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Cancer de mama, dieta y estilo de vida
Cancer de mama, dieta y estilo de vida
Autor: Isabel F. del Castillo
Areas: Nutrición » Artículos
Salud » Mujer y Salud

Un repaso de las causas hormonales, dietéticas, de estilo de vida que contribuyen a incrementar o a reducir el riesgo de padecer esta enfermedad.

Es una enfermedad cada vez más frecuente. Todos tenemos algún caso en nuestro entorno, y eso nos da miedo. Miedo porque pensamos que es una lotería, que no podemos hacer nada por evitarlo.

Pero lo cierto es que eso ya no es así. Hay pueblos que apenas conocen el cáncer de mama, como es el caso de China y Japón. Pero eso es sólo cuando siguen la dieta tradicional. Cuando se trasladan a Occidente, o adoptan la dieta occidental, al cabo de dos generaciones los índices de esta enfermedad se igualan con los de las occidentales. Esto descarta, por lo pronto, la variable genética.

Esta ha sido una de las pistas más importantes que han seguido muchos equipos de investigación para tratar de detectar cuales son los factores ambientales, dietéticos, de estilo de vida, que crean el terreno propicio para que se desarrolle la enfermedad. Afortunadamente para nosotras, saber más acerca de ellos nos ofrece la posibilidad de hacer algo, o mucho, por reducir este riesgo.

Una constelación de causas

Es una gran tentación atribuir la razón de lo que nos ocurre a una sola causa. Pero no hay una, sino una "constelación" de ellas. . Algunas están fuera de nuestro control: susceptibilidad genética, contaminación ambiental, contaminación de los alimentos por pesticidas y fertilizantes, etc. Habrá incluso causas que todavía no conocemos. Pero lo que aquí vamos a tratar es de los factores promotores de esta enfermedad que ya están identificados y que sí podemos evitar. Es importante comprender que ninguna de las causas es definitiva en sí misma, es la sinergia entre ellas y en relación con nuestra constitución y herencia genética lo que determina nuestro nivel de riesgo.

Crean un "terreno" propicio al desarrollo de cáncer de mama:

LOS ESTRÓGENOS.

Son hormonas segregadas por los ovarios y por las glándulas suprarrenales entre cuyos efectos está la maduración de los órganos sexuales, incluidas las mamas. Su función es estimular a las células a multiplicarse. En niveles adecuados, su efecto es saludable, y repercute no sólo en estado de los órganos reproductores, sino en el de los tejidos en general, la piel, las mucosas, los huesos, el cerebro, etc.

Que las células puedan multiplicarse es necesario, ya que constantemente se están sustituyendo células en todos los tejidos. Unas más deprisa, como es el caso de la mucosa intestinal, que lo hace cada dos días. Otras se renuevan despacio, como es el caso de los huesos, que tardan varios años. El problema aparece cuando la "velocidad de crucero" de esta labor se acelera. No sólo crecen más células, sino que además aumentan las posibilidades de algún "error" genético.

El tejido de los pechos es muy sensible a los estrógenos. Es por eso que niveles excesivos de esta hormona se relacionan con un mayor índice de probabilidades de padecer cáncer.

Es un hecho que hoy en día la exposición de las mujeres al efecto de los estrógenos es superior a cualquier otro tiempo pasado, debido a que:

  • Tenemos menos hijos. Durante la primera mitad del ciclo menstrual aumenta la secreción de estrógenos hasta que se produce la ovulación, momento en que disminuye para aumentar la de progesterona. Si ocurre un embarazo, la secreción de estrógenos disminuye, en favor de otras hormonas de la gestación. Es decir, hay un cierto "descanso estrogénico".

    Hasta mediados del siglo pasado, las mujeres tenían fácilmente 6 — 8 hijos, lo que suponía bastantes ovulaciones menos. Además se les daba de mamar muchos meses, por lo que la regla podía tardar en volver unos dos años por cada niño. Eso suponía que las mujeres tenían durante su vida fértil varias decenas de ciclos menstruales menos, y con ellos, una menor exposición a los estrógenos, que las mujeres actuales.

    Pero probablemente esto no tenga tanta importancia como:
  • Los estrógenos químicos (xenoestrógenos). A ellos se atribuye en gran medida la progresiva disminución de la cantidad y calidad de espermatozoides que se da actualmente en el semen masculino, y no sólo de nuestra especie. Los xenoestrógenos ("xeno" = extranjeros) son moléculas que sin ser estrógenos se comportan en el organismo como tales. Encajan en los receptores de estrógenos de las células y producen el mismo efecto estimulante de crecimiento celular, pero mucho más intenso.

    Son los llamados disruptores endocrinos, una auténtica amenaza no sólo para nuestra salud, sino para reproducción y supervivencia de miles de especies animales, ya que causa la "feminización" de los individuos machos. Estos elementos proceden de la contaminación ambiental y agrícola: son residuos de fertilizantes y pesticidas, de plásticos y de contaminantes de todo tipo, que están presentes en los alimentos, el agua, etc.

    La exposición a los estrógenos puede modularse en cierta medida evitando en lo posible el contacto entre comida y plásticos, consumiendo productos de agricultura biológica, reduciendo la proporción de proteína animal de la dieta y especialmente de lácteos, y también por medio de los fitoestrógenos (estrógenos vegetales) de los que hablaremos más abajo.
  • Reposición de estrógenos en la menopausia. Otro factor de riesgo asociado a los estrógenos es la Terapia Hormonal Sustitutoria. En las últimas décadas, ha sido bastante habitual administrar estrógenos a las mujeres después de la menopausia, con el objetivo de contrarrestar los efectos de la disminución en la producción de estrógenos característica de esta época de la vida.

    Sin embargo, dos estudios recientes, publicados por el Journal of the American Medical Association, han puesto de manifiesto que los riesgos de esta terapia superan a las ventajas. En uno de esos estudios, que evaluaba el efecto de la terapia en 16.600 mujeres sanas, éstas fueron avisadas del final del seguimiento ¡tres años antes! Actualmente, los estrógenos aparecen en la lista oficial de sustancias carcinógenas que editan las autoridades sanitarias norteamericanas.

    Se están explorando otras alternativas. Y una de ellas, otra vez, son los fitoestrógenos. Los fitoestrógenos parecen comportarse como sustancias funcionales, es decir, pueden tener un efecto modulador, o estimulante, de las funciones celulares, según las circunstancias.

 

DIETA

  • Productos lácteos. Cinco episodios de cáncer de mama llevaron a la científica Jane Plant a investigar a fondo esta enfermedad. De hecho, y este es uno de los descubrimientos más importantes, en China y Japón nunca se han consumido estos productos.

    Este efecto no se debe a su contenido en grasa, sino porque es un alimento con una gran carga hormonal. El bebé humano, alimentado con leche de su madre, dobla su peso en seis meses, el ternero lo hace en 47 días, y en ese tiempo puede alcanzar los 100 kilos. La leche de la vaca provee al ternero no sólo del alimento necesario (proteínas, grasas, glúcidos, calcio, fósforo…), sino también de una variedad de hormonas de crecimiento, mensajeros químicos cuya función es estimular la proliferación celular del ternero, para que aumente de peso rápidamente. Dicho de otro modo, la leche es un potente cóctel de hormonas y sustancias afines, que actúan sinérgicamente entre sí. Esta es, probablemente, una de las causas del aumento de estatura que ha ocurrido en Occidente en las últimas décadas.

    Cuando ese estímulo es recibido por un organismo adulto, de una especie de mucho menor peso, que ya ha concluido su etapa de crecimiento, y que no necesita ese estímulo, este efecto hormonal/estimulante puede tomar un camino lateral de efectos poco deseable. El tejido de los pechos es especialmente sensible; el cáncer de mama es un cáncer impulsado hormonalmente.
  • Dieta baja en fibra. La fibra atrapa y arrastra los estrógenos que han terminado su vida útil y deben eliminarse por vía hepática / intestinal. Una dieta insuficiente en productos vegetales y granos integrales (legumbres y cereales integrales) puede no contener la suficiente fibra, y dar a lugar a que estos estrógenos se reabsorban por vía intestinal.
  • …y alta en grasa. Dietas altas en grasa se relacionan con una mayor incidencia de esta enfermedad. Entre otras cosas, incrementa la síntesis de estrógenos. Los países que siguen dietas bajas en grasas, altas en fibra y adecuada en calorías tienen una tasa de esta enfermedad notablemente inferior.

    Cuando la grasa es animal, la cosa se complica. Al estar en lo más alto en la pirámide alimentaria, los animales tienen una concentración de residuos de pesticidas, fertilizantes y contaminantes químicos mucho mayor que los vegetales. Muchos de estos contaminantes tienen efectos cancerígenos conocidos. En el organismo del animal estas toxinas normalmente se acumulan en la grasa. Dado que el tejido mamario se compone en gran parte de grasa, los pechos tienen una gran tendencia a ser almacén de toxinas, lo que a su vez aumenta el riesgo de dañar el ADN.
  • Una dieta muy oxidante. La dieta standard occidental se caracteriza por un desequilibrio entre la carga oxidante y los elementos antioxidantes protectores (vitaminas C y E, carotenos, ciertos minerales y oligoelementos, fitoquímicos) Esto ocurre cuando la alimentación es pobre en alimentos integrales y vegetales frescos, y rica en alimentos refinados, desvitalizados, procesados, demasiado cocinados, etc. A ello contribuye el progresivo empobrecimiento en micronutrientes de los suelos agrícolas debido a los fertilizantes químicos, que consisten básicamente en tres elementos: nitrógeno, fósforo y potasio. Los oligoelementos, que antes volvían a la tierra por medio de la fertilización orgánica (estiércol y compost), actualmente no se reponen.

    En este punto, es muy importante valorar la influencia de las técnicas y temperatura de cocinado sobre la calidad e integridad de los aceites. Con los aceites vegetales, la inadecuada manipulación, especialmente de los inestables aceites poliinsaturados, o el uso excesivo de la temperatura a la hora de cocinar, puede dar lugar a procesos de oxidación y de generación de radicales libres.

    Por ello es importante utilizar aceites obtenidos por primera presión en frío, utilizar para cocinar sólo aceite de oliva, y reservar los aceites de semillas solo para consumir en crudo.
  • Una dieta con un alto índice glucémico. Las principales hormonas de crecimiento se llaman IGF-1 e IGF-2, literalmente, factor de crecimiento de tipo insulínico. Es decir, la insulina es un facilitador de la acción de estas hormonas, además de incrementar la producción de estrógenos. Una dieta alta en azúcares y productos refinados, que da lugar a una cotidiana descarga excesiva de insulina, facilita la actividad de todas estas hormonas.
  • El alcohol. El abuso de alcohol aumenta la predisposición al cáncer. Incrementa el desgaste de micronutrientes, deprime el sistema inmunitario y acelera los procesos de envejecimiento. Cuando el abuso es manifiesto, puede llegar a producir daños hepáticos y cerebrales. Las mujeres somos más sensibles a los efectos del alcohol. En este tema, sin duda, los mejores consejeros son la moderación y el sentido común.

 

ESTILO DE VIDA

  • No dar de mamar a los hijos cuando se tienen. La lactancia no es sólo buena para los bebés. También lo es para sus madres. No sólo porque retrasa la primera ovulación, con lo que eso supone desde el punto de vista de la producción de estrógenos. También porque permite que los cambios experimentados por los pechos a causa del despliegue hormonal del embarazo culmine en su consecuencia natural, que es la producción de leche para el bebé. No olvidemos que la función hace el órgano.
  • Uso excesivo del sujetador. Dos son los mecanismos fundamentales identificados por los cuales el sujetador puede ejercer un efecto negativo sobre el pecho.
  • Dificulta la circulación linfática. Los vasos linfáticos que recorren las mamas evacúan hacia los ganglios situados en la axila. Cuando el pecho está comprimido, el drenaje linfático se entorpece. Si además el sujetador está armado (con aros), o tiene push ups la compresión es aún mayor. Los elásticos y superficies duras afectan directamente a la circulación. Es un principio similar al del torniquete. Indirectamente, tener los pechos tan sujetos y constreñidos no sólo comprime los vasos, sino que impide el libre movimiento de las mamas, y la circulación linfática es muy dependiente del movimiento. El tejido de los pechos es muy graso, y tiene tendencia a acumular toxinas ambientales, algunas de ellas muy peligrosas y con efectos carcinógenos. Un drenaje linfático insuficiente impide que estas toxinas circulen y se vayan drenando, favoreciendo su acumulación y su acción local.
  • Aumento de la temperatura de las mamas. Un segundo mecanismo identificado es que el sujetador, y más aún si están confeccionados con tejidos sintéticos (casi todos), aumenta la temperatura en el pecho. El pecho pasa a ser un "área caliente", y hoy se sabe que las zonas del cuerpo afectadas por cáncer son zonas más calientes. La temperatura en el pecho se mide por termografía, usando una cámara fotográfica sensible al calor. El pecho de las mujeres que no usan sujetador está más fresco. La diferencia de temperatura entre un pecho precanceroso y un pecho normal es de medio grado centígrado: el pecho precanceroso es más caliente. Por tanto, las prendas constrictoras que elevan la temperatura del pecho representan en principio un riesgo añadido.
  • El tabaco, que aumenta la incidencia de todos los tipos de cáncer, por los más de 3.000 subproductos de la combustión del tabaco presentes en el humo, muchos de ellos con efectos cancerígenos constatados. Eso también da lugar a un enorme desgaste de elementos protectores (vitaminas, minerales y otros antioxidantes), utilizados por el organismo para detoxicar el sistema.

    Es importante entender el efecto "sinergico" entre todas estas causas. Tener un nivel alto de estrógenos probablemente no tendría un efecto negativo en si mismo, si a ello no se añaden otros factores.

    Crean un "ambiente interno" poco propicio al cáncer

    • Reducir los factores de riesgo, que hemos visto en el punto anterior. Esto puede ser especialmente importante para aquellas mujeres que por su historial familiar o personal tengan muchas "papeletas" (antecedentes familiares, existencia de nódulos y quistes, etc.). El paso siguiente sería ir introduciendo hábitos alimenticios y de estilo de vida que contribuyen a proteger nuestro organismo de esta (y otras) enfermedadnos ayuden a protegernos.
    • Verduras y frutas. Contienen antioxidantes, son alcalinizantes y depurativas. La recomendación de tomar vegetales frescos es uno de los puntos del decálogo contra el cáncer de la OMS. Antioxidantes son ciertas vitaminas (Vit. C y E y carotenos) y minerales (selenio, zinc, magnesio, manganeso…) Es importante tomar verduras de todos los colores, para estar seguros de tomar una variedad de bioflavonoides y antocianidinas, antioxidantes vegetales que además potencian la acción de las vitaminas y oligoelementos antioxidantes. El poder antioxidante del té verde, por ejemplo, se debe a una clase de bioflavonoides, las catequinas.
      Hay algunos grupos de verduras especialmente interesantes:
    • Crucíferas (col, berza, brócoli, coliflor, coles de Bruselas). Contienen un principio, el carbinol-3-indole, con acción positiva frente a esta enfermedad. Según los estudios que se han realizado, las dosis de este principio que hay que tomar para tener efectos "medibles" rebasa ampliamente la que contiene una ración de estas verduras. Pero hay que entender que para poder sacar conclusiones, estos estudios miden solamente los efectos de una variable, por ejemplo, la cantidad de carbinol-e-indole de la dieta. En personas sanas, que además tienen el cuidado de eliminar otros factores de riesgo, y mejorar su dieta, una cantidad normal de estas verduras cotidianamente puede contribuir a crear ese ambiente "poco propicio" al desarrollo de la enfermedad.
    • Los allium (ajo, cebolla, puerro, chalotas), por sus propiedades, depurativas y antioxidantes.
    • Fitoestrógenos. Son estrógenos vegetales que "ocupan" los receptores de estrógenos (estimulantes de crecimiento celular), evitando que al menos en parte sean ocupados por estrógenos o los potentes xenoestrógenos. Son las famosas isoflavonas, que tanto han dado que hablar en referencia a la soja. La soja es una buena fuente fitoestrógenos pero no la única. En realidad, hay más de 300 plantas que contienen principios con actividad estrogénica: isoflavonas, lignanos, coumestanos. Las isoflavonas se encuentran en la soja, lentejas, garbanzos y otras legumbres; los lignanos en diversas frutas y cereales, y especialmente la semilla de lino; los coumestanos se encuentran entre otras en las semillas de girasol. Eso quiere decir que una persona con dieta predominantemente vegetariana y suficientemente variada puede estar tomando una cierta cantidad de fitoestrógenos sin estar necesariamente tomando soja. Aunque la baja tasa de cáncer en Oriente se ha relacionado directamente con su alto consumo de esta legumbre, lo cierto es que hay otros factores dietéticos diferenciales que también contribuyen a ello: nulo consumo de productos lácteos, dieta baja en grasa, gran consumo de verduras, más pescado que carne, y técnicas de cocinado muy sencillas.

      Otras fuente de fitoestrógenos son las semillas de lino, muy recomendables también por su contenido en ácidos grasos omega-3 y sus mucílagos, muy beneficiosos para el intestino. Se tuesta ligeramente una cantidad como para 4-5 días y se muele con un molinillo de café destinado sólo a eso. Hay que guardarlo en la nevera y después del quinto día deshechar lo que queda, ya que el aceite del lino es poliinsaturado y se enrancia fácilmente). Cada día se añaden una o dos cucharadas diarias a las comidas: arroces, verduras, legumbres… También contienen fitoestrógenos el polen de abeja.

    • Agricultura orgánica. Los productos orgánicos garantizan un menor contenido de contaminantes químicos, y una mayor cantidad de vitaminas, minerales y fitoquímicos antioxidantes y protectores.
    • Ejercicio físico. Mejora el drenaje linfático, aumenta la eliminación, reduce el estrés, aumenta la sensación de bienestar, incluso emocional, y estimula el sistema inmunitario
    • Salud hepática. Cuidar el estado del hígado es vital en la prevención de cualquier enfermedad, ya que a sus innumerables funciones se añade la de ser el principal filtro detoxicador de la sangre. Pero esta función desintoxicadora no es infinita, tiene un límite. La principal forma de proteger el hígado es limitar aquellas sustancias que pueden suponerle una sobrecarga (grasas saturadas, fritas, de mala calidad, alimentos refinados, lácteos, café, dulces, alcohol, etc.)

      En Medicina China, la salud de los órganos genitales, pechos, útero y ovarios está muy relacionada con el estado del hígado, debido a que el trayecto interno del meridiano de hígado pasa por estos órganos. Por ese motivo, para tratar un problema ginecológico, es necesario regular el Qi hepático. Y una de las principales causas del estancamiento de Qi hepático es, precisamente, una alimentación inadecuada. En Medicina China, el estadio siguiente al bloqueo de Qi es el estancamiento de sangre, y eso a su vez crea las condiciones para el desarrollo de masas y tumores.
    • Salud intestinal. El estado de los intestinos es tan importante como el del hígado, ya que el hígado evacúa hacia el intestino las sustancias de deshecho de las que es necesario deshacerse. Es, además, la vía de eliminación de los estrógenos que han terminado su vida útil y deben ser eliminados. Si el contenido intestinal no contiene suficiente fibra que acelere el tránsito intestinal y arrastre los tóxicos éstos pueden atravesar la pared del intestino y reingresar en el torrente sanguíneo.

      La mucosa intestinal está formada por una sola capa de células que se renueva cada dos días. Si esta mucosa está en buen estado, tendrá el grado de permeabilidad correcta, que permita sólo el paso de nutrientes, pero no el de sustancias de deshecho.
    • Bienestar emocional. En todo proceso canceroso hay una implicación del sistema inmunitario, sobre el cual tiene una influencia decisiva nuestro estado hormonal, es decir, emocional. Si nuestro objetivo es disfrutar de la mejor salud para mejor disfrutar de la vida, no podemos perder de vista el hecho de que nuestras emociones tienen un impacto insoslayable sobre nuestro estado de salud. La obra "cuerpo de mujer, sabiduría de mujer" es un excelente tratado de ginecología al alcance de cualquiera que además incluye la perspectiva psicosomática.

     

    Isabel Fdez. del Castillo
    Diplomada en Medicina Tradicional China
    Especialista en Nutrición y Dietética
    Autora de La Revolución del nacimiento

     

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