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Los plaguicidas y el sistema inmunológico: los riesgos para la salud pública
Los plaguicidas y el sistema inmunológico: los riesgos para la salud pública
Autores: Sanjay Baliga, Robert Repetto
Area: Salud » Medioambiente y Salud

Las inquietudes en torno a los plaguicidas se han orientado sobre todo hacia su potencial para actuar como venenos peligrosos o como agentes cancerígenos. Pero los plaguicidas también pueden acarrear otros riesgos.

Las inquietudes en torno a los plaguicidas se han orientado sobre todo hacia su potencial para actuar como venenos peligrosos o como agentes cancerígenos. Pero los plaguicidas también pueden acarrear otros riesgos. Recientemente se ha podido probar que muchos de los plaguicidas más habituales pueden llegar a anular las respuestas regulares del sistema inmunológico humano a determinados virus invasores, bacterias, parásitos y tumores. El sistema inmunológico constituye la primera línea defensiva del organismo frente a los agentes patógenos; por consiguiente, si se debilita su respuesta podría verse incrementada la gravedad de la dolencia.

Los estudios efectuados en laboratorios muestran que ciertos plaguicidas organoclorados, organofosforados, carbomatos y con componentes metálicos (como los que incluyen arsénico, cobre o mercurio) pueden neutralizar el sistema inmunológico de los mamíferos. Y puesto que por lo general las sustancias que son tóxicas para otros mamíferos lo son también para el ser humano (dado que el sistema inmunológico del ser humano está estructurado de manera muy similar al del resto de los mamíferos), los mencionados estudios revelan qué tipos de inmunodeficiencia pueden afectar a los humanos.

Dichas pruebas aportan una gran cantidad de evidencias. Por ejemplo, la exposición a los organoclorados aldrín y dieldrín reduce la resistencia de los ratones a las infecciones virales, mientras que el DDT disminuye la producción de anticuerpos en especies tanto de mamíferos como de aves. El organofosforado paratión retrasa la generación de anticuerpos y suprime la respuesta de la célula-T en los cultivos celulares, mientras que una exposición crónica de baja intensidad al malatión puede debilitar varias respuestas diferentes del sistema inmunológico. Muchos disolventes, ingredientes inertes y contaminantes que forman parte de los plaguicidas pueden igualmente aminorar las respuestas inmunológicas llevadas a cabo en los laboratorios.

Las evidencias epidemiológicas, aunque limitadas, también apuntan a que los plaguicidas pueden resultar tóxicos para el sistema inmunológico humano. Entre los trabajadores indios de una fábrica, expuestos habitualmente a diferentes plaguicidas, los niveles de linfocitos en la sangre -uno de los elementos del sistema inmunológico- descendieron dos tercios por debajo de los niveles básicos y volvieron los índices normales una vez finalizada la exposición.

Los expertos en epidemiología de la antigua Unión Soviética observaron que tanto el número total como las funciones de las células-T se reducían tras una exposición a los plaguicidas. Así, por ejemplo, los residentes en los distritos agrícolas del sur de Rusia, donde el uso de plaguicidas era intenso, tenían un número de estas células menor que el resto de la población; además, acusaban mayores índices de enfermedades infecciosas.

De igual modo, en Moldavia -igualmente parte de la antigua Unión Soviética- los adolescentes de los pueblos con mayores tasas de uso de plaguicidas tenían índices varias veces más altos de infecciones respiratorias y digestivas que los adolescentes de otras zonas en las que la utilización de plaguicidas no era tan intensa. Entre 1960 y 1980 los índices de aplicación de plaguicidas por hectárea en las regiones agrícolas del centro y sur de Moldavia superaban en casi 20 veces la media mundial.

La supresión del sistema inmunológico por causa de los plaguicidas puede tener que ver también con el desarrollo de algunos tipos de cáncer. Considerados en su conjunto, los agricultores sufren mayor riesgo de contraer la enfermedad de Hodgkin, melanoma, mieloma múltiple y leucemia, todos ellos cánceres del sistema inmunológico.

Por desgracia, a pesar de las evidencias, el estudio de la supresión del sistema inmunológico causada por la mayoría de los plaguicidas está todavía en mantillas; poco esfuerzo se ha realizado para clarificar las relaciones entre dosis y efectos. Así pues, no se ha podido llegar a ningún consenso acerca cuánta exposición se requiere para afectar, hasta el punto de poner en riesgo la salud, al sistema inmunológico; o qué tipo de efectos a la larga podrían causar las exposiciones crónicas con dosis bajas. Sin embargo, está claro que el riesgo potencial para la salud, especialmente entre la población agrícola donde la exposición está generalizada, es suficientemente significativo.

Al igual que con otros riesgos, los peligros derivados del debilitamiento del sistema inmunológico por causa de la exposición a los plaguicidas pueden ser mayores en el mundo en desarrollo y en países como la antigua Unión Soviética, donde grandes proporciones de la población viven aún en medios rurales y trabajan la agricultura. En estas regiones el uso de los plaguicidas crece con celeridad, en tanto que la legislación al respecto y las prácticas manipuladoras de los productos dejan mucho que desear.

Para empeorar más las cosas, las condiciones de vida de mucha gente en los países en vías de desarrollo hacen que los riesgos sean todavía mayores. Las respuestas de sus sistemas inmunológicos se hallan ya debilitadas por la malnutrición; y, al mismo tiempo, la contaminación del agua potable y la falta de saneamiento, junto con unas viviendas inadecuadas, exponen a esta población a más agentes patógenos. El resultado es una tasa de mortalidad muy alta debida a enfermedades muy corrientes, como el sarampión y la tos ferina, por ejemplo, enfermedades de las que los pacientes se recuperan con facilidad en los países más ricos.

Si a todo esto se añade el efecto inmuno- depresor provocado por los plaguicidas, el peso de las enfermedades más comunes se verá considerablemente incrementado. Las consecuencias podrían permanecer ocultas, porque la gente no suele fallecer de envenenamiento agudo; las muertes se atribuirían, más bien, a otras enfermedades como la neumonía, la gastroenteritis o a complicaciones del sarampión. El hecho de que la exposición a los plaguicidas debilite las respuestas del sistema inmunológico, aumente su vulnerabilidad ante las enfermedades y provoque la muerte pasaría inadvertido.

Adaptado de:
Robert Repetto y Sanjay Baliga, Pesticides and the Immune System: The Public Health Risks (World Resources Institute, Washington, D.C., 1996).
Este artículo forma parte de "Recursos mundiales. 2000"

Editado por EcoEspaña Editorial. http://www.buenosdiasplaneta.org



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