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La deuda del tercer mundo: ¿quién debe perdonar a quién?
La deuda del tercer mundo: ¿quién debe perdonar a quién?
Autor: Basado en el libro Goodbye America! (Michael Rowbotham)
Area: Vida Sostenible » Sostenibilidad

Las instituciones de crédito internacionales y los países industrializados nunca han aceptado ninguna corresponsabilidad por las enormes deudas del tercer mundo.

Políticos, economistas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) afirman, a través de los medios de comunicación, que no todos los países pobres necesitan que se les condonen las deudas, ya que muchas son "sostenibles" y los llamados países pobres muy endeudados no pueden esperar la cancelación total porque su situación se debe principalmente a su propia corrupción y mala gestión económica, y a que no han sabido respetar las reglas del comercio internacional. Según este planteamiento, se deben condonar sólo las deudas "imposibles de pagar" para que la deuda se vuelva "sostenible", siempre con arreglo a las políticas económicas, sociales y medioambientales impuestas por el FMI y el BM. Según la opinión oficial, es lo mejor que pueden esperar los países pobres.

Los economistas y políticos no cuestionan las teorías neoclásicas sobre comercio internacional, desarrollo económico y crédito. Atribuyen la deuda crónica a la incompetencia de los países pobres. Sin embargo, la mera existencia de la colosal deuda de los países pobres es un indicio de la impropiedad de las teorías económicas.


Cómo se presta dinero al tercer mundo

El Banco Mundial obtiene el dinero que presta a los países en vías de desarrollo de los bancos comerciales, mediante la emisión y venta de bonos en los mercados monetarios. Los bancos comerciales compran los bonos del Banco Mundial en un proceso casi idéntico a la emisión y venta de bonos del Estado en España. Es decir, el dinero prestado procede del sistema bancario comercial, si bien los países pobres se endeudan con el Banco Mundial.

El FMI concede préstamos a los países en vías de desarrollo mediante un proceso más complejo. Cada país miembro del FMI debe aportar una cuota al fondo. El 25% de la cuota se aporta en oro y el resto en la moneda nacional del país. El FMI es una reserva internacional de dinero compuesta por las cuotas aportadas por la mayoría de los países del mundo. Los países miembro suelen financiar el 75% de sus cuotas mediante la emisión y venta de bonos, a cargo de la deuda pública. Es decir que, para aportar las cuotas, los países miembro se ven obligados a aumentar su déficit público. Al igual que con el Banco Mundial, los bancos comerciales compran los bonos del Estado emitidos y así suministran el dinero al FMI.

En 1979, el FMI obtuvo autorización para emitir préstamos directamente en forma de derechos especiales de giro (DEG), que funcionan como una moneda internacional y se definen en dólares. De esta manera, el FMI puede crear y emitir dinero de la misma forma que los bancos. El FMI también colabora con los bancos comerciales para conceder paquetes de préstamos formado por cuotas y préstamos bancarios directos.

En definitiva, los países pobres no reciben los préstamos de los países ricos sino de los bancos comerciales. La mayoría del importe endeudado se ha obtenido de los bancos directamente, o indirectamente a través del BM y el FMI. En realidad, más del 65% de la deuda del tercer mundo corresponde a préstamos obtenidos directamente del sistema bancario internacional.


Una deuda imposible de pagar e injusta

Entre los numerosos factores que han convertido la deuda de todos los países en vías de desarrollo en impagable, los más llamativos están relacionados directamente con la ideología del comercio libre. Casi una religión entre los economistas, las reglas del comercio libre establecen que los gobiernos no deben influir en el comercio mundial. Estas reglas han dado lugar a condiciones comerciales injustas para los países pobres, sin entrar en el debate respecto de las subvenciones que pagan los países ricos a sus propios sectores agrícolas, algo que claramente trasgrede las reglas del comercio libre. Además de estas ayudas, existen otros hechos que demuestran lo injustas que son las condiciones comerciales impuestas por el FMI y el BM.

Cuando conceden un préstamo, el FMI y el BM exigen que el país pobre adopte un modelo de desarrollo económico concreto, que consiste en pedir el préstamo, invertirlo, exportar los productos fabricados y luego devolver el préstamo. Es un modelo que depende totalmente del éxito de las exportaciones. Por ello, las condiciones comerciales, y sobre todo el precio de los productos exportados, son críticas.

Está claro que el modelo de desarrollo que imponen el FMI y el BM ha fracasado, y no es complicado entender el porqué. En los últimos cuarenta años los países pobres han aumentado su producción enormemente en términos materiales (volumen de exportaciones). Sin embargo, los precios de sus productos y materias primas han caído sin parar debido al poder de negociación de las grandes multinacionales y a la competencia inevitable entre los países pobres a la hora de exportar, entre otros factores. Esto significa que los países del tercer mundo han obtenido cada vez menos ingresos por los volúmenes exportados. Al tener que devolver los préstamos en dólares (u otra moneda fuerte), se ven obligados a exportar cada vez más para intentar obtener suficientes ingresos en dólares y así cumplir con los pagos de los préstamos.

Si esto sucediera en unos pocos países en vías de desarrollo, quizá el problema no sería tan grave, pero el BM y el FMI han aplicado el mismo modelo de desarrollo a un gran número de países pobres. Además, han autorizado proyectos de desarrollo en distintos países basados en muchos casos en las mismas materias primas y productos básicos. El resultado evidente ha sido un superávit de muchos productos del tercer mundo en los mercados internacionales, que se ha traducido en precios todavía más bajos.

La constante caída de precios se ha agravado por la continua depreciación de las monedas de los países en vías de desarrollo. Esto se ha debido, en parte, a una de las condiciones fundamentales impuestas por el FMI y el BM: la devaluación de la moneda para fomentar las exportaciones. Si la moneda vale menos los productos exportados cuestan menos para otros países, pero también hace falta exportar un mayor volumen de productos para obtener los mismos ingresos en dólares.


La balanza comercial física contra la balanza comercial financiera

Desde la conferencia de Bretton Woods, los países deudores han salido perdiendo en términos materiales. La balanza comercial real, que hace referencia a los productos físicos exportados e importados, está muy a favor de los países pobres. Desde estos países se han transferido enormes volúmenes de riqueza material debido al aumento continuo de exportaciones de materias primas, minerales y otros productos cada vez más infravalorados. Esto significa que, a pesar de que los países en vías de desarrollo no deben nada a ningún país o institución extranjera en términos físicos o materiales, su deuda financiera con los bancos comerciales y el FMI y el BM es impagable.


Perspectivas: una salida legal

Los países en vías de desarrollo tendrán que aunar fuerzas y ejercer una mayor presión si pretenden que los gobiernos de los países ricos tomen en consideración las políticas reformistas.

En términos legales, la deuda se formaliza mediante contrato y la ley contractual ordinaria establece que un contrato será nulo o podrá ser anulado por un tribunal si se demuestra que se firmó sin el pleno conocimiento de ambas partes. Los préstamos al tercer mundo son productos financieros y se rigen por las prácticas financieras comerciales. La falsedad de los hechos, actos u omisiones cometidos por una de las partes en detrimento de los intereses de la otra son causas válidas para obtener un remedio legal.

En el caso de la deuda del tercer mundo, los préstamos se concedieron bajo la suposición de que podrían ser devueltos. Los datos históricos y muchos estudios independientes demuestran que esto no es posible. El FMI y el BM ofrecieron los préstamos en el contexto de un modelo de desarrollo que impusieron como condición antes de concederlos. La prueba del fracaso de este modelo de desarrollo es la actual deuda de los países pobres.

El FMI y el BM tenían y tienen la responsabilidad (o, al menos, la corresponsabilidad) de evaluar sus propias actividades crediticias y de anticipar la caída de precios de las materias primas. Las dos instituciones aprobaron todos los proyectos y las correspondientes proyecciones financieras antes de conceder los préstamos, sin tener en cuenta el efecto de muchos proyectos de desarrollo similares en los precios de los productos del tercer mundo, ni el resultado de la continua devaluación de las monedas de los países pobres. Un factor adicional, y no menos importante, son las condiciones impuestas por el FMI y el BM que, obviamente, han beneficiado a los países ricos en detrimento de los países endeudados.

Ahora en el siglo XXI, las instituciones y los gobiernos han empezado a declarar que la deuda de cada país debe ser "sostenible", y que están dispuestos a condonar una parte de la deuda si el país deudor sigue sus reglas a rajatabla. En la práctica, una deuda sostenible sigue siendo una deuda, y los países pobres seguirán obligados a competir para conseguir ingresos internacionales mediante la exportación, en un contexto mundial dominado por la competencia en exportaciones. Además, las multinacionales continuarán aprovechando su poder de negociación ante gobiernos necesitados de ingresos.

En este estado de cosas, dado que los países pobres han pagados sus deudas con creces en términos materiales, parece evidente que la única solución justa sería la cancelación total de las deudas internacionales de los países en vías de desarrollo y la creación de un nuevo sistema comercial mundial que garantice la independencia económica de todos los países del mundo.

 

Publicado por:
Portal Noticias Positivas 2003


Bibliografía:
Goodbye America!
de Michael Rowbotham (2000, Jon Carpenter Publishing)

DATOS DE CONTACTO:
www.madrid.indymedia.org
www.zmag.org/spanish



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