de extracto de polen de ambrosía a ratones, Inmunology Letters 40 (1), 1994, pp. 21-5. Ver también Cook, A. y Wraith, D. C., Inmunoterapia de las enfermedades Auto-inmunes, Current Opinion in Inmunology 5 (6), 1993, pp. 925-33; Hoyne, G. F., O’Hehir, R. E., Wraith, D. C., Thomas, W. R. y Lamb, J. R. Inhibición de la respuesta de las células T y los anticuerpos ante ácaros alérgenos del polvo doméstico mediante la inhalación del epítope de células T dominantes en ratones sensibilizados no expuestos anteriormente al alérgeno en cuestión, Journal of Experimental Medicine, 178, (5) 1993, pp. 1783-8; Metzler, B. y Wraith, D.C., Inhibición de la encefalomielitis auto-inmune experimental mediante la inhalación, que no administración oral


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