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Cambio climático. El efecto multiplicador de las soluciones
Cambio climático. El efecto multiplicador de las soluciones
Autor: Edward Goldsmith
Area: Vida Sostenible » Sostenibilidad

El efecto multiplicador es muy conocido por los economistas... Podría también aplicarse a un programa de urgencia para la lucha contra la crisis climática, programa cuyos efectos benéficos se extenderían a toda la sociedad: un multiplicador de soluciones.

Edward Goldsmith se pone pragmático ante la magnitud del problema que ya asuela a la Humanidad con el cambio climático...

¿Qué hacer para evitar la catástrofe climática, y cómo actuar de manera preventiva?

Sí estuviéramos en 1950, el problema sería mucho menos arduo. Ahora bien, ya que desde esta fecha no se ha acometido prácticamente nada para evitar la emisión masiva de gases de efecto invernadero, la situación ha empeorado rápidamente y ofrece actualmente menos posibilidades de acción. No nos podemos permitir esperar más tiempo, hay que actuar eficazmente y en breve plazo. Además, a causa del tiempo perdido, estas medidas se tendrán que tomar en el marco de un programa de urgencia que prevé unos cambios concentrados en un periodo inevitablemente apremiante. Porque, de no ser así, podrían intervenir toda una serie de efectos sinérgicos y de retroacciones positivas. Podríamos encontrarnos un día con un Gulf Stream cuyo cambio de curso habría provocado un enfriamiento del nordoeste de Europa; o la elevación del nivel del mar a consecuencia del deshielo del casquete glacial del oeste del Antártico; o de un monzón desfasado y la consecuente hambruna en el sur y sudeste de Asia; o, finalmente, a una desertificación de la Amazonia, con graves consecuencias para el porvenir del planeta. Como dice Bill Hare en el Carbon Logic de Greenpeace (1), tales catástrofes son irreversibles a escala de la historia humana. Cuanto más retrasemos nuestra acción real, tanto más serán susceptibles de producirse. Es absolutamente necesario que los gobiernos, los industriales y el gran público escuchen este mensaje.

Sin embargo, la transición hacia energías renovables en el periodo previsto por el Carbon Logic de Greenpeace sería políticamente y económicamente difícil. Los costes, dicen sus autores, serán elevados, particularmente para la sustitución de la infraestructura de nuestra economía basada en energías fósiles. ¿Dónde encontrar, pues, el dinero? Existe, sin embargo, un cierto número de evidentes fuentes financieras.

REFORMAR LA FISCALIDAD

El sistema de tasación tiene que ser reformado. Las tasas deben aumentar exponencialmente sobre las actividades económicas que emitan gases de efecto invernadero. De esta manera, significarán la incitación necesaria para las empresas y para el público para hacer los cambios apropiados tan rápido como sea posible. Claramente, hay que introducir una tasa sobre el carbono; lo ideal es que esta tasa se vaya haciendo más pesada año tras año hasta que llegue a ser prohibitiva. Este principio podría también ser adoptado para eliminar progresivamente cualquier otra actividad que contribuya al cambio climático, como la tala de árboles de selvas primarias, la producción de productos químicos clorados que dañan la capa de ozono y el uso de productos químicos en la agricultura. Además, habría que introducir una tasa Tobin (del nombre del economista y premio Nobel Dr. James Tobin) sobre las transacciones monetarias internacionales. Estas transacciones están estimadas en 1,3 mil millones de dólares por día. Una tasa de solo el 0,25% podría generar de 300 a 400 mil millones de dólares al año si no se redujera el volumen de las transacciones, y, aún así, la cantidad generada sería incluso muy importante (2).

REORIENTAR LAS SUBVENCIONES

Otra fuente colosal de fondos para subvencionar la mutación hacia energías renovables podría provenir de las asombrosas cantidades gastadas cada año para lo que deberíamos llamar la subvención de las energías fósiles y otras actividades responsables del recalentamiento planetario. Según el observatorio Alliance to Save Energy, el sector energético de Estados Unidos recibe subvenciones desde 21 hasta 36 mil millones de dólares por año (3). Como si todo esto no fuera suficiente, las infraestructuras eléctricas están a punto de recibir un maná monetario, a cargo de los contribuyentes, para facilitar la desregulación de la industria. Parece ser que los gastos tendrán que ser soportados por los consumidores y los contribuyentes. Ahora bien, estos gastos fueron inducidos por inversiones ruinosas como las centrales nucleares, de las cuales se conocen, por otra parte, desde hace años… los costes reales, con mucho superiores a las cifras adelantadas por la industria. El importe de la deuda, según Moody’s Investor Services, se elevaría desde unos 50 hasta unos 300 mil millones de dólares. Las asociaciones de defensa de los consumidores y del medio ambiente adelantan cifras que llegan hasta unos 500 mil millones de libras (4).

A escala mundial, las subvenciones acordadas a las industrias de energías fósiles se acercan a los 300.000 millones de dólares. Según David Roodman (5), incluso los países en vías de desarrollo han gastado unos 65 mil millones de dólares en 1991 para financiar el control del precio de las energías fósiles, incluidos el queroseno y el diesel, de los cuales dependen cada vez más los pobres para calentarse e iluminarse. Además, los países en vías de desarrollo han contribuido en 1991, con unos 46 mil millones de dólares, a las compañías productoras de energía para compensar los precios más bajos que prevalecían en la época. Los países del bloque del Este gastaron asimismo de 135 hasta 180 mil millones de dólares en el mismo año, o sea un 10% de su PNB, para mantener los precios de los combustibles más bajos que los de los países occidentales. De 34 a 39 mil millones suplementarios fueron asignados a subvenciones para la electricidad en estos mismos países.

EL COSTE REAL DEL PETRÓLEO

Las subvenciones para energías fósiles son de hecho mucho más importantes si se tiene en cuenta el coste real del petróleo en términos de seguridad nacional, es decir el coste del mantenimiento de regímenes abiertos a los intereses occidentales en las regiones petrolíferas del globo. Este coste ha sido estimado por Edwin S.Rothchild, de Citizen Action (6), en aproximadamente 57 mil millones de dólares por año, o sea 9,19 dólares por barril de petróleo usado en Estados Unidos. Un coste evidentemente mucho más elevado en caso de problemas de seguridad mayor, como en la época de la invasión de Kuwait por Irak, que amenazaba el principal acceso de Estados unidos al petróleo. La operación "Tormenta del desierto" ha costado 60 mil millones de dólares (7) al conjunto de los gobiernos que participaban en la operación. Cuando se eliminen absolutamente los combustibles fósiles, se podría entonces reorientar todas estas subvenciones hacia las energías renovables.
Una fuente suplementaria de fondos para financiar la transición a la eco-nomía solar es todo el dinero invertido por el Banco Mundial en los países del Sur para financiar centrales que usan combustibles, proyectos medioambientales nocivos como las presas, así como las autopistas que revientan las zonas forestales. Ocurre lo mismo con otros bancos multinacionales de desarrollo y agencias de ayuda bilateral tal como la ODA en Gran Bretaña y la USAID en Estados Unidos: su principal función no es ayudar a los pobres, sino subvencionar las empresas inglesas y americanas deseosas de montar proyectos de infraestructuras a menudo destructores en los países del Sur.
Igual de trascendente es la reorientación de las subvenciones gubernamentales masivas para la industria nuclear, en particular en el sector del i + d. Según Roodman (8), estas subvenciones se elevaron, desde 1948, a 34 mil millones de dólares. Existen también subvenciones indirectas en EE.UU. Gracias a la ley Price-Anderson, votada en 1959, el Estado se comprometía a hacerse cargo del pago de los daños causados por los accidentes nucleares, las fugas en los centros de reciclaje de residuos y otras instalaciones, por encima de un importe especifico. Si la industria nuclear tuviese que pagar su propio seguro a todo riesgo, le costaría 3 mil millones de dólares por año, además de sus gastos habituales de funcionamiento:

Por otra parte, se ha comprobado que, desde 1974, los gobiernos de la OCDE han invertido 247 mil millones de dólares en el sector nuclear, en i + d, en investigación en los reactores convencionales, los supergeneradores y la fisión nuclear. La ayuda gubernamental a la energía nuclear mundial contrasta fuertemente con las muy modestas ayudas asignadas a las energías renovables. Según Steven Gorelick, esto es así principalmente porque: "La energía nuclear conviene a una economía industrial a gran escala mientras que las energías renovables descentralizadas, como los generadores solares, van a contrapelo del modelo industrial global pero centralizado" (9). Pero las industrias de energías fósiles no son las únicas en estar subvencionadas a escala mundial. Lo mismo ocurre con la industria del automóvil, visto las cantidades colosales gastadas por los gobiernos en la construcción de autopistas, a fin de adaptarse a las exigencias básicas de la industria. Según David Roodman (10) "los gobiernos invierten actualmente al menos 500 mil millones de dólares por año en tales actividades destructivas para el medio ambiente", pero se adivina que la cantidad es de hecho muy superior. Ello son fondos por reorientar, aunque sólo sea para la mejora de los transportes públicos.

REDUCIR LOS GASTOS MILITARES

Otra fuente de financiación podría proceder de las increíbles cantidades enterradas en armamento. Según Michael Renner (11), los gastos militares desde la II Guerra Mundial se elevan desde 30 hasta 35 trillones de dólares. Constan los costes de "eliminación de los stocks de armamentos obsoletos, la descontaminación y la rehabilitación de las tierras contaminadas y de los equipos utilizados para producir, probar y contener los armamentos, pero también (los costes) de las destrucciones y del caos causado por la guerra, los estragos en las cosechas, y en fin el coste de la asistencia humanitaria a los refugiados y su integración". Renner estima que si tenemos en cuenta todos estos factores, el coste total de la guerra Irán/Irak (desde 1980 hasta1988) ha tenido un monto de hasta 416 mil millones de dólares, y el de la Guerra del Golfo de 1991 de hasta 676 mil millones de dólares (estimaciones del presupuesto militar de la Fundación Monetaria Árabe) (12). Una vez abandonadas las energías fósiles y cumplido el paso hacia la necesaria eco-nomía local de escala humana, la necesidad de tales gastos se reducirá drásticamente por sí misma, y de paso disminuirán los costes humanos, sociales y ecológicos.

PREVISIÓN DE LOS "COSTES"

Es pues patente que estos fondos podrían estar disponibles si existiera una voluntad política de resistir a la potente oposición proveniente de amplios sectores de la industria. Lo que más temen los industriales americanos opuestos a las medidas de prevención del cambio climático es que estas medidas hagan menos competitiva a la industria. Sin embargo, un estudio del World Research Institute (WRI) (13) muestra que la mayor parte del programa, es decir la eliminación progresiva de todos los combustibles fósiles, no restará competitividad a la industria americana. Sus argumentos son los siguientes:

Más de las dos terceras partes del comercio y de las inversiones americanas se hacen con otros países industrializados, que tienen generalmente unos precios más elevados y que, de cualquier manera, también tendrán que reducir sus emisiones (si no es de manera aún más drástica), en el marco de un tratado sobre el clima.

  • Las inversiones americanas hechas directamente en el extranjero en sectores muy energívoros no se hacen en países en vías de desarrollo de bajos costes energéticos, sino más bien en países industrializados donde la energía cuesta más.
  • Entre las industrias que producen bienes comercializables, menos de un dos por ciento de los empleos se encuentra en sectores energívoros. Los gastos energéticos constituyen una fracción ínfima del valor de la mayoría de los bienes de servicios. Más de un 80% de la producción y más de un 90% de los empleos en bienes comerciales conciernen sectores en los cuales los gastos energéticos representan un 3% del valor de las ventas (14).

¿CALLEJÓN SIN SALIDA?

Además, las reformas energéticas en los países del Sur generan para las firmas americanas perspectivas significativas en materia de intercambio y de inversiones; podrán así suministrar fuentes energéticas más limpias y más rentables. Según Brent Blackwelder, director de Amigos de la Tierra (15) en Estados Unidos, USA no perderá su competitividad, muy al contrario: "Cuando Estados Unidos va en cabeza, tenemos tendencia en llevar a los otros por nuestro camino. ¿Sí basamos nuestra economía en el salario, seguirá China nuestro ejemplo?".
En contrapartida, los países y las empresas que permanezcan con el statu quo tendrán que darse cuenta de que están en un callejón sin salida. Si no es que las compañías de energías fósiles se ponen a invertir ya en energías renovables, y esto a muy amplia escala, se volverán no competitivas en comparación con las otras, particularmente en Europa, ya encaminada por la vía de las energías renovables. Además, a menos que las corporaciones opuestas actualmente a cualquier iniciativa revisen su política, padecerán el peso de gastos ruinosos a causa de la agravación de la desestabilización climática. Si no se reconvierten, será por su cuenta y riesgo.

En realidad, la mayor parte de los desafíos no son técnicamente insuperables. En efecto, Estados Unidos ha sido tecnológicamente una de las naciones más adelantadas y más innovadoras; es por lo tanto absurdo decir que los americanos no sabrán desplegar todo su saber hacer para combatir el cambio climático...

CREACIÓN DE EMPLEOS

Otro argumento usado por los industriales es que el paso a una eco-nomía solar conduciría rápidamente a un aumento del desempleo. Las cosas podrían muy bien ser diferentes. En Estados Unidos, los informes muestran que la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí al 2010, de un 10% por debajo de los niveles de 1990 (debido a la expansión de los transportes públicos, el desarrollo rápido de las energías renovables y el aumento de los rendimientos energéticos), crearían 773.000 nuevos empleos y harían ahorrar a las familias 530 dólares por año en facturas de energía (16). Un estudio para la European Fundation for the Improvment of Living and Working conditions ha mostrado que la adopción de más eficientes tecnologías para el ahorro energético podría crear 500.000 empleos en la Unión Europea. Un estudio realizado por Amigos de la Tierra en Gran Bretaña muestra una ganancia de 130.000 empleos obtenidos después de la reducción de un 10% del tráfico de carretera por pasajero comparado con los niveles de 1990, y la reconversión al transporte público y a la bicicleta (18). Un estudio de la Unión Europea (17) ha calculado una ganancia de empleo de más de 500.000 puestos después de un aumento del 35,6% de km recorridos en ferrocarril por pasajero de aquí a 2010 y una disminución correspondiente de los km recorridos en carretera por pasajero de un 21,4%(19). Economistas del gobierno belga estiman que la tasa sobre la energía inicialmente propuesta por la Unión Europea (10 libras por barril) crearía en los mayores estados miembros de la UE 700.000 empleos (20). Un estudio del SAFE Alliance muestra asimismo que en Gran Bretaña, después de la reconversión a la agricultura biológica de una granja que utilizaba productos químicos, dicha hacienda ha conocido un aumento de un 60% del trabajo familiar no remunerado, de un 80% del trabajo a tiempo total, de un 100% del trabajo a tiempo parcial y de un 550 % del trabajo ocasional.

EL MULTIPLICADOR REAL DE SOLUCIONES

Sin embargo, hay que ser consciente de que este aumento de los empleos no puede ser posible en el contexto de una economía global dominada por unas corporaciones transnacionales muy automatizadas que practican economías de escala: su competitividad arruina a las pequeñas empresas, con excepción de los subcontratistas dominados por las transnacionales. En tal economía, las tasas de desempleo son inaceptablemente elevadas. Según el Institute for Policy Studies en Washington, las 200 corporaciones transnacionales más importantes controlan el 28% de la economía global y representan el 1% de los empleos (23). La masa de los empleos en Estados Unidos y en el mundo está asegurada por pequeñas y medianas empresas: lo que significa que, con el desarrollo de la economía global, el desempleo sólo podrá aumentar.
En la China de finales de los años setenta, se decidió crear numerosas pequeñas empresas para contener el éxodo rural, efecto inevitable de la globalización. En 1991, 19 millones de estas pequeñas empresas, una vez montadas, ofrecían 112 millones de nuevos empleos (24). Parece sin embargo poco probable que resistan a la mundialización, a menos que sean fuertemente subvencionadas como lo fueron las pequeñas granjas y comercios locales hasta hace poco en Japón.

Es en efecto en las regiones rurales más pobladas de los países del Sur, como China e India, que el desempleo golpeará más fuertemente. En un país como India, por ejemplo, al menos 600 millones de personas viven de la tierra: pequeños campesinos, pequeños tenderos, vendedores ambulantes y artesanos. Ninguno tiene porvenir con la industrialización del país: un gran número de ellos tendrá que agregarse al ya escandaloso número de personas que viven en las chabolas de los suburbios de las grandes megalópolis, donde el desempleo alcanza desde un 20 hasta un 30 %.

ECO-NOMÍA LOCAL

A fin de poder dar a los habitantes del planeta una vida digna de este nombre, no podemos hacer otra cosa que tomar un camino diferente, hacia una economía hecha de pequeñas y medianas empresas, débilmente tecnificadas, dirigidas a mercados principalmente locales, regionales y nacionales, mejor que seguir con una economía dominada por multinacionales diseñadas para un mercado mundial. Dicho de otra manera, tenemos que encaminarnos por la vía de una economía local y no global. Evidentemente es en esta dirección que debe adelantar nuestra sociedad si queremos reestabilizar el clima, dado que la mundialización aumenta de muchas maneras las emisiones de gases de efecto invernadero.

En efecto, tenemos que cambiar de vía para reducir la destrucción actual sin igual de nuestro medio ambiente. Porque, con el ritmo al cual, destruimos actualmente nuestras selvas, secamos nuestros pantanos, hacemos perecer nuestros corales, apisonamos, corroemos, salinizamos, desertificamos, alquitranamos nuestra tierra agrícola y contaminamos nuestros ríos, nuestros océanos, nuestra comida, nuestra agua y nuestro aire… Así, haremos rápidamente inhabitable este planeta, incluso sin cambio climático.

También debemos tomar esta vía nueva porque sólo una economía local puede suministrar una infraestructura económica que favorezca las fuentes de seguridad que son las familias y las comunidades. Actualmente, se tiene que contar con ellas, dado que los factores de seguridad como el empleo y la riqueza ya no son fiables. Además, la vida sólo puede reencontrar su sentido en el seno de familias y comunidades en las cuales los modelos culturales han asegurado tradicionalmente la cohesión de las sociedades. Esto nos salvaría del espantoso nihilismo actual propicio al crimen, a la delincuencia y a la desesperanza. Finalmente, es únicamente de esta manera que se establecerán las condiciones de una democracia real. Pues es sólo al nivel de la comunidad que las personas pueden hacerse escuchar y realizar sus deseos. La otra vía significa siempre más crecimiento bajo el yugo corporativista al precio del sacrificio de los imperativos humanos, sociales y ecológicos, en aras de los intereses financieros de las grandes empresas. En semejante mundo, no hay esperanza para la Humanidad ni para la vida misma.
La adopción del programa requerido para reequilibrar el clima no inducirá por lo tanto costes suplementarios, puesto que se revela ya indispensable para resolver la mayor parte de los problemas más importantes de la hora actual, insolubles de otra forma.

Edward Goldsmith
es el fundador de The Ecologist
Publicado en The Ecologist Enero 2004

NOTAS:

  • 1. Bill Hare, FossilFuels and Climate Protection: The Carbon Logic, Greenpeace.
  • 2. Declaration, World Energy Movement, Brookline, Mass, noviembre 1988, p.9.
  • 3. Alliance to save energy, federal energy subsidies: Energy, Environment and Fiscal Impacts, citado en Shelby, M. Shackleton, R., Shealy. M y Christofaro, A. The climate change implications of Eliminating US Energy (and related) Subsidies, 1994, p.4, citado en Small is Beautiful, Big is subsidised, autor principal Steven Gorelick, p.24 (ver infra).
  • 4. Gil Friend, Stranded Assets. Why can’t you find a capitalist around when you need one? The new bottom line The Strategic Perspectives on Business and Environment, vol.6, nº17, 1997.
  • 5. D.M.Roodman, Paying the piper: subsidies, Politics and the Environment. Worldwatch Paper nº133.
    Ver www.worldwatch.org
  • 6. Rothschild E.S,. Oil Imports, Taxpayers subsidies and the Petroleum Industry, Washington DC, Citizen Action, Mayo 1995, pp 9-11, citado en Small is Beautiful, Big is subsidised, ISEC. Ver infra.
  • 7. S. Gorelick, Small is Beautiful, Big is subsidised, ISEC, 1998. La traducción de este dossier fue publicada en varios números de Silence a partir del nº 252, enero 2000.
  • 8. Op. cit 7, p. 48.
  • 9. Op. cit, p 9.
  • 10. Op. cit.7,p 6.
  • 11. Michael Renner, Budgeting for disarmament, WorldWatch Paper 112, p.1O. cit7,p6
  • 12. Ibid, p.11.

 



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